Opinión · Viernes, 6 de Marzo de 2015

Julio Strassera

Por Gustavo Bossert

La vida de Julio Strassera fue un prolongado ejemplo de convicciones democráticas y conducta cívica intachable. El respeto que a través de los años suscitaron su lucidez y firmeza fue invariablemente enaltecido por su noble humildad.

Tras finalizar la última dictadura militar y promovido el juicio a los más altos jefes militares por crímenes de lesa humanidad cometidos durante su transcurso, el entonces fiscal Strassera se convirtió en un motor indetenible y decisivo para la investigación de los hechos. De la multitud de casos que podían ser objeto de análisis y posterior castigo, Strassera seleccionó 300 y sobre ellos trabajó sin pausa, citando y trayendo a declarar ante el Tribunal a innumerables civiles y militares, en aquellos momentos en que nadie podía afirmar con absoluta certeza que ya no existía el riesgo de un nuevo golpe militar.

Los jueces de aquel Tribunal y Strassera actuaron pasando por alto ese riesgo, como si ya no existiera. Y entre tantos actos que multiplican ese noble recuerdo, los argentinos nunca olvidaremos el conmovedor y enérgico reclamo final de Strassera: "Señores jueces, nunca más", exigencia que, convertida en clamor, ya pertenece a la conciencia cívica de los argentinos.

Son numerosos, a lo largo de la vida de Strassera, los ejemplos de entrega desinteresada al apoyo de causas justas, sin interés, sin retribución, sólo para evitar una injusticia. Entre tantos hechos nobles y recientes que podríamos evocar, recuerdo su lúcida y enérgica defensa del juez marplatense Pedro Hooft, en el Congreso de la Nación y en sede judicial, cuando a tan digno magistrado se lo pretendió apartar de la magistratura con fundamento en una trama falaz e inaceptable.

Años después de su desempeño patriótico en el juicio a la Junta Militar, Strassera, designado por el Presidente Alfonsín embajador argentino ante Naciones Unidas, dio también un ejemplo de entrega absoluta a sus convicciones y principios sin medir sacrificios: renunció al cargo de embajador cuando Menem indultó a los jefes militares y regresó de Ginebra al país, al terreno llano y sin ingresos de quien, ya avanzada la vida, recomienza por necesidad el ejercicio de la profesión de abogado.

Sólo la humildad y las profundas convicciones permiten tal acto de renuncia y grandeza. Nunca lo olvidaremos.

 

Por Gustavo Bossert, ex ministro de la Corte Suprema de Justicia.


 

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