Opinión Por Francisco Alfonsín Lunes, 23 de Marzo de 2020

Coronavirus: las sociedades y los líderes políticos bajo la lupa

Lunes, 23 de Marzo de 2020
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La propagación del Coronavirus a escala global nos permite hacer un análisis de como los gobiernos actúan frente a sus efectos, y por sobre todas las cosas poner el foco en las actitudes de los líderes políticos a la hora de gestionar la crisis y, a través de ello, hacer una introspección de como nos comportamos como sociedad.

Los líderes que actualmente llevan las riendas de los gobiernos en el medio de la crisis sanitaria, la incertidumbre y la psicosis social generalizada, fueron elegidos democráticamente por las sociedades de sus países. Razón por la cual el análisis valorativo de su comportamiento, ya sea por la positiva o por la negativa, de ninguna manera nos exime de responsabilidad a los ciudadanos que los elegimos justamente para que nos representen tanto en momentos de armonía, prosperidad económica y paz social, como así también en eventuales crisis sin precedentes como la que estamos viviendo. Sería un tremendo error ser indulgentes con nosotros mismos, aunque por supuesto resultaría más fácil echar culpas antes que asumir la responsabilidad de haber elegido a quien elegimos para que nos gobierne y las razones por las cuales lo hicimos.

En los últimos tiempos podemos observar la proliferación de liderazgos populistas, en algunos casos neofascistas sin complejos, como Trump en Estados Unidos, o Bolsonaro en Brasil, o el ascenso de la Liga Norte en Italia y de Vox en España. Y digo liderazgos con absoluto énfasis e intencionalidad, porque son movimientos que se desarrollan en el marco de la vigencia de un sistema democrático con todas las garantías que ello implica. Que estemos ante el ascenso de líderes neofascistas o que hasta incluso hayan llegado a lo más alto del poder no implica necesariamente que estemos ante un cambio de régimen o que estemos ante gobiernos dictatoriales. En todo caso nos enrostra a los demócratas nuestro fracaso, ante la falta de respuestas a problemas de alta complejidad. Cuando la política no da respuestas, o por lo menos no da las acertadas ante la crisis económica, la falta de trabajo, la inseguridad, la pobreza y la desigualdad, puede generarse un estado de desesperación que lleva a que las sociedades empiecen a tener oídos ante propuestas de raigambre autoritaria que nunca creímos que podrían volver a calar hondo, y que si las pensamos usando nuestro raciocinio en todas sus facultades nos parecerían absurdas o delirantes.

Cuando Trump se refiera al virus que está poniendo en jaque al mundo entero como "Chinesevirus" está apelando a que los americanos identifiquen un nuevo enemigo a quien poder culpar y quitar el foco de su pésima reacción frente a la crisis. Es más fácil alimentar sentimientos xenófobos que buscar argumentos y respuestas en el conocimiento científico. Lo mismo ocurre con Bolsonaro en Brasil cuando trata de mostrarse imbatible ante la pandemia, llamando a un virus que está demostrando que no deja a nadie inmune "gripecita", y llevando a todo un país a responder de manera tardía con los riesgos que ello implica.

 Una crisis generada por una pandemia nos coloca a todos y los gobiernos en particular como encargados de gestionarla, frente a un enemigo nuevo, incierto, de cuyo alcance desconocemos, para el cual evidentemente no estamos preparados y por tanto es absolutamente entendible que ningún gobierno lo esté del todo. Es por esto que, actitudes como las de ciertos dirigentes del Partido Popular de España, que cada vez parecen más dirigentes de Vox, lo único que demuestran es su intención de sacar provecho en situaciones donde lo que hace falta es búsqueda de consensos y lealtad de estado para que las instituciones puedan trabajar articuladamente a la hora de hacer frente al virus. Más aún cuando lo que está quedando demostrado en esta crisis es justamente que los recortes al sistema de salud pública que los partidos de derecha pregonaban en sus campañas, hubieran sido catastróficos para ganarle la batalla al Covid19.

También merece ser mencionado el caso de Andrés Manuel López Obrador en México. Hombre que era señalado por muchos como la esperanza de la izquierda democrática en Latinoamérica decepciona hasta a los propios por estos días actuando ante la pandemia con una postura negadora que resulta ridícula. Gran parte de la población a nivel mundial se está manteniendo confinada en sus casas, con las consecuencias que ello implica en términos económicos, sociales, y psicológicos para los individuos que nos mantenemos aislados, ¿Qué le hará pensar a AMLO que México pueda estar a salvo de una pandemia?

En Argentina al revés de lo que ocurre en otras partes del mundo y al contrario de lo que estamos acostumbrados, entusiasma la reacción de las instituciones y de nuestros principales líderes. Asombra gratamente ver a oficialismo y oposición trabajando en conjunto. Ver al gobierno respondiendo a tiempo y atinadamente, y como contrapartida una oposición responsable y solidaria dispuesta a tender la mano al gobierno para afrontar la crisis habla del sentido de responsabilidad de ambas partes. Muy probablemente este escenario de cooperación no hubiera sido posible si quienes estuvieran al frente de esta crisis fueran liderazgos divisorios y agrietantes. Deberíamos los argentinos tomar nota del escenario político que solo una crisis está siendo capaz de reformular para que no quede en una foto, sino que pueda perdurar en el tiempo y que comience a normalizarse el sistema político argentino bajo parámetros institucionales, democráticos y plurales.

Pero volviendo al planteo del inicio la cuestión clave a reflexionar es, ¿por qué las sociedades toleran comportamientos como los de Bolsonaro y Trump?, ¿por qué si las elecciones en Estados Unidos y en Brasil fueran hoy podrían perfectamente volver a ganar?  Más que ahondar en descripciones profundas -si las hubiera- para dos líderes elementales, irresponsables y racistas, es necesario encontrarle una explicación a por qué gran parte de la sociedad los acompañó en su momento en las elecciones, y por que estaría dispuesta a volver acompañarlos aun cuando ellos no ocultan sus posicionamientos ni disimulan su extremismo. No pretendo tener una respuesta para ello, pero sí poder reflexionar acerca de la importancia que tiene para la democracia volver a la política para fortalecerla y que pueda a hacerle frente a los problemas complejos que atraviesan las sociedades a escala global, dejándole absolutamente reducido el margen de acción a los líderes o movimientos antipolíticos que sacan provecho de la exasperación de los ciudadanos apelando a los sentimientos más bajos que pueda tener un ser humano. Es difícil encontrar una explicación racional a porqué muchos tienden a abrazarse a liderazgos tan desprovistos de razón, de apego al conocimiento científico o de aptitudes para el ejercicio del gobierno, pero lo que debemos entender para poder enfrentarlos con éxito es que quizás cuando las sociedades no encuentran una respuesta a sus problemas dentro del sistema democrático, van a la búsqueda desesperada en los márgenes extremos del mismo. Caeríamos en un error si identificáramos a todos los votantes de Trump o de Bolsonaro con los mismos calificativos que les caben a ellos. Los eligen porque no encuentran una respuesta dentro de la política democrática, o porque en momentos de desesperación es más digerible su discurso que uno que necesariamente tenga que ser acompañado de argumentos.

Y por último también es necesario preguntarse si la crisis del Coronavirus puede contribuir a cambiar el mapa político y volver a un mundo menos individualista y más cooperativo, más igualitario y en donde la política sea la que articule los diferentes intereses que coexisten en una sociedad. La enormidad de las consecuencias en materia económica y social que nos dejará la pandemia a nivel global nos da un indicio de que algo puede cambiar. La cuestión es si nos hará recluirnos en nuestros intereses individuales, si va a reforzar los nacionalismos, y el sálvese quien pueda, o si, por el contrario, podemos lograr transformar las consecuencias de la crisis en una oportunidad para ir hacia un mundo más igualitario, más cooperativo, más integrado y con estados fuertes capacitados para sobrellevar las contingencias. En alguna medida, por más pequeña que sea, depende de todos. Hagamos nuestra parte.

Por Francisco Alfonsín