Opinión Por Juan Manuel Casella Viernes, 7 de Setiembre de 2018

Los hechos los delatan

Por Dr. Juan Manuel Casella

En "La Nación" del día 4 de septiembre (página 17) Morales Solá, luego de transmitir su versión acerca de lo que sucedió en Olivos durante el fin de semana, alude a los planteos que habrían formulado alguno de los dirigentes radicales que allí participaron, en el sentido de reclamar puestos para el radicalismo en el nuevo gabinete del presidente Macri. El periodista señala las razones que convierten en improcedentes esos reclamos y termina afirmando que se trató de "una propuesta típica de los radicales: ocupar cargos sin una certeza clara de lo que se quiere".

Morales Solá no debió aludir a "los radicales" porque ninguna generalización es válida. Debió aludir específicamente a los dirigentes radicales que se han apoderado de hecho de la conducción del partido y que, efectivamente, desde Gualeguaychú hasta aquí reiteran el argumento de "más gobernadores, más diputados, más intendentes, más concejales" para justificar sus actitudes políticas.

Pareciera que quienes usan ese argumento no advierten el efecto deteriorante que produce, al incentivar la búsqueda de candidaturas sin contenido y en detrimento de las ideas, a partir de un puro pragmatismo. Hace rato -desde Gualeguaychú en adelante- que venimos reiterando que ese punto de vista no sirve más que para justificar la búsqueda de la reelección permanente o para identificar la política con propósitos de ventaja personal. Los hechos delatan a quienes caen en esa tentación: de lejos se advierte que el cargo sin contenido no sirve para nada. Lo mejor que puede hacer hoy la UCR en beneficio del país, consiste en analizar críticamente la realidad, proponer caminos alternativos que busquen el mayor nivel posible de equidad en la distribución del esfuerzo y así, evitar y corregir los errores que han afectado y siguen afectando al gobierno. Es decir: priorizar las ideas por encima de los puestos, sin especulaciones o facilismos superficiales.

Además, el principal interlocutor del radicalismo no debe ser el funcionario -ni siquiera el Presidente en el ámbito cerrado de su despacho-, sino el pueblo a partir de ideas y criterios que se hagan públicos y constituyan una sólida base conceptual, única manera de legitimar las candidaturas y los cargos.

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