Opinión Viernes, 11 de Setiembre de 2015

Maduro encarceló a Leopoldo López profundizando la dictadura bolivariana

Por Alejandro Vidal

¿El libro de cabecera de Maduro será Mein Kampf?: “Con humanidad y democracia nunca han sido liberados los pueblos” (Adolf Hitler)

A veces se define la dictadura como el sistema de gobierno contrapuesto a la democracia pero, resulta mucho más adecuado definirla por contraposición al Estado de Derecho, pues lo más característico de la dictadura no es la falta de apoyo popular, sino la no supremacía de la ley y la ausencia de división de poderes. A este rasgo esencial de la dictadura hay que añadir otros también importantes como son “la ausencia de libertad de expresión y de asociación, y la persecución de la disidencia política”.

La dictadura es una fórmula política que tiene sus orígenes históricos en la práctica del Senado romano, que, en caso de guerra o estados de emergencia, dotaba a un hombre de poderes absolutos durante un tiempo determinado sin que por ello quedase derogado el ordenamiento político existente (cualquier similitud con nuestra realidad es pura coincidencia).

Si rescato estos conceptos sobre “dictadura”, es porque es de la única manera que se puede comprender lo acontecido con el principal opositor al gobierno de Nicolás Maduro, refrendando con esta acción que el suyo es un gobierno autoritario que coarta la libertad de expresión de aquellos que se le opongan.

Las dictaduras, como la Venezolana, pueden llegar a contar con un apoyo mayoritario pero, en todo caso, se caracterizan por negar la posibilidad de que, por un procedimiento institucionalizado, la oposición pueda llegar al poder. Peor aún, por el grado de represión que ejerce persiguiendo la aniquilación de la oposición, no caben dudas de que en el hermano país sudamericano se ha establecido una dictadura "totalitaria".

Pero no miremos este acto como si nos fuer extraño o lejano, el autoritarismo de cualquier signo y procedencia es uno de los principales enemigos de la libertad de expresión. La lucha contra este mal en favor de la libertad nunca acaba. El primer paso que dan los gobiernos totalitarios es limitar la libertad de prensa, que no necesariamente implica cerrar los medios de comunicación, basta con desacreditarlos, demonizarlos intentando disminuirlos a una mínima expresión.

Entonces el periodismo se convierte en una profesión de riesgo. Aunque pareciera que la libertad de expresión establecida en la constitución es un tema irrebatible, resulta inaceptable que algunos periodistas sean violentados para callar sus voces, para anular sus opiniones, para anular su libertad de expresión, pero también para disminuir la comprensión de la realidad de toda la sociedad.

Estemos atentos, no permitamos que llegue el día en que nos preguntemos, conociendo la respuesta, ¿“Por quién doblan las campanas”?

 

Por Alejandro Vidal, diputado provincial de la Unión Cívica Radical  

 

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