Opinión Por Ariel Dulevich Uzal Martes, 7 de Junio de 2016

Por Ariel Dulevich Uzal

La formidable dimensión ética del periodismo

En las circunstancias por las que atraviesa el país, la celebración anual del “Día del Periodista”, instituido por  el primer Congreso Nacional de Periodistas realizado en 1938 en la “Docta”, motivan algunas reflexiones desde la perspectiva ciudadana y en relación a la conjunción de valores que se mimetizan con la noble profesión de quienes desde su ejercicio, ilustran al país sobre los aconteceres de su diario devenir,  expresan libremente su pensamiento,  nutren a la opinión pública  y educan al soberano, dotándolo de los elementos de juicio que le permiten acceder a los “mandantes” al conocimiento requerido para elegir con responsabilidad a sus “mandatarios”, evocando la figura contractual con que el preclaro pensamiento de Rousseau, definió el vínculo entre pueblo y gobierno, en esta forma superior de convivencia que es la democracia.

El elegido para la recordación, fue el 7 de junio de los primeros días patrios y a solo una semana de nuestra Revolución de Mayo, oportunidad en que se fundó la “Gaceta de Buenos Aires” por la inspiración del Mariano Moreno, considerado el principista e ideólogo de aquella gesta, quien haciendo expresa alusión al sistema representativo al que se aspiraba y a la insoslayable condición que demandaba, en cuanto a ilustrar el conocimiento de la cosa pública, sostuvo: “cuando todos van a tener parte en la decisión de su suerte, nadie ignore aquellos principios políticos que deben reglar su resolución”. La denominación a que se apeló entonces era la “libertad de imprenta”, que claramente aludía a la libre publicación de ideas políticasy la expresión por escrito del pensamiento, sin limitaciones ni represalias, considerado cronológicamente nuestra primera fundamentación de la libertad de prensa, tal como hoy la entendemos.

En el ámbito descripto de tan alta significación republicana –y lamentablemente de idéntica manera en muchos otros-, hemos emergido después de casi doce años de una etapa oprobiosa en que se apelaron a todos los medios del poder -empleado sin pudor ni legitimidad-, para coartar e impedir la libertad de prensa, manipulando la opinión pública a través de una vasta red mediática sostenida con los dineros públicos a través de una corrupción inédita en el país, convertida en maquinaria que agobiaba a la sociedad con una sistemática y permanente campaña de reiteración de ficciones, imposturas y calumnias, sostenida para acallar por el temor y el escarmiento, las voces críticas y ahogar los pocos medios de prensa que subsistían a la persecución constante, con la finalidad de imponer la verdad única del “relato”, minando la consciencia la colectiva y  adoctrinando a los jóvenes y a quienes no lo eran tanto pero fueron permeables. Así la intolerancia, la descalificación de la discrepancia, la exaltación de la adhesión al culto de la obsecuencia y el servilismo incondicional al Jefe -o Jefa-, y hasta un revisionismo que intentaba torpemente fabricar una nueva historia, que dividía al país en réprobos y elegidos, era moneda corriente en escritos y palabras de quienes medraban en nombre de intereses creados, traicionando la ética de la profesión que hoy reivindicamos.

Se hace manifiesto que respiramos otra atmosfera de libertad en que el periodismo, a través del libre ejercicio profesional, ha recuperado plenamente su derecho –convertido en deber deontológico que su oficio le impone-, no solo por la veracidad en la información que se brinda, sino por el ejercicio sin limitaciones a su derecho de crítica a quienes nos gobiernan y que también beneficia a aquellos -y los hay-, que defienden la “década ganada”.

En este marco, cabe celebrar en el “Día del Periodismo”, el galardón que una Entidad internacional de reconocido prestigio en la materia ha brindado a Clarín a través de su CEO, por la defensa inquebrantable de la libertad de prensa, soportando durante estos años una permanente agresión a través de una batería de actitudes que fueron desde el ataque físico a sus dependencias, hasta la sanción de leyes exclusivas para despojarle, y tantas otras rayanas en la ilegalidad más extrema. El autor de esta nota fue testigo –no exento de vergüenza como argentino-, hace solo un par de años, de presenciar el bochornoso espectáculo ver a un Ministro Nacional de Turismo, inaugurando una Exposición Internacional ante delegaciones extranjeras e incluso Ministros de países vecinos, con un cartel de buen tamaño abrochado a su traje que rezaba: “Clarín miente”. ¡No hay que olvidarse de estas cosa que padecimos!

El Sr. Magnetto al aceptar la distinción, que sin duda nos honra a todos los argentinos, destacó la labor de los periodistas del Matutino, precisamente un equipo de redactores cuyas plumas denunciaron los excesos del régimen e informaron con veracidad y valentía, a una ciudadanía que pudo así imponerse de la declinación de los valores morales que sufría la Nación. Vayan estas reflexiones en homenaje a los periodistas de todos los medios que no declinaron ante la prepotencia y la persecución, e hicieron honor al legado Moreniano.  

Por Ariel Dulevich Uzal. 

Educador.

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