Opinión Por Alejo Tomás Rios Viernes, 17 de Mayo de 2019

Receta para una ideología Moribunda

La falta de conciencia y de memoria política es nuestra peor enfermedad. Pero tenemos la posibilidad, en estos días de definiciones, de hacernos cargo de la historia y de nuestros errores. Y derrotar este virus.

Viernes, 17 de Mayo de 2019
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¿Qué es ese color innato que invade nuestras entrañas, nuestras banderas y nuestros locales? ¿Y qué apañe nuestras ideas?  

Ese color se pega como los musgos a las rocas y parece difícil sacarlo de donde se preste. Apareció en un costado, y en un abrir y cerrar de ojos, empezó a teñir las paredes de nuestros comités hasta coparlos por completo. El color nos nubló todo y cegó nuestra visión de la vida y de la realidad imperante. Este sujeto es el amarillo.

Ahora bien, les propongo imaginarnos como un cuerpo humano y los invito a ver a este color como una fiebre amarilla que nos invade. Esta fiebre apareció hace cuatro años ya, y en vez de suprimirla, apostamos a convivir con ella. Hasta pensamos en enamorarnos de la misma. En el mientras tanto, la fiebre copaba nuestros órganos, nuestras extremidades y brazos; hasta llegar al cerebro. Donde copó nuestro centro neuronal y nos paralizó. A consecuencia de los sucesos precedentes, empezamos a levantar fiebre y esta, nos impedía pensar. Algunos glóbulos blancos buscaban actuar contra lo que se avecinaba, pero la fiebre, de cama nos había dejado. Nos postró por completo.

La muerte parecía próxima ya que las esperanzas parecían pocas. Es entonces cuando los juicios lo copan todo, y los mismos nos obligan a formularnos si la culpa de los hechos es completamente nuestra o de la malaria en sí misma. La conclusión que podemos argumentar es que no le podemos echar la culpa a la cobra; si no que la culpa reside en quien colocó a la misma cobra ahí. Quienes han decidido en no tomar la medicina hemos sido nosotros mismos. Los mismos que han ignorado el peligro inminente. La falta de conciencia y de memoria política es nuestra peor enfermedad. Las causantes de nuestras bajas defensas nos plantean al resto de los sucesos como puras consecuencias.

Esto fue y es lo que nos pasó. Dejamos pasar la fiebre y ella nos manejó. Ocupó nuestra opinión y nos arrebató la voz. Pero repito, con fuerte énfasis, nos callamos a nosotros mismos.

La siguiente pregunta es “¿qué nos hace todavía respirar?”. Esa es la pregunta del presente y la esperanza del futuro. La conclusión reside a que lo que todavía hace respirar este cuerpo de 125 años de historia, es el corazón. Ese órgano todavía da pelea y sigue resistiendo ¿Quién sabe por qué? Esa pregunta hace eco hoy en el universo político. Ese corazón puede representar muchas cosas que convergen en la esfera interna del radicalismo. 

Pero en este caso, los invito a pensar que ese lugar sea protagonizado por quienes lucharon y luchan actualmente por un proyecto mamado desde nuestras propias ideas. Ese lugar lo tienen, quienes siguen a las ideas como motor de coherencia y construcción política. La juventud es parte de ese lugar, pero la misma debe hacerse del control de ese eslabón y encaminar este proceso de reconciliación ideológica. El mismo nos debe conducir a una purificación de esta peste que nos ataca. El trayecto debe ser acompañado de quienes, en los momentos de real oscurantismo político, han elegido esta personería denominada “Radicalismo” como la herramienta para llevar a una construcción de una alternativa sólida para la sociedad.

En cierto punto del análisis, podemos afirmar que la receta para sanear los males que nos acontecen, está adentro de nosotros mismos. Tenemos la posibilidad, en estos días de definiciones, de hacernos cargo de la historia y de nuestros errores. Para derrotar este virus interno en el cual “orgánicamente” hemos decidido sucumbir. Salgamos a competir, para que, de una vez por todas, entendamos y seamos conscientes del compromiso histórico que tenemos con la sociedad en su conjunto. Esto último, debe interpretarse como una demostración a la comunidad; de que la política sigue siendo la solución a los problemas que nos afligen.

Es tiempo de reimaginar y repensar la política desde otra batería de contenidos, para que de ese modo entendamos los tiempos que corren. Tiempos de cambio en la sociedad civil, de concientización de nuestro medio ambiente; para un futuro con mayor margen de importancia de lo ecológico como respuesta a los cambios voraces de nuestra naturaleza. Tiempo de empoderamiento de las mujeres, época de renovación de nuestra anticuada sociedad. Esa renovación y Re-imaginación de nuestra realidad es el camino para el desarrollo más expansivo que necesita nuestro país.

La receta está en la mesa, es tiempo del debate ¿Hacemos que pase?

Por Alejo Tomás Rios (Secretario de Mesa Directiva de la JR Capital)