Sociedad Maltrato animal Jueves, 3 de Mayo de 2018

Esperando a los gusanos

La difusión de imágenes de una potranca del campo de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNLP, cuyo seno frontal fue literalmente comido por gusanos, es el disparador para que el periodista Pablo Galeano analice el estado de abandono que padecen los animales a cargo de instituciones educativas, y las posibles medidas a aplicar.

Jueves, 3 de Mayo de 2018

La letra de ‘Waiting for the Worms’ (Esperando a los gusanos) de Pink Floyd, entre otras cosas describe el terrible estado de espera de un hombre que, “sentado detrás de su muro”, “espera en perfecto aislamiento” la “llegada de los gusanos” porque, para él, “se acabó el mundo”. El tema de Roger Waters podría ser el elegido para musicalizar una escena que ocurre en un campo que comparten la Universidad Nacional de la Plata y la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, donde una potranca de 5 meses ha perdido media cabeza comida por los gusanos. Su seno frontal está destruido. Los músculos fueron comidos y los gusanos atravesaron el seno frontal, que es el espacio aéreo de doble pared externa e interna que protege el encéfalo. En otras palabras, perdió media cara. Un ojo y una oreja del animal, ya son historia. Su expectativa de vida, en estas condiciones, ronda entre una y cuatro semanas producto de una encefalitis infecciosa. Durante esa espera de dolor, las secuelas pueden ser ceguera, convulsiones y falta de coordinación, por mencionar algunas.


Al horror que la imagen provoca a quienes toman contacto visual con el animal, también se suma la indignación que sienten cuando se aporta un nuevo dato: tal cuadro de situación ocurre en campos universitarios que utiliza la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNLP. Y el animal herido es parte del staff de equinos utilizados para explicar a los alumnos los asuntos relacionados con la reproducción animal, materia dictada por la Cátedra de Reproducción Animal, módulo 4 Área Equinos, según detalla la propia página web de la institución.

Las preguntas sobran: ¿Quién debe controlar la salud de estos caballos? ¿Se trata de un caso de impericia o negligencia? ¿La responsabilidad es del decanato de la Facultad? ¿Existen más animales en este estado? ¿Cuál es la explicación que darán las autoridades de la casa de altos estudios frente a este hecho? ¿Cómo impactará esto en la comunidad veterinaria?


La UNLP podría tener que afrontar una denuncia penal por maltrato animal, ya que la Ley Penal Nacional 14346/54 castiga conductas contra animales. El texto normativo detalla en su artículo 1º que “será reprimido con prisión de 15 días a un año, el que infringiere malos tratos (…) a los animales”. Y explica a continuación que, entre otros, es considerado acto de maltrato “abandonar a sus propios medios a los animales utilizados en experimentaciones”.

Quien podría tomar cartas en el asunto es el flamante fiscal a cargo de las causas por maltrato animal, Marcelo Romero, titular de la Unidad Funcional de Instrucción Nº 6 de La Plata, ya que es el responsable de hacer cumplir la ley de protección animal y de ejercer acciones penales contra los agresores.

En la disposición que designa a Romero como fiscal a cargo de estas cuestiones, se aclara que se tuvo en cuenta que “en el último tiempo, la propagación de las concepciones animalistas, ecologistas y ambientalistas vienen exigiendo un cambio que recepte los principios proclamados por la Declaración Universal de los Derechos del Animal, aprobada por la ONU y proclamada en 1978 en París”.


También existe gran expectativa con respecto a cuál será la actuación del tribunal del Colegio de Médicos Veterinarios de la Provincia de Buenos Aires, que debe velar por la buena conducta y ejercicio de la profesión. Y se supone que la Facultad de Ciencias Veterinarias es la responsable de la formación de futuros profesionales en el arte de curar. El abandono, más en este caso de maltrato de alta escuela, es una falta grave que puede ser castigada con una suspensión o hasta la pérdida de la matrícula.

La mejor forma de no llegar a esas situaciones límites no radica en aplicar la Ley. Porque la justicia llega, si llega, cuando hay una injusticia. La clave existe desde hace más de dos mil años cuando la medicina occidental y árabe empezó a utilizar un juramento basado en las ideas del médico griego Hipócrates (siglo V a.C.). Un juramento que es considerado como un rito de pasaje o iniciación después de la graduación, y previo al ingreso a la práctica profesional de la medicina. Y que sirve de base para otros juramentos y leyes similares que definen las buenas prácticas y morales médicas. De hecho, los veterinarios realizan un juramento hipocrático: un compromiso público antes de iniciarse, fundamentado en la responsabilidad y conciencia que debe orientar la práctica de la ciencia y el arte de curar. “Juro que cumpliré con honradez y seriedad todas las finalidades de mi profesión. Trataré por cuantos medios científicos estén a mi alcance, de proteger la vida de los animales, así como evitaré el sufrimiento innecesario de los mismos”, reza.

Por Pablo Galeano, periodista

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