Opinión · Viernes, 1 de Diciembre de 2017

Esa rara costumbre de votar

Dicen siempre que a los radicales nos entusiasma mucho más una elección interna que aquella en la que se decide un presidente. Seguramente una parte de dicha aseveración sea cierta. Para algunos será un defecto, otros creemos que es una virtud.

Es que, por ahora, no hemos encontrado otro método para resolver nuestros conflictos internos. Al igual que la Democracia, siempre es mejor la participación de los ciudadanos -o en este caso de los afiliados- que un “casting” hecho por el “jefe” o el proyectil enviado “amistosamente” por algún adversario circunstancial.

La participación de los ciudadanos en la vida interna de los partidos ha disminuido al ritmo del desencanto, la despolitización y la idea, siempre interesada (propia de la anti política), de que la militancia es una pérdida de tiempo.

Muchos años de neoliberalismo y otros tanto de “relato”, han logrado un desmoronamiento de la calidad y la cantidad de la participación. De manera que, con menos participación y creciente deslegitimación de los Partidos, las decisiones las toman muy pocas personas teniendo en cuenta, en la mayoría de los casos, factores ajenos a las ideas colectivas y a las doctrinas partidarias.

El contexto en el que la interna de la UCR en la Ciudad de Buenos Aires del próximo 10 de diciembre se da es, por lo menos, desafiante. Somos unos cuantos los radicales que nos opusimos al acuerdo de Gualeguaychú que derivo en el triunfo del actual presidente. A pesar de no ser los impulsores, una vez perdida la convención, y por obediencia partidaria, nos ajustamos al esfuerzo de sostener a todos los radicales con ideas compartidas.

Cambiemos no fue una coalición sino un acuerdo electoral, nosotros lo sabíamos. El PRO gobierna con algunos radicales y sostiene acuerdos en el Congreso con distintas fuerzas.

En el caso de la Ciudad, el partido decidió acompañar a Martin Lousteau en un acuerdo con fuerzas progresistas. Extrañamente quienes no estuvieron de acuerdo no tuvieron el mismo gesto orgánico.

El PRO de la ciudad llevó a Carrió como candidata a diputada porteña y dirigentes históricos de nuestro partido, como Facundo Suarez Lastra, acompañaron esa lista. Una decisión totalmente legítima pero que los puso fuera de la estructura orgánica. Ahora esos dirigentes quieren volver para conducir un partido del que se fueron. Es, por lo menos, un insulto a nuestra inteligencia.

Esta interna es una posibilidad para los radicales de seguir manteniendo nuestra independencia y de seguir decidiendo entre los radicales las cosas de los radicales. Si no hay coalición de gobierno, y si no se le consulta al Radicalismo ninguna acción de Gobierno: ¿Por qué permitiríamos que las decisiones las tomen aquellos que son de otros partidos?

Como tenemos la rara costumbre de votar, para bien o para mal, los radicales porteños somos los únicos dueños de nuestro destino.

MATIAS RODRIGUEZ
DIRIGENTE UCR

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