Opinión · Viernes, 5 de Junio de 2015

Un grito unánime en el silencio

Por Lucía Alberti

Fue ayer la multitudinaria movilización detrás de la consigna "Ni Una Menos". El hartazgo de tantas muertes de mujeres, en manos de la violencia ejercida sobre ellas una y otra vez, hasta alcanzar el final dramático de sus vidas y el de tantas otras con el riesgo de que les suceda en cualquier momento, era parte del ánimo que cubría calles y plazas en diversos puntos del país y también la esperanza de un cambio rotundo en la situación.

Víctimas, familiares de víctimas, niñitos muchos niñitos y niñitas con sus madres y también con sus padres, grupos apenas organizados, gente por las suyas, estudiantes, juventud, murmullos apenas audibles, conversaciones aisladas, banderas, bombos y redoblantes marcando un ritmo que levantaba el espíritu era el denominador común frente al Congreso de la Nación. Esa convergencia en la Plaza de los dos Congresos que comienza a disputarle protagonismo a la Plaza de Mayo, ayer con la masiva concentración, brindó una muestra de que ya nos vamos dando cuenta que la verdadera representación de nuestra ciudadanía se encuentra en ese espacio. Porque nos expresa como pueblo la Cámara de Diputados y nos sintetiza como distritos –Cámara de Senadores. Recintos en los cuales las leyes referidas al género fueron debatidas, demoradas, vueltas a debatir, modificadas, consensuadas y aprobadas durante la última década como Identidad de género, Trata y tráfico de personas, Violencia de género, Femicidio, en fin, una serie de instrumentos que el Congreso de la Nación, aunque con algunas deudas pendientes todavía, puso a disposición de las mujeres para ejercer su defensa.

La pregunta que cabe es por qué la marcha y el reclamo del 3 de junio de este 2015 algo agitado si las leyes están y la respuesta es la imposibilidad de aplicación de tantas herramientas por falta de presupuesto para llevarlas adelante. Responsabilidad que recae sin vueltas sobre el Poder Ejecutivo Nacional y su decisión, hasta ahora, de no dar la importancia que tiene al tema. Si se pueden generar tantos nombramientos en fiscalías, juzgados y ministerios, impulsar tantas nuevas universidades nacionales, generosa publicidad en tantos medios de comunicación y puede subsistir tanta corrupción a ojos vistas y darle relevancia a tantos temas de baja categoría, cómo no se puede asignar el presupuesto adecuado a prevenir y defender los derechos de las víctimas? La debida defensa jurídica, las casas de medio camino para que la víctima con sus hijos pueda refugiarse, el acompañamiento para sus trámites, la contención profesional, la facilitación de un empleo para auto subsistir, son algunos de los puntos que marcan las leyes y no hay con qué sustentarlos.

Definido el responsable y esclarecidas las circunstancias , es dable esperar que el gobierno asuma su responsabilidad en la situación planteada y además de poner ya en funcionamiento los resortes económicos, organizativos y de formación del funcionariato que lo deben llevar adelante, se haga cargo del resarcimiento correspondiente a las familias de las víctimas por violencia contra la mujer. En cuanto al ámbito de la Justicia en el que no se cumpla en tiempo y forma con lo establecido por las leyes de género, serán Magistrados/ que deberán dejar de serlo, pero por un Jury de enjuiciamiento para que no se sigan repitiendo los casos de Piombo y Sal Llargués que denigran la aplicación del derecho y la justicia, cuando de mujeres y de infancia se trata...

Por Lucía Alberti, presidenta de la ANUA y ex diputada por la UCR.

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