Opinión Por Damián Gonzalez Farah Martes, 7 de Abril de 2020

Nuevas disputas en Coronalandia

Por Damián Gonzalez Farah, Economista, Magister en Defensa Nacional

Martes, 7 de Abril de 2020
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Hay algunos pensadores que creen que se producirá un retroceso en la ola globalizadora que tuvo preeminencia desde la caída del muro de Berlín hasta la actualidad, pero yo creo lo contrario. La disputa por la preeminencia en el Ciber Espacio (5G), es el escenario en el que viviremos en los próximos tiempos, más allá de que se vea restringido el comercio internacional de productos materiales. Esto será así, porque en realidad, la globalización no implica solo el intercambio de bienes, sino sobre todo el intercambio de servicios, culturales, educativos, financieros, comunicacionales, educativos, etc.

La complejidad del sistema, sobre todo desde la perspectiva de un país subdesarrollado, con corrupción endémica, un altísimo nivel de desigualdad y con castas políticas, empresariales y sindicales que han logrado construir una verdadera élite conservadora del statu quo; se constituye en un verdadero velo para observar la real proyección de poder de las potencias hacia cada uno de los habitantes de estas latitudes, en sus costumbres, consumos, gestos, etc. Todo ello, no tiene que ver solo con el intercambio de bienes materiales, sino sobre todo con el intercambio de servicios que van transformando las costumbres.  Luego, los productos materiales, podrán ser demandados y obtenidos o no, pero la cultura adquirida es lo que hace a la forma en que nos relacionamos, pensamos, opinamos, votamos, decidimos, etc.

Por otra parte, el miedo, como factor de control social, hará un trabajo fundamental a la hora de fluidificar el establecimiento de paradigmas de restricción de las libertades.  Porque la gente, en términos generales, está dispuesta a sacrificar grados de libertad en aras de la seguridad, o mejor dicho de la sensación de "seguridad", para ellos y su familia.

Son tiempos donde se requiere a nivel global, pero sobre todo en naciones como la nuestra, liderazgos con mayores niveles de formación, intelectual, ética, técnica, pero sobre todo filosófica.  Comprender los dilemas éticos y morales que atravesarán a la sociedad resulta fundamental, porque de ello se deriva la posibilidad de que podamos construir un capitalismo distinto, con mayores niveles de cooperación, con menores costos burocráticos y de contratos que encarecen las cadenas de valor, con mayor valor de la "palabra", con sanciones reales ante los incumplimientos, con mayores énfasis en la calidad y con la posibilidad de que ante una recesión brutal y una carencia enorme de capital para inversión que garantice el retroceso de la concentración de la riqueza, que en estos momentos favorece a los más poderosos.

Por esto, es que vivimos un momento esencial para que tales liderazgos sean docentes, generando las condiciones para que la ciudadanía se adapte de la mejor y más igualitaria forma a los cambios que se vienen, no dejando lugar a la cooptación del pensamiento masivo por parte de los medios de comunicación, que pueden responder a las corporaciones internacionales que poseen poder editorial sobre ellos.

El asociativismo, la cooperación, el intercambio de experiencias, deben transformarse en un capital trascendental para la elaboración y concreción de proyectos productivos, y el rol del Estado, podrá ser muy importante, poniendo en función la participación de los centros de pensamiento públicos en este desafío y la capacidad de inversión en proyectos estratégicos.  La diferencia reside, en que tenemos la posibilidad de que estos proyectos, puedan ser supervisados y controlados efectivamente por la ciudadanía.

Creo que todos los sectores se han dado cuenta de la necesidad del diseño de políticas públicas efectivas y del control de los recursos que ingresan y se gastan, sobre todo aquellos superfluos en momentos electorales.

Ahora bien, pensar en estos escenarios me llevaría varios cientos de carillas para desarrollar e interrogarme, pero si tuviéramos la posibilidad de debatir todas estas cuestiones, sobre todo un capitalismo y una política más ética, me surge una pregunta crucial: ¿la actual clase política, empresarial, sindical y ecuménica (de todos los colores) resulta creíble para producir los cambios que requiere este nuevo escenario?.  Hablo, especialmente de aquellos protagonistas que los medios de comunicación posicionan ante los ojos de la ciudadanía, porque sé muy bien que existen otros, que son muy capaces pero no tienen esa posibilidad, porque generalmente no están dispuestos a sacrificar ética por cargos.

Crisis también significa oportunidad.

Damián Gonzalez Farah
Economista
Magister en Defensa Nacional