Opinión Por Francisco Alfonsín Martes, 30 de Abril de 2019

España: Una esperanza contra la corriente

En el medio de la ola global de populismos, nacionalismos, y liderazgos autoritarios, en las elecciones generales de España se impuso el socialista Pedro Sánchez, expresión de una izquierda democrática y moderna que logra relegitimar a la socialdemocracia europea.

Martes, 30 de Abril de 2019
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Independientemente de donde nos situemos geográficamente podemos observar cada vez con más frecuencia el crecimiento de los movimientos populistas, liderazgos de profunda matriz autoritaria, xenófobos, o nacionalistas. En un mundo complejo y diverso, las sociedades tienden paradójicamente  a cerrarse y abroquelarse en posiciones políticas muchas veces movidas más por el sentimiento – inducido – que por la razón, ante lo que pueden ver, en algunos casos como una amenaza a su identidad, o en otros simplemente en busca de “refugio” o de un “salvador” en momentos de crisis económica y social, como así también a modo de respuesta a grandes desilusiones, que llevan a la exasperación. Esto lo podemos ver a modo de ejemplo,  en el impactante  triunfo de Bolsonaro en Brasil, en el crecimiento de Marine Le Pen en Francia, en la llegada al gobierno de la Liga Norte en Italia, en el Brexit en Reino Unido y por supuesto, en los Estados Unidos de Donald Trump.  Si bien son fenómenos singulares y diferentes entre sí, todos tienen en común la tentación populista de apelar  a los sentimientos más bajos de una sociedad para llegar o mantenerse en el poder.

Luego de la elección al parlamento autonómico en Andalucía, en donde VOX, un partido de ultraderecha sin complejos, se incorpora con fuerza a la vida política institucional de España, muchos creían que en las elecciones generales del 28 de abril podría generarse un escenario similar a nivel nacional, llevando al gobierno a una alianza tripartita que uniera al Partido Popular (PP), a Ciudadanos (C´s) y  a VOX.  Alquimia peligrosa que junta a la clásica derecha española, a los que surgieron a la vida pública como los “liberales”, y a un movimiento de extrema derecha que no tiene tapujos ni para reivindicar a Franco, proponer la reconquista de España, o bien oponerse a las políticas contra la violencia de género. Pero a contramano de lo que algunos creían que podía pasar y contra la corriente que predomina en diferentes latitudes del mundo, el 28 de abril se impuso con claridad el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), sumando 123 escaños que si bien son insuficientes para formar gobierno, perfilan al candidato socialista y actual Presidente de Gobierno,  Pedro Sánchez, con buenas perspectivas para tejer los pactos necesarios para lograrlo, sumando el apoyo de PODEMOS, el Partido Nacionalista Vasco (PNV), y otras fuerzas locales.

La victoria de Pedro Sánchez en España prende una luz de esperanza para relegitimar a la Socialdemocracia europea en un escenario político global en donde hasta el 28 de abril parecía que ya no había oídos en las sociedades para una izquierda democrática que apele a la diversidad como un valor, que tenga como eje de campaña un discurso basado en la igualdad y en la búsqueda de la justicia social, que proponga al diálogo para la solución de los complejos conflictos territoriales que azotan al país a partir del proceso independentista catalán, y que a su vez demuestre un fuerte apego por la Constitución y la institucionalidad democrática en lugar de ofrecer soluciones mágicas, o las  respuestas simplistas que suelen monopolizar el debate público.

La sociedad española el domingo votó por todo ello. Conformó con su voto un escenario político en donde le otorga la responsabilidad de gobernar a un partido político constitucionalista con un programa de gobierno progresista, que obliga a las fuerzas políticas a dialogar y a la construcción de consensos, y que propenda a la vía de la solución política de los conflictos territoriales.  Es un alivio ante el riesgo latente del crecimiento de los movimientos de extrema derecha sin lugar a dudas, pero por sobre todas las cosas es necesario observar el nuevo escenario político español como una oportunidad para revalidar el proyecto de la socialdemocracia europea como un modelo que puede ganar elecciones y que pueda llevar adelante un gobierno exitoso como ya lo hace en Portugal.

Resulta necesario destacar también a qué le dio la espalda la sociedad española. Vox irrumpe en el escenario político nacional con 24 Diputados, mucho menos de los esperado, el Partido Popular cae de 137 escaños que obtuvo en 2016 a la peor performance de su historia obteniendo solo 66 diputados, y Ciudadanos crece en el espectro de la centroderecha obteniendo 59 escaños, pero no le alcanza para erigirse como primer partido de la oposición. Los resultados demuestran que la derechización de los discursos de campaña del PP Y C´s ante la irrupción de VOX apelando las tres fuerzas políticas a un mismo electorado fue una estrategia desacertada. El Partido Popular sufrió el hecho de haber abandonado al centro, proponiendo candidatos y propuestas que se confundían con las de VOX, y  C´s, que se presume como un partido liberal, pagará el costo de haber puesto un cordón sanitario a los socialistas mientras posaba en la Plaza Colón de Madrid con los líderes de la ultraderecha, distanciándose de parte del electorado que veía con expectativas su propuesta política.

Es imprescindible a la hora de analizar el proceso electoral español hablar de la figura de Pedro Sánchez y de su rol fundamental en la recuperación política y electoral del PSOE.  Asume por segunda vez como Secretario General del PSOE en el 2017 luego de una histórica primaria en donde se impone ante el aparato del partido y los líderes históricos que apoyaban a la entonces Presidenta de la Comunidad Autónoma de Andalucía Susana Díaz. Luego como líder de la oposición al Gobierno de Mariano Rajoy, propicia la primer y única moción de censura en la historia de España que logra hacer caer un gobierno, tras la sentencia de la llamada “Trama Gürtel” que involucraba a altos cargos del Partido Popular en un tremendo escándalo de corrupción. Y conforma un gobierno que a pesar de la debilidad de contar con un escaso e inestable sustento parlamentario, muestra la capacidad del líder socialista de formar equipos convocando personalidades prestigiosas de distintos ámbitos de la vida pública y privada, y plantea lineamientos de gobierno claramente progresistas que ofician como su principal herramienta de campaña electoral. Pedro Sánchez, contra todos los pronósticos, de propios y extraños, logra  restablecer el vínculo entre el Partido Socialista y la sociedad española, logra que el partido vuelva a representar a sectores que en el último tiempo habían optado por otras expresiones políticas, obteniendo un nuevo triunfo electoral tras 11 años de magros resultados.  Resistió cuando había que resistir, y fue exitoso a la hora de regenerar un partido político fundamental para la historia de España como lo es el PSOE.

Las elecciones del 28 de abril nos dejan como novedad que las sociedades pueden volver a depositar su confianza en una izquierda democrática y moderna para dar respuesta a los múltiples y complejos problemas que las aquejan, si sus principales actores políticos logran proponer soluciones integradoras, coherentes y creíbles que permitan relegitimar a la socialdemocracia frente a los populismos de izquierda y de derecha que predominan en un mundo tan polarizado. España nos muestra una esperanza contra la corriente que deberíamos empezar a mirar con mucha atención.  Si bien, lamentablemente, en el escenario actual pareciera ser poco probable transpolar el proceso político español a la Argentina, por lo menos nos sirve para tomar nota de que se pueden proponer soluciones a la crisis desde posiciones progresistas y  la ciudadanía estar dispuesta a acompañar.

Por Francisco Alfonsín