Sociedad Ciudad Lunes, 23 de Mayo de 2016

Ciudad

A ocho décadas de la inauguración del Obelisco, planifican la restauración del histórico monumento

Escenario de los momentos más importantes del país, el Obelisco será restaurado y pintado, por un convenio firmado entre el Ministerio de Ambiente de la Ciudad y la Cámara de Empresarios Pintores y de Restauración. Fue construido en 1936, y en 1939 estuvo al límite de ser demolido por decisión del Concejo Deliberante.

Buenos Aires celebra los 80 años del Obelisco.

Hace 80 años se inauguraba el monumento más representativo de la Ciudad de Buenos Aires: el Obelisco. Emplazado en la Plaza de la República, en la intersección de las avenidas Corrientes y 9 de Julio, fue escenario de festejos multitudinarios como también de reclamos históricos y masivas movilizaciones.

En su octogenario aniversario, el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad firmó un convenio con la Cámara de Empresarios Pintores y de Restauraciones Afines de la República Argentina (CEPRARA) para restaurar y pintar el inconfundible símbolo porteño. Se le realizarán tareas de limpieza como hidrolavados para eliminar restos de resuduos orgánicos e inorgánicos, remoción de musgos y líquenes, y se quitarán las partes de revoque flojo. Luego, será pintado con varias capas de pintura de látex acrílico, hasta llegar a un espesor de pintura de 90 micrones del característico color "Piedra París". En total, se utilizarán 380 litros de pintura exterior.

Hoy se planifican refacciones para su conservación, pero muy distinto fue el escenario poco años después de su emplazamiento en el centro de la Ciudad, cuando al promediar su tercer aniversario y habiéndosele desprendido algunas de las placas que lo recubrían, el Concejo propuso su demolición. Fue en 1939, con 23 votos a favor y tres en contra, pero la ordenanza fue anulada por el intendente, Arturo Goyeneche, que prefirió quitarle todas las placas y mantenerlo en pie.

En aquella época, la mole hueca de 67,5 metros, diseñada por el arquitecto tucumano Alberto Prebisch, generaba polémica. Su ubicación, sus medidas y su estética racionalista despertaban quejas e ironías. Los diarios de la época la llamaban "armatoste sin sentido" y "bodrio en perspectiva", mientras que en las calles se la apodaba "pisapapeles de acero y cemento", "punzón" o "estaca".

Su construcción fue acordada por el parlamento porteño en 1936, al disponerse erigir un monumento que reflejara el espíritu progresista para celebrar los 400 años de la fundación de Buenos Aires. La construcción de la obra estuvo a cargo de Siemens Bauunion, costó 200 mil pesos de la época, y gracias al trabajo de 150 obreros, se levantó en sólo 31 días.

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