Opinión · Lunes, 24 de Noviembre de 2014

Planificación urbana, ambiente e inundaciones

Por Pablo Quiroga

Ante la dantesca visión de tanta superficie urbanizada bajo agua, lo que llama la atención de la actitud de los distintos gobiernos que integran el área metropolitana, no es el afán por trabajar en un proyecto de integración sustentable, sino la manera en que unos y otros se trasladan las responsabilidades por los conflictos existentes, sin resolver nada.

Cuando Scioli le reclama a Mazza por la gran cantidad de barrios cerrados levantados en el norte bonaerense, dado el impacto que esos movimientos de tierra, más la ocupación de humedales donde escurría el agua de los excesos de lluvia generan, tiene razón, sólo que ignora que su gobierno es junto a los municipios, quien aprueba esos despropósitos.

Sus gobiernos aprueban proyectos de rédito económico rápido, desconociendo la transformación del ambiente físico que producen y las nefastas consecuencias sociales y ambientales que provocan. Bien, ahora estos dos pretendientes a la presidencia, lo han aprendido. ¿Lo habrán aprendido?

Esperemos que sí, porque al margen de la discusión, el gobierno provincial ha subejecutado el presupuesto destinado a la prevención del control de las inundaciones, utilizando sólo el 50% en los últimos dos años y a Junio del 2014 llevaba ejecutado apenas el 10%.

No nos sorprende entonces, que un exceso atmosférico se haya transformado en una catástrofe social y económica. Lo grave es que si se hubiese trabajado en conjunto los últimos 10 años, cuando contamos con Estados con importantes recursos económicos, se podrían haber aplicado políticas de gestión urbana planificada que aunque no hubiesen evitado en un todo las consecuencias de la gran lluvia, si se hubieran atenuado y mucho.

Hasta no hace mucho tiempo se discutía sobre los reales efectos de los cambios climáticos, si es que existían, en las grandes ciudades. Hoy es un debate concluido. Si se toman las estadísticas de los últimos 10 años o más aún, de los últimos 20, se nota una creciente recurrencia de las lluvias de más de 100 mm en pocas horas. No es sólo que ha aumentado la cantidad de agua caída por año en nuestra zona, sino que lo que inutiliza las viejos estructuras de desagües urbanas es la recurrencia de las grandes lluvias en poco espacio de tiempo, y este efecto es reconocido por muchos estudios que advertían sobre la necesidad de trabajar en adecuar las grandes urbes a los efectos del cambio climático.

Es necesario recrear ámbitos de planificación urbana y regional para evitar que el corto plazo nos imponga sus prioridades sin tener en cuenta proyectos que exceden más de una gestión.

Hemos criticado la visión desarrollista y cortoplacista que caracteriza al gobierno nacional y al de la Ciudad de Buenos Aires (la Provincia no tiene políticas de ningún tipo) que en materia ambiental y luego en materia económico y social son tan perjudiciales. Esa visión corta les ha impedido trabajar en conjunto en un modelo de crecimiento urbano planificado y las consecuencias de ello hace mucho que se pagan, aunque las lluvias las puso en evidencia para todos recién en los últimos dos años.

No es necesario inventar nada, el modelo de los 80 con la CONAMBA puede replicarse perfectamente para darle a toda el área metropolitana un manejo integral, y en particular a la cuestión hídrica un manejo basado en el concepto de manejo del ciclo del agua y no como simple ejecutor de obras.

Esto significa que cada cuenca se maneje como tal, con una visión integral.

De todas maneras la planificación debe resolver primero cuestiones simples de gestión cotidiana pero que en esta emergencia fallaron. Fue evidente el abandono en el que se encontraban muchos sectores urbanos como consecuencia de la inadecuada gestión de la basura, el mantenimiento de los desagües pluviales y los escasos controles a las empresas prestadoras de servicios.

Luego las obras importantes, sobre lo que tampoco es necesario inventar nada ya que son conocidas. Organismos como el Instituto de Hidrología de la UNLP lo han propuesto en varias oportunidades, pero insistimos, esas obras de drenajes, canalización o entubamientos sólo son útiles si se dan en el marco de una mirada integral del área. De nada sirve, y es más, a veces agrava la situación, realizar un drenaje de un arroyo en San Martín que luego desemboca por Buenos Aires sino se tiene en cuenta sus consecuencias aguas abajo.

Esta decisión de trabajar en acciones que surjan de planes de mediano y largo plazo, es tan importante como las obras en sí, y es en la falta de implementación de esas acciones donde reside el gran fracaso de las tres jurisdicciones, que otra vez, como con la disposición de los residuos urbanos o con el Riachuelo intentan pasarse las responsabilidades por las consecuencias del desastre.

Si se acepta la necesidad de trabajar siguiendo un criterio de crecimiento planificado para permitir un desarrollo urbano y social sustentable, lo que viene luego es más fácil.

Las intervenciones sobre cada cuenca, los sistemas de monitoreo y generación de alertas satelitales, para anticipar futuros hechos climáticos extremos y poder adoptar medidas preventivas previas, la información a los habitantes de cada barrio con sus características propias sobre cómo actuar ante nuevas situaciones de este tipo, controlar mejor a las empresas de servicios para que cumplan con lo comprometidos en los contratos, son acciones necesarias, pero sólo útiles si incorporamos el criterio de manejo metropolitano del área.

Finalmente queremos advertir que esta situación nos recuerda la importancia de crear una nueva agenda política, y es necesario hacerlo pronto porque el cuerpo social se resiente en cada acontecimiento como este, ya que sus impactos tienen como consecuencia que las nuevas condiciones estén más frecuentemente fuera del rango de tolerancia del sistema económico-social.

Generalmente, el impacto económico inmediato es evidente, sobre todo si se consideran los efectos sobre la infraestructura urbana o sobre la infraestructura hidráulica o la energía. Como consecuencia lógica y muestra de vulnerabilidad, se incrementan los costos socioeconómicos.

Según la opinión de algunos autores que compartimos, el sistema físico es capaz de reequilibrarse con cierta rapidez tras un evento más o menos intenso que altere las condiciones habituales, pero los daños que esto puede ocasionar en el sistema económico y en los sistemas urbanos, pueden ser no sólo más graves, sino también más duraderos, e incluso irreparables. La curva de recuperación de los sistemas económicos y urbanos es mucho más lenta que la de los sistemas físicos.

Es hora de trasladar este debate de los ámbitos académicos hacia la agenda política. No solo para proponer de qué manera aportamos como país a la disminución de los gases de efecto invernadero o que obras son más importantes para atenuar los efectos de las inundaciones, sino para asumir como un problema del hoy - no de nuestros hijos - los impactos sobre los sistemas económicos y urbanos de los cambios climáticos y actuar en consecuencia. Hablamos de incorporar a nuestras grandes ciudades sistemas más rápidos de drenaje de agua para impedir su acumulación y cría de vectores, como alejamos a poblaciones enteras del riesgo de enfermarse, como adecuamos la infraestructura portuaria a los cambios de nivel o las políticas agrícolas para evitar como ocurre hoy, el incremento de los procesos de erosión y desertificación.

Debemos asumir que la fragilidad y las rigideces del sistema económico son mayores que las del sistema climático, y dado que ambos están interconectados de un modo muy complejo, el cambio climático se traslada a nuestras economías y a nuestras ciudades en un plazo mucho más corto de lo que aceptábamos los decisores políticos.

Las crisis no esperan y a la inoperancia e incapacidad de actuar en conjunto de los gobernantes actuales, entre ellos tres aspirantes presidenciales, debemos contraponerle desde nuestra posición de oposición responsable - que creemos en un Estado capaz de planificar el desarrollo en el tiempo - una política de gestión ambiental moderna donde la aplicación de nuevos paradigmas nos garantice un proyecto metropolitano sustentable y exitoso.

 

Pablo Quiroga, Lic. en Ecología y ex Subsecretario de Política Ambiental.

    Te puede interesar


    ¿Qué opinás sobre esto?