Opinión Por Pedro Calvo Miercoles, 20 de Mayo de 2020

Defendamos el umbral de nuestros derechos

Miercoles, 20 de Mayo de 2020
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Toda historia tiene su inicio. Significó Napoleón III para las ciencias sociales, incluso en el análisis de Carlos Marx, el ejercicio del poder en estado de emergencia o excepción.  Dicta en 1860 un decreto: "tendiente a dar a las grandes instituciones del Estado una participación más directa en el gobierno".  Años antes, convertido en emperador, había afirmado: "la libertad no contribuye jamás a cimentar un edificio estable; lo único que logra es coronarlo cuando el tiempo lo ha consolidado". Para Napoleón III el sufragio popular y el plebiscito constituían los elementos esenciales de la democracia. Transforma como única misión del Poder Legislativo refrendar lo que ya había decidido el gobierno. O sea, un Congreso sin voz. Al mismo tiempo, se instituye en forma indefinida, una rigurosa censura de prensa. Se suspenden los periódicos independientes o poco adictos al gobierno, también importantes revistas literarias y científicas. Surgen casi en soledad, sufriendo la persecución del poder, voces como la de Víctor Hugo que denuncian el estado de emergencia. Releer la historia no sólo ofrece a la teoría un repertorio de ejemplos sino sirve más poderosamente como campo de experiencias y de puesta a prueba de representaciones del mundo. La historia es un laboratorio en actividad y la democracia, día a día en cada tiempo histórico, explora problemas a resolver. Analiza Pierre Rosanvallon al estado de emergencia como una de las formas que corroe y debilita a la democracia. Cuando se produce el atentado del 11 de septiembre en EEUU, sanciona el Congreso la denominada Acta Patriótica - USA PATRIOT ACT -, bajo normas provisorias de emergencia avanza sobre derechos y garantías constitucionales.  Asumió la República de Francia restricciones, luego de los atentados en Charlie Hebdo y Bataclán, que otorgan facultades al Estado sobre controles en Internet y en escuchas telefónicas. Asimismo, suspende el acuerdo de Schengen y reactualiza controles fronterizos. Consecuencia del Coronavirus hoy vivimos en un estado de emergencia de escala planetaria. Impensado salvo en películas de ciencia ficción de Hollywood. Su presente y sus consecuencias están poniendo a prueba la entereza de los sistemas democráticos. Tiene un costo la democracia: la obligación de explicar todo en la "arena pública", lo bueno que la sociedad entera vea y perciba lo difícil que le resulta a algunos explicarse. Desmontando las mentiras de líderes y gobiernos, grandes mentiras, que son muchas veces fabricadas distorsionando pequeñas verdades, de ahí su peligro. Líderes como Trump, Bolsonaro, Boris Johson, Erdogan, Orban, Maduro entre otros, buscan respuestas simples y falsas a problemas complejos. Cabalgando sobre mayorías electorales restringen, condicionan o debilitan el estado de derecho. Existe una disputa de ideas sobre dos visiones de entender la democracia: Kelsen vs Schmitt. Visión esta última que cree que los votos dan derechos sobre un sistema de libertades y derechos individuales. Vivimos un desafío transnacional que requiere respuestas transnacionales. Han reaccionado los organismos internacionales de forma lenta, dubitativa e insolidaria. Faltos de liderazgo y coordinación. Vale el ejemplo del G 20 en plena crisis del 2008, su respuesta en 2009 fue encabezada por Gordon Brown ex premier británico.  Hoy, conduce el G 20 el rey de Arabia Saudita -Salmán bin Abdulaziz- quien, por su edad, deja la responsabilidad en su hijo y príncipe heredero Mohammad bin Salmán. Cuya notoriedad internacional surge ante la desaparición y descuartizamiento de un periodista opositor. Incluso hay quienes pronostican un vencedor post pandemia: el estado autoritario -China-, con capacidad de disciplinar a la sociedad y hallar respuestas rápidas. Como contracara el Tribunal Constitucional Alemán defiende el derecho de manifestación pública, también en tiempos de pandemia.

Conscientes de nuestra fragilidad sacrificamos libertad a cambio de seguridad. En nuestro país frente a un Poder Ejecutivo que se puso al frente en la búsqueda de respuestas en la pandemia aparecen un Poder Legislativo y Judicial ausentes. Tomamos con naturalidad y/o resignación el aislamiento social y el cierre de fronteras. Escuchamos hablar del ciber control.  No podemos olvidar que la libertad de expresión es esencial al funcionamiento pleno de la democracia. Nadie puede dudar lo importante, como piloto de tormentas, que el Presidente de La Nación adquiera y fortalezca la confianza pública en su figura. Corresponde rescatar y valorar su convocatoria a quienes gobiernan sin distinción de colores políticos. Resaltar su amplitud democrática cuando cita a Raúl Alfonsín o a Sarmiento ante la Asamblea Legislativa. No son tiempos de oficialismos y opositores, estamos todos navegando en el mismo mar. Sí, hablar de mayorías y minorías. Ahí apuntamos que una mayoría circunstancial, que encabeza el presidente Alberto Fernández, tiene responsabilidad en garantizar el funcionamiento de las instituciones de la República y la Democracia. Tampoco pueden las minorías eludir su mandato de contralor, evaluador y supervisión. No puede el estado de emergencia aplastar al estado de derecho. Son la deliberación y el consenso principios legitimadores e irrenunciables de la democracia. Ante un cuadro de angustia e incertidumbre, con una profunda y brutal crisis económica y social, deben quienes tienen responsabilidades que les otorga la Constitución poner en marcha las instituciones que son el umbral de nuestros derechos.   

Pedro Calvo - Diputado Nacional (MC) Profesor Principios de DDHH y Derecho Constitucional UBA