Opinión Lunes, 6 de Julio de 2015

Familias en código de barras

Por Mariela Blanco

Las futuras generaciones estarán grabadas de una u otra forma por la marca indeleble de la ciencia. En algún momento de la vida, e incluso desde antes de ser concebidos, los seres humanos llevarán la impronta de algún código de barras. Desde un óvulo o célula reservada a casi 200 grados bajo cero hasta un implante dental en la adultez, todos tendremos algo de laboratorio. Pero será la mujer, como núcleo de la familia, quien siente las bases para una perfecta coexistencia entre la sabiduría de la naturaleza y el perfeccionamiento de la técnica.  

Así como la sociedad ha ido madurando respecto de la aceptación de temas sensibles como muerte digna o donación de órganos, también va acobijando temas relacionados con la salud reproductiva como fertilización in vitro, ovodonación, subrogación de vientre o preservación de óvulos, esperma y células madre.  

Desde aquel primer bebé de probeta nacido en 1978 a la actualidad, la ciencia ha avanzado tanto que perfectamente un niño hoy en edad escolar podrá tener un hermano que no llegará a conocer en el año 2.315. Esto es así, a partir de la vitrificación, un descubrimiento del médico japonés Masashige Kuwayama que posibilita que un óvulo pueda vivir hasta 300 años. 

Según aseguran los principales bancos de óvulos y células madre del país, la crioconservación es un fenómeno que se ha extendido a lo largo y ancho del país tanto por sus usos como por el adecuamiento de costos. En particular, el congelamiento de óvulos por cuestiones de índole social es el tratamiento que mas consultas registra, al tiempo que las mujeres deciden postergar cada vez más su maternidad, inclusive hasta después de los 40 años.

En este sentido, la legislación también acompaña los cambios socioculturales con normativas mas acordes a los tiempos que corren. Pero sin temor a equivocarnos se puede decir que la gestación de nuevos modelos de familia no es reglada por la letra fría de la ley sino mas bien impulsada por la mujer y puesta al abrigo de la calidez maternal.

La lucha de mujeres aguerridas que no se resignaron a frustrar el sueño de ser madres fue lo que posibilitó la puesta en marcha de la Ley Nacional de Fertilización Asistida y su reciente ampliación en la Provincia de Buenos Aires para garantizar el acceso integral a los procedimientos y técnicas médico-asistenciales de reproducción asistida para todos aquellos padres imposibilitados de procrear por medios naturales.

También la crioconservación de células del cordón umbilical del bebé va dejando de ser un práctica elitista para convertirse en una práctica que le otorga a los flamantes padres una suerte de barita mágica para salvar la vida de sus hijos frente a la posibilidad de contraer en el futuro una enfermedad sin solución desde la medicina clínica tradicional.

Según datos recientes de la cámara que nuclea a los bancos de Células Madre del país, más de 60.000 argentinos decidieron guardar las células del cordón umbilical de sus hijos, lo que demuestra que la demanda del servicio aumenta a medida que los costos comienzan a ser más accesibles para la clase media. Lo esperable, es que en un futuro no demasiado lejano, se convierta en una práctica habitual, asequible y sistematizada.

Pero al margen de estos datos y proyecciones, las fuentes consultadas coinciden en que es la mujer, como núcleo de la familia, quien lleva el estandarte de esta lucha por derribar -poco a poco, pero a paso cada vez mas firme- viejos tabúes y generar conciencia social sobre la perfecta coexistencia entre la sabiduría de la naturaleza y el avance de la técnica. 

Gracias a ellas, en los últimos años, vetustas diatribas relacionadas con la aceptación de lo Natural como única forma de engendrar y salvaguardar vida han ido cediendo terreno frente a historias de vida de familias que alcanzan la plenitud echando mano a la Ciencia.

 

Fuentes: BCU Bioprocrearte, ABC Cordón (Cámara de Bancos de Células Madre de Cordón Umbilical) y Maternity Bank

 

Por Mariela Blanco, periodista.

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