Opinión · Viernes, 12 de Febrero de 2016

El parque y la memoria

Se me hace cuento

El Parque de la Memoria, en la Costanera Norte, es un extenso predio de recordación y reflexión sobre la tragedia del terrorismo de Estado en Argentina, entre los años 1975 y 1983, que se cobró miles de asesinados, de torturados, de mujeres ultrajadas y centenares de niños apropiados por los propios represores. Visité el parque algunos años atrás, durante la égida kirchnerista, y el pasado viernes 5 de febrero de 2016; tanto entonces como ahora, en ese punto geográfico de serena belleza, frente a un río interminable, me sorprendió encontrar, en algunos carteles alusivos, puntos de vista que coincidían más con el “relato” que los Kirchner pretendían imponer que con el consenso que la mayor parte de la sociedad había tejido trabajosamente desde la asunción de Alfonsín en 1983. En un recorrido narrativo compuesto de carteles con textos breves que reconstruyen la historia del terrorismo de Estado, desde la Triple A peronista hasta los primeros 20 años de democracia; en el cartel con el título de “IMPUNIDAD”, se lee: “Recobrada la democracia en 1983, el gobierno constitucional sometió a juicio a las tres Juntas Militares. No obstante, la presión ejercida por los levantamientos castrenses de Semana Santa, Monte Caseros y Villa Martelli propulsaron la sanción de las denominadas “leyes de impunidad”: - Ley de Punto Final (23.492). Dictada en diciembre de 1986, fijó un plazo extintivo de 60 días para llamar a prestar declaración indagatoria a eventuales responsables. — Ley de Obediencia Debida (23.521). Dictada en junio 1987, establecía que quienes a la fecha de la comisión del hecho revistaban como oficiales subalternos, suboficiales y personal de tropa de las Fuerzas Armadas, de Seguridad, Policiales, Penitenciarias, no eran punibles por haber obrado en virtud de Obediencia Debida. — Indultos: Dictados durante el gobierno de Carlos S. Menem, se dieron en dos etapas: La primera estuvo dirigida a los procesados no incluidos en la Obediencia Debida y el Punto Final. La segunda, estuvo dirigida a los incluidos y posteriormente condenados en la causa trece, el juicio a los comandantes”.

Nótese que, a tono con aquella lamentable alocución de Néstor Kirchner en la inauguración del ECuNHI, cuando negó el Juicio a las Juntas, este cartel de un centro público no menciona siquiera al responsable político de uno de los más renombrados actos de justicia de la segunda mitad del siglo XX, Raúl Alfonsín. Sí mencionan al presidente Menem- ídolo político de Néstor Kirchner por aquel entonces- como gestor de los Indultos (en los que, tampoco se menciona, también fueron indultados, por negociaciones políticas y económicas, los jefes montoneros, encarcelados durante la gestión de Alfonsín). La referencia a que las Juntas criminales fueron efectivamente juzgadas (casi una concesión de mala gana por parte de los autores del texto) ocupa apenas dos líneas del cartel, mientras que el resto se dedica a la “Impunidad”, como si diera lo mismo el presidente que encarceló a Videla, Massera y Agosti, Alfonsín; que aquel que los liberó, Menem, por entonces, reitero, efusivamente acompañado por Néstor Kirchner. Ni en ese, ni en ningún otro cartel del recorrido, consta la información de que Videla, Massera y Agosti fueron encarcelados como consecuencia de esos juicios históricos y ejemplares, y que permanecieron encarcelados hasta el último día de la gestión de Alfonsín. También es antojadiza, en el marco de un centro de memoria pública, la versión de que fueron las sublevaciones militares de Rico y Seineldín las que derivaron en las leyes de Obediencia Debida y Punto Final: tanto el presidente Alfonsín como su ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, con pruebas por lo menos atendibles, niegan que ese haya sido el orden de los acontecimientos. La narración tampoco describe que Alfonsín logró sortear dos golpes militares y entregar el bando presidencial a su sucesor, luego de las correspondientes elecciones, hecho hasta entonces inédito en la Argentina.

El cartel final de este recorrido -que es sólo una de las exposiciones permanentes- muestra un mapa y nombres con número de documento y direcciones donde “viven los genocidas”. Extrañamente, en esa lista figura el Ministro del Interior de Menem, Carlos Vladimiro Corach. ¿Por qué esa estigmatización brutal contra un ministro de la democracia? Y, sin orden ni concierto, se apunta allí también al fallecido periodista Bernardo Neustadt. Un Parque de la Memoria debe exagerar en el sentido de la discreción, no del escrache impreciso. Mientras que en el recorrido se fustiga al NUNCA MÁS, a Alfonsín (sin nombrarlo), y a Menem, y se disculpa a los guerrilleros de los años 70; en el sitio web del Parque, en la Muestra Itinerante titulada 30 años de democracia, se cierra con un texto panegírico de Néstor Kirchner, que lo vuelve a celebrar en su inaceptable alocución del ECuNHI.

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