Opinión · Domingo, 12 de Noviembre de 2017

Los desafíos del radicalismo en Cambiemos

El principal, obviamente , es aportar desde su propia cosmovisión a la solución de los problemas de los argentinos. En otras palabras, procurar influir, haciéndose cargo de las diferencia que puedan existir con el PRO, en las decisiones orientadas a enfrentarlos. Esta fue y es la principal responsabilidad del partido desde que Cambiemos ganó las elecciones nacionales. Que quede claro: no se trata de ocupar cargos en la gestión, sino de influir en la toma de las decisiones. Porque de ellas depende que se resuelvan o no lo problemas de los argentinos.

Tal vez no muchos lo sepan, pero Cambiemos, pese a reunir en su seno a fuerzas que piensan de manera diferente – fuerzas que en otras circunstancias podrían competir entre sí- no contó con un acuerdo programático. A pesar de lo mucho que se habló acerca de su necesidad, lo cierto es que no existió.

Sin embargo, ese “defecto de nacimiento” era facilmente subsanable. Su ausencia podía salvarse mediante la creación de un mecanismo interno que permitiera que, con relación a las cuestiones más complejas, cada una de las fuerzas que componen Cambiemos, pudiera, antes de que se tomen las decisiones para enfrentarlas, hacer oír su voz, y, en el caso de que se manifestaran discrepancias, sintetizarlas o saldarlas. Eso ocurre con frecuencia incluso en los gobiernos a cargo de un solo partido. Más allá de que son mayoría los comunes denominadores o coincidencias, nunca faltan cuestiones respecto de las cuales puede haber diferencias acerca de cómo encararlas. Y ellas no se disimulan, se saldan.

Tratándose de un frente como Cambiemos, que reúne fuerzas diferentes, la necesidad de este mecanismo resulta más evidente. Sobre todo ante la carencia de un acuerdo programático. A pesar de ello, la conducción nacional de la UCR jamás lo reclamó. En efecto, contrariando aquello a lo que se había comprometido al integrar Cambiemos, actuó como lo haría un convidado de piedra o como lo haría una fuerza que sólo tiene concidencias.

El diálogo, que siempre es un recurso muy valioso en política, no se ejerció hacia adentro de Cambiemos. Y no por responsabilidad del PRO, sino de la UCR. En general, son dos las causas que impiden el diálogo: o bien una de las partes no tiene interés en escuchar a la otra, o bien una de ellas no tiene interés en hacerse escuchar. Esto último es lo que ocurrió en Cambiemos. La UCR no manifestó nunca interés en hacerse oír. Estoy convencido de que el PRO preferiría una actitud más activa, más creativa, más atrevida y propositiva del radicalismo.

No es fácil encontrar una explicacion a esta renuncia a ejercer el derecho a hacerse oír. No solo se trata de un derecho, es también una obligación. Seguramente algunos creen sinceramente, que lo que hemos venido haciendo hasta ahora, es la mejor manera de ayudar al gobierno. Que lo que otros proponíamos – hacernos cargo de las diferencias, y desde ellas procurar influir en la definición de las politicas – podía, más allá de las intenciones, convertirse en algo así como un remedio peor que la enfermedad. Claro que una decisión de este tipo, merecía un debate en el partido. Nadie está autorizado a cambiar por sí, lo que se había decidido en la reunión de la Convención Nacional constitutiva del acuerdo: la UCR, en el caso de que no ganara las PASO haría valer sus recursos políticos institucionales para inlfuir en el rumbo de la gestión y evitar que se adoptarán decisiones que considerara equivocadas. Pero hay otra explicación posible: aunque son minoría, también están los que asumieron esta posición pasiva, no por que piensen que esto es lo más útil para el Gobierno y los argentinos, sino para su carrera política. De esto también hay.

En pocos días más se producirán cambios en la dirección de la UCR. Muchos confiamos que con ellos, se revea, por los Argentinos, por Cambiemos y por el partido, la estretegia seguida hasta ahora. No es la mejor manera de ayudar a la solución de los problemas, decir a todo que si. Incluso a las decisiones que se consideran equivocadas. Puede que alguien me conteste que el partido nunca actuó de esa manera. Pero esa persona sabe que lo que dice no es cierto.

En pocas palabras, ni decir a todo que si, ni eludir costos y desresponsabilizarse de los resultados es nuestra obligación. Ninguna de las dos actitudes es la mejor forma de ayudar a los argentinos y al gobierno. Nuestra responsabilidad es cumplir lo que dijimos que haríamos cuando decidimos conformar Cambiemos: que si no nos tocaba ganar las PASO, pero Cambiemos ganaba las elecciones nacionales, utilizaríamos los recursos político institucionales del partido para poder influir en las decisiones políticas y en el rumbo de la gestión, y para evitar que se cometan errores. Tenemos dos años por delante para ello . Y podemos hacerlo de la manera más responsable y constructiva.

Para terminar, la UCR, además de promover el diálogo hacia adentro de Cambiemos, debe promoverlo también hacia afuera. El acierto de una decisión respecto de cuestiones difíciles como muchas de las heredadas, se asegura mejor cuando se recorre el camino político adecuado. Este recorrido, no es otro que el diálogo entre las fuerzas políticas y las representaciones de los sectores involucrados. Además de reivindicar la necesidad de acordar “políticas de Estado”, hagamos lo necesario para hacerlas posibles. La primera condición es tener la humildad de asumir que nadie es dueño de la verdad. Lo pedantes en la vida suelen ser bastantes fastidiosos, en política pueden ser muy dañinos. La búsqueda del diálogo y los acuerdos no es angelismo, al contrario; pero, para no parecerlo, digamos lo mismo de otra forma: la política no es sólo cuestión de verdad, buenas intenciones y buenas ideas. La política es cuestión de poder, relaciones de fuerza y de intereses. Las mejores intenciones, las mejores propuestas, las mejor elaboradas, pueden fracasar, si una correlación de interés y poder les es adversa. ¿Qué son difíciles esos acuerdos? ¿Y quién dijo que la política es fácil? A un conocido le oí decir una vez que quien quiera cosas fáciles debe dedicarse a la física o a las matemáticas, no a la política.

Por Ricardo Alfonsín

Diputado nacional por la U.C.R.

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