Opinión Por Mario Brodersohn Lunes, 9 de Abril de 2018

El escenario económico preelectoral 2019

El titular de la consultora Econométrica, Mario Brodersohn, advierte sobre tres ejes claves para que el gobierno logre su continuidad.

El déficit fiscal: una asignatura pendiente: El Gobierno asoció el contundente triunfo electoral en o ctubre 2017 con el gradualismo y ello lo estimuló arepetir en el 2018/19 la misma estrategia que en el2016/17.

En el primer semestre del 2016 dominaron las urgenciasen dar respuesta a la salida del cepo cambiarioy acordar con los acreedores externos para terminarcon el “default” de la deuda pública. La devaluación fue del 60%, la inflación trepó al 40%, el salario real cayó un -5,4% y la depresión de la actividad económicaen ese primer semestre fue del -3,7%. El gradualismofiscal en el 2016 terminó en un déficit primario del Gobierno Nacional del 4,3% del PBI, pero si le sumamoslos intereses de la deuda y los déficits provinciales el déficit total ascendió a 7,0% del PBI.

En el 2017 se reduce el gasto público del Gobierno Nacional en subsidios económicos en dos puntos de lPBI mientras las provincias prácticamente no aportarona esa retracción del gasto público. Esta caída del gasto público fue neutralizada por una disminución similaren la presión tributaria (retenciones a las exportaciones,impuesto a las ganancias) lo que explica queel déficit fiscal terminó siendo en el 2017 el mismo 7%del PBI que en el 2016.

En enero 2017 el Ministro de Hacienda declara que terminó la recesión y anuncia que comenzaron a aparecerlos primeros brotes verdes de reactivación económica empujados por las inversiones públicas. A medidaque transcurre el 2017 se confirman las expectativas de reactivación anunciadas por el Ministro de Hacienda.

En el primer trimestre del 2017 el PBI crece aun ritmo anual 1,7%, en el segundo al 4,0% anual y justo en el mes de las elecciones octubre 2017 alcanza el pico de reactivación (5,0%).El Gobierno comenzó el 2018 con un intento de repetir en el 2018/19 la estrategia del 2016/17 con el proyecto de ley enviado al Congreso Nacional. En ese proyecto el Gobierno propuso tratar en sesiones extraordinarias la reforma impositiva, el coeficiente de indexación de las jubilaciones, reformas laborale sy sindicales, etc. También anunció aumentos enlas tarifas del transporte urbano, gas, agua, etc. Las
proyecciones fiscales para el 2018 sugieren que el déficit fiscal se reduciría del 7,0% al 6,5% del PBI. En el 2018 la estrategia del gobierno debería centrarse en repetir el camino seguido en el 2016/17, estoes, bajar el gasto público en dos puntos del PBI.Para lograrlo propone disminuir los subsidios energéticos y de transporte al mismo tiempo que se mantienenlos subsidios que surgen de la tarifa social.Además, intentará que las provincias se sumen a la política de reducir el gasto público.

El objetivo es reducir el déficit total proyectado parael 2018/19 del 6,5% al 4,5%. Se trata de llegar al año electoral 2019 en un contexto en el que los riesgos del mercado cambiario puedan ser atenuados por las expectativasde un sobrecumplimiento de las metas fis-cales anunciadas tiempo atrás por el Gobierno. En otras palabras, descartado el shock de ajuste que requiere devaluar y aumentar las tarifas simultáneamente, la tesis gradualista frente a la opción devaluar o aumentartarifas se inclina por tarifas y el uso de las reservasinternacionales de ser necesario y así transitar los meses previos a la elección presidencial sin grandesexpectativas de sobresaltos.

El shock de ajuste y la meta fiscal
Los partidarios del shock no explicitan cuál es lameta de déficit fiscal compatible con su meta de un dígito de inflación anual, solo se limitan a enfatizar quepara bajar la inflación hay que terminar con el déficitfiscal.


Por otro lado, el gobierno está negociando ingresara la OCDE y ello sólo será posible si el déficit fiscal totalse reduce del 7% al 3% del PBI.Para bajar el déficit fiscal del 7 al 3% los partidarios del shock proponen aumentar las tarifas públicas y dejar flotar libremente el dólar que en el contexto actualde atraso cambiario conduce a una importante devaluación.


Los gradualistas difieren de los partidarios del shock en que los gradualistas están preocupados porel impacto de la combinación de devaluación y aumentosde tarifas públicas sobre el salario real, el empleo y la estabilidad social los partidarios del shock, si bienles preocupa esos impactos, sostienen que es breve entiempo y es el precio a pagar en el corto plazo si queremos un crecimiento sostenido sin inflación en el largo
plazo.

Hacia un gradualismo más ambicioso
El objetivo del Gobierno con el gradualismo es presentan un escenario que combine un crecimiento moderado pero sostenido del 3% anual, con una tasa deinflación por debajo del 20% anual, aumentos moderadosen el salario real y en el empleo privado. Es cierto,este plan pre-electoral basado en la moderación noentusiasma ni levanta el ánimo de nadie pero tambiénes posible que luego de décadas de confrontaciones, hiperinflación, convertibilidad, “default” de la deuda,pasar delcrecimiento a tasas chinas al estancamiento económico, crecimiento en los añosimpares y recesiónen los años pares el gobierno y la sociedad solo esténen condiciones de moverse cantando …. despacito…despacito. Pensando más en el largo plazo no esuna mala tesis.

En conclusión, el gradualismo tal cual se viene instrumentando es más gradual de lo esperado. Se requiereun gradualismo más ambicioso en el área fiscal para
atenuar el impacto del déficit fiscal y del externo sobrela economía.


El desequilibrio externo es un tema de creciente preocupación por la conjunción, en un año electoral,de atraso cambiario, déficit comercial externo de12.300 millones y en el de cuenta corriente de 32.000millones de dólares, particularmente cuando se esperaun nuevo contexto internacional con tasas crecientes de interés. Lo cierto es que no hay margen para intentar usar el tipo de cambio como un ancla antiinflacionaria tal como sehizo en el 2017 ni tampoco paracorregir el atraso cambiario con un salto de devaluación como se hizo cuando se salió del cepo cambiario.

Por ello, la reciente devaluación en enero y febrero2018 de alrededor de un 15% más la decisión de participarmás activamente en el mercado de capitales doméstico
en pesos y en dólares para financiar el déficit fiscal, en la medida que no provoque un “crowdingout”,son medidas que van en la dirección correcta.


La estrategia de repetir en el 2018/19 el caminoelectoralmente exitoso del 2016/17 nos sugiere que el Gobierno confía en que con el modesto escenario económicogradualista, las elecciones presidenciales en el 2019 le van a renovar el mandato presidencial y le daránla mayoría en el Congreso Nacional.


La estabilidad cambiaria va a depender de si las encuestasles anticipan a los operadores económicos un triunfo electoral de Macri. Esa es su principal fortaleza y aporte para evitar inestabilidad cambiaria en los mesesprevios a las elecciones del 2019.


En las dos semanas previas a las PASO de agosto se creó un clima de corrida cambiaria cuando aparecieron encuestas que el gobierno era derrotado por Cristina Kirchner en las elecciones en la Provincia de BuenosAires. Fue el triunfo electoral en esas elecciones y no el aumento en la tasa de interés lo que detuvo esacorrida cambiaria.


La estabilidad de los mercados en el tramo final dela campaña electoral va a depender de encuestas quemuestran no solo que Macri va a triunfar en las elecciones sino también que como resultado de estas eleccionesel gobierno tendrá más poder político para acordarcon los partidos de la oposición políticas de Estado que le permitiría reemplazar, en ese entonces, un gradualismo ya agotado por reformas estructurales.


Por Mario Brodersohn
 

Fuente revista Entorno Económico

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