Opinión · Viernes, 10 de Abril de 2015

Ahora, a investigar

Por Alejandro Freeland

Desde el Gobierno (imputado) se ha calificado de bazofia, ridícula, bochornosa, un sinsentido la denuncia del fiscal Nisman. Con apoyo de eminentes juristas (a los que me dio pena ver) se duda de que la haya escrito un abogado. Unos y otros se desesperan por decir que lo denunciado -"esa porquería"-, aunque fuera cierto, no es delito. Que lo que hay que hacer es desestimar la denuncia de plano. La Presidenta insistió por cadena nacional: ningún abogado puede leer eso y no coincidir con estas descripciones. Soy abogado y leí la denuncia de Nisman. Todos podemos y deberíamos leerla. Bien escrita, de desarrollo prolijo, con una lógica contundente, muy bien documentada y, francamente, aterradora. ¿Que las escuchas no son prueba? No es cierto. ¿Que es en lo único en que se fundamenta? Tampoco. Nisman se ocupa de identificar, una por una, en sus 289 páginas, no sólo las escuchas, sino algo fundamental: la coincidencia de lo que se escucha con lo que después se verifica en la realidad, en manifestaciones (acciones) no sólo de los hablantes, sino de aquellos aludidos en ellas. Cita el valiente fiscal otros indicios, varios, precisos y concordantes, de los que se extraen juicios (presunciones) sólidos, como declaraciones de funcionarios y comunicados de agencias de información estatales nacionales e iraníes, que también confirman aquello de lo que se habla. Y había recogido Nisman algunos testimonios importantes, como los del también valiente periodista Eliaschev, denostado hasta el cansancio cuando denunció el pacto y a quien nadie le creyó. Todo en un contexto -su propia investigación- que conocía, seguramente, como nadie.

¿Que el delito ni siquiera comenzó a ejecutarse, que se trata de actos preparatorios impunes? No coincido. La firma del memorando, la negociación secreta y pública anterior y lo que vino después (a la espera de la respuesta de Irán) muestran que todo lo que los imputados podían hacer, según el estremecedor relato, lo hicieron. Evidente es que no existe "desistimiento voluntario" alguno de su parte y que, en la versión del fiscal, el favorecimiento no sólo se comenzó, sino que se consumó. Es que difícilmente pueda volverse a esa investigación con igual o mayor fuerza luego del memorando aprobado por ley. Una denuncia es la puesta en conocimiento de la autoridad de un hecho con características de delito. A estos hechos les sobran esas características y lo que procede ahora es investigar lo que se denunció. La República, o lo que de ella queda, lo demanda. ¿Alguien lo hará? Soy pesimista. Hay un fiscal muerto; y, según la Presidenta, lo mataron. Creo lo mismo. Y ¿quién mata a un fiscal federal por "una bazofia"?

 

Por Alejandro Freeland, carta de lectores publicada en La Nación el 3 de febrero de 2015

    Te puede interesar


    ¿Qué opinás sobre esto?