Opinión Por Jorge Cuello Lunes, 26 de Agosto de 2019

Es necesario superar la grieta haciendo cumplir la Constitución Nacional

Reflexiones y anécdotas junto a Raúl Alfonsín a 25 años de la jura de la Constitución Nacional reformada en 1994.

Lunes, 26 de Agosto de 2019
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Por Jorge Cuello (*) 

Hace 25 años atrás, unos 302 Convencionales Constituyentes de todas las provincias de nuestro país se disponían a jurar en el recinto del palacio de San José en la provincia de Entre Ríos la nueva Constitución Nacional que establecería para los tiempos los derechos y obligaciones de los ciudadanos y las autoridades públicas, así como también las reglas básicas de la organización y funcionamiento del estado argentino.

De esta forma, tras tres largos meses de intensos trabajos y debates en el recinto de la Convención Nacional Constituyente que funcionaba en las instalaciones del recinto del Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral en la ciudad de Santa Fe, el 24 de agosto de 1994 los representantes elegidos por el voto de la ciudadanía de diferentes fuerzas y procedencias ideológicas que estaban nucleados en 19 bloques partidarios, consumaban tal vez el hecho histórico más trascendente de los últimos años.

Y esa trascendencia obedece al hecho político que significó que por primera vez los argentinos pudiéramos sentar las bases de nuestra organización nacional a través de un gran acuerdo político que se gestó con el Pacto de Olivos firmado entre Raúl Alfonsín y Carlos Menem; continuó con la posterior ratificación por los órganos máximos de la UCR y el PJ; luego el Congreso Nacional declaró la ley de necesidad de la reforma y el 10 de abril la ciudadanía eligió a los constituyentes que se abocarían a actualizar y modernizar nuestra norma fundamental.

Y todos esos sucesos y acontecimientos se llevaron a cabo en no más de un año, desde que en noviembre de 1993 tomó al menos estado público en la prensa nacional el acuerdo entre los dos líderes políticos de esos momentos y la posterior jura a fines de agosto del año siguiente que fuera recordado en estos días en un acto con la presencia del presidente Macri y un gran número de convencionales en el museo que recuerda aquel acontecimiento histórico y que funciona actualmente en la ciudad de Santa Fe, la cuna de la Constitución Nacional.

Pero más allá de este recorrido histórico, lo importante es señalar en momentos en donde la grieta parece marcar el rumbo de los acontecimientos políticos y económicos en nuestro país, que los acuerdos y consensos políticos, a los cuales se llega por lo general tras intensos debates y discusiones entre personas que piensan diferente, permiten en determinadas circunstancias dar un paso adelante para superar el estado de confrontación permanente.

En el caso en análisis, lo cierto es que el hombre que trajo a la Argentina la consolidación del sistema democrático en 1983 y su sucesor en el cargo de presidente de la Nación, sellaron un acuerdo junto a otras figuras del acontecer político nacional que luego culminço con la jura de casi todo el arco político representado en la Convención Constituyente.

En el caso de Alfonsín, el interés estaba dado por concretar la reforma que había anunciado en 1984 ante la asamblea legislativa al inaugurar el primer periodo de sesiones del congreso tras la recuperación de la democracia que luego fuera impulsada sin éxito durante su mandato presidencial para modernizar las estructuras de un estado que había sido pensado y diseñado casi 150 años atrás y poder incorporar muchos derechos que la nueva república democrática debía garantizar. 

Y en el caso del presidente Menem, notaria era la vocación reeleccionista que motivaba el impulso de una reforma constitucional que lo habilitara para poder presentarse nuevamente como candidato a presidente, cosa que luego efectivamente sucedió cuando en 1995 una amplia mayoría social acompañó su reelección en las urnas al caudillo del interior que años antes había sido gobernador de la provincia de La Rioja.

Pero a modo de anécdota, recuerdo la vez que Alfonsín nos atendió junto a una amiga y compañera de la militancia estudiantil y partidaria con la cual ni siquiera habíamos terminado el colegio secundario tras tocar el timbre de su casa en Chascomús a fines de diciembre de 1993, aprovechando la presencia del ex presidente tal como lo hacía todos los años cuando llegaban las fiestas y se instalaba unos cuantos días en su ciudad natal para reencontrarse con su pueblo, su familia, sus correligionarios y opositores, en un entorno de calles de empedrado, viejas y antiguas casonas en las infaltables citas y reuniones con sus amigos en las largas cenas o tardes en el Club de Regatas para contemplar los atardeceres a la vera de la orilla de la laguna.

Al ser atendidos en el living de su casa, le preguntamos cuáles habían sido las razones que lo habían impulsado a tomar la determinación de pactar con su adversario político. Y entre otras cosas, recuerdo que nos dijo que no solo la coyuntura política le iba a permitir al oficialismo avanzar con la reforma y habilitar la reelección presidencial sino que se corría el riesgo de que se constitucionalicen los preceptos y concepciones neoliberales establecidas en el Consenso de Washington.

Esta corriente de pensamiento imperante en nuestro país y que había sido diseñada para ser aplicada como alumnos ejemplares en las frágiles y recientes democracias emergentes de toda América Latina durante la década del noventa, era la responsable de las políticas de ajuste, achicamiento del estado y el proceso de privatizaciones en toda la región. Y señaló que las constituciones como tienen el objetivo de perdurar y marcar para los tiempos los grandes lineamientos de una Nación, no podíamos permitir que esa ideología impregne y condicione para el futuro la política argentina, debiendo ponerle un límite a esa posibilidad.

Al culminar el encuentro, nos comprometimos con Alfonsín a acompañar su iniciativa y militar como se dice en la jerga política, la campaña de convencionales constituyentes, convencidos que estábamos contribuyendo desde nuestro lugar de participación política a un hecho trascendente. Y con un grupo de jóvenes que estábamos reorganizando la Juventud Radical de Chascomús decidimos ocupamos en nuestra ciudad de la difícil tarea que significaba explicarle a la sociedad por qué acompañábamos una reforma constitucional acordada con el oficialismo gobernante, al cual veníamos enfrentando en el terreno de las ideas y en las batallas políticas que a diario marcaron aquellos años en la Argentina.

El esfuerzo personal de Alfonsín para explicar a propios y extraños de los beneficios del acuerdo alcanzado con Menem y que recogía gran parte de las propuestas que el Consejo para la Consolidación de la Democracia presidido por el filósofo del derecho Carlos Nino había elaborado durante su gobierno -incluso en aras de sacrificar su propio prestigio personal- pusieron a prueba una vez más la vocación cívica y democrática del ex presidente nacido en Chascomús.

Y el resultado final de ese acuerdo, pudo concretarse por los debates y el trabajo realizado por todos los convencionales constituyentes y asesores técnicos, los acuerdos alcanzados por las distintas fuerzas políticas allí representadas y la movilización y participación de diferentes sectores de la sociedad que fueron consultados y participaron en las comisiones de trabajo de la convención reformadora.

Sin dudas la nueva constitución produjo un gran avance en materia de protección de los derechos humanos tras otorgarle reconocimiento constitucional a una serie de tratados internacionales incorporados a nuestro derecho interno, así como también nuevos derechos y garantías que protegen a los consumidores y el medio ambiente. A ello se suma, un conjunto de institutos procesales como la acción de amparo para proteger los derechos antes señalados en los estrados judiciales frente a hechos u omisiones de las autoridades o los particulares, así como también la acción de habeas data y habeas corpus, que permiten saber cuál es la información personal que el estado posee de cada uno de nosotros o el paradero o estado de detención de las personas que están restringidas de su libertad.

Además de una serie de reformas institucionales como la autonomía de la ciudad de Buenos Aires y la elección por parte de la ciudadanía de su jefe de gobierno, facultad antes reservada al Poder Ejecutivo Nacional, la elección directa del presidente de los argentinos acortando de 6 a 4 años su mandato y suplantando al antiguo colegio electoral o bien la incorporación de un tercer senador por cada provincia para garantizar una mayor pluralidad de voces y representación política en el Senado Nacional. 

En fin, más allá de estas y otras tantas reformas que significaron un importante avance para nuestro país, lo cierto es que todavía queda mucho por hacer para lograr un cumplimiento efectivo del texto constitucional. Y como sostenía un profesor de derecho constitucional de la UBA, para que la constitución se pueda hacer carne en el cuerpo de cada una de las personas que habita el suelo argentino y el funcionamiento institucional del estado promueva un desarrollo integral de nuestro país, se necesitan más acuerdos políticos.

A 25 años de aquella convención, en la cual tuve la posibilidad de estar presente durante dos semanas presenciando debates y dialogando con los convencionales de casi todo al arco político, traigo a cuento aquel domingo de finales de agosto de 1994 en el que nuevamente tuve la oportunidad de volver a encontrarme con Raúl Alfonsín en la puerta de su casa de Chascomús, adonde volvió para descansar tras tres largos intensos meses en los que no se movió de Santa Fe a excepción del día que se trasladó a Buenos Aires por el atentado sufrido ese año en la AMIA y el acto de la jura en el Palacio de San José en la Provincia de Entre Ríos.

Al bajarse del auto, me dijo que entrara a su casa porque tenía que hacerme un regalo. En su escritorio nos sentamos frente a frente y tras levantar con su mano un libro verde con filamentos dorados me dijo: "Esto es una réplica del ejemplar que nos daban a los constituyentes luego de jurar la nueva Constitución". Y tras estampar su firma y dedicatoria me dijo: "Yo te la quería regalar a vos y decirte que en política tenés que tener presente que el programa debe ser siempre la Constitución Nacional".

Aquel acontecimiento tan importante de la vida nacional que estamos recordando, debe ser asumido con el sentido de la ética de la responsabilidad que las actuales circunstancias nos exigen, debiendo trabajar juntos para superar la actual antinomia en la que estamos sumergidos y poder constituir la unión nacional que necesitamos los argentinos con el objetivo de cumplir con el mandato histórico de los constituyentes de 1994 haciendo carne en el pueblo su letra y texto normativo a través de los acuerdos y consensos políticos esenciales necesarios que nos permitan soñar, proyectar y construir un futuro mejor para las actuales y futuras generaciones de argentinos.

(*) Abogado y docente de la UBA / UNSAM. Ex presidente de la Juventud Radical y el Comité de la UCR de Chascomús