Opinión Jueves, 30 de Octubre de 2014

Nadie debe acumular todo el poder

Por Juan Manuel Casella

Todo el mundo dice que el gobierno se está yendo. Que su tiempo se agota. Que el impedimento constitucional para un tercer mandato lo deja sin chances y clausura una época. Pero las apariencias engañan: en realidad, el kirchnerismo no se está yendo, sino que apuesta todo a su regreso y para eso, interpreta el próximo período presidencial como una interrupción inevitable que aprovechará para repotenciarse y volver.

Para alcanzar ese objetivo cuenta con algunas ventajas. En primer lugar, la unidad de comando: la jefatura de Cristina no se discute y en un sistema político caracterizado por la dispersión, el comando centralizado y excluyente parece ser una ventaja comparativa. En segundo lugar, el relato. Acumulación de ficciones, de medias verdades y de mentiras absolutas, muy bien armado y mejor difundido. Luego, una vocación autoritaria y transgresora que sintoniza con el desprecio por la ley que suele esconderse en el subconsciente nacional.

Pero no todas son ventajas. Algunas cuestiones dificultan el retorno. En principio, la realidad concreta: la inflación, la recesión, la falta de dólares, el gasto improductivo, la pobreza estructural, la inseguridad, la corrupción impune.

Por otro lado, la imposibilidad de tener un candidato propio, porque la unidad de comando impide, por su propia lógica, apoyar a ningún peronista que no sea Cristina, ya que otro peronista en el poder implicaría el riesgo cierto de alinearlos a todos detrás del nuevo jefe. Por eso, aún en el caso de que el kirchnerismo resolviera apoyar algún presidenciable peronista para cubrir a los candidatos de segundo nivel, ese apoyo será débil, desganado, mezquino, más aparente que real, porque para el “operativo retorno” el cristinismo necesita que gane aquel candidato que, además de no ser peronista, permita la vigencia del relato.

Para ese período pre-retorno, la presidenta lo eligió a Macri, más por su procedencia social que por sus ideas, y porque cree que es el más adecuado para sostener en su tropa, el espíritu de combate basado en la epopeya. Por otra parte, en ese combo Cristóbal López, que crece apoyado por ambos, ejerce la función de bisagra en defensa de sus intereses. Paradójicamente, el antikirchnerismo –posición política que, como toda negatividad, sirve para fortalecer lo que se rechaza– pretende juntar a toda la oposición alrededor de Macri para derrotar al gobierno, cuando en realidad estará facilitando su regreso.

Scioli, Massa y Macri disputan un electorado parecido, proclive a valorar la gestión por encima de las ideas. Por eso el enorme gasto publicitario, que apuesta a jerarquizar gestiones por lo menos discutibles, que en el caso de Scioli oculta fracasos en todas las áreas, en Macri déficits notorios en salud pública, educación y ejecución del presupuesto para vivienda y en Massa, la inocultable procedencia de las entrañas del gobierno que hoy aparenta combatir.

El espacio restante pretende ser ocupado por FA-UNEN, que produjo expectativas favorables cuando apareció, a partir de sus potencialidades: proximidad de ideas entre quienes lo integran, definiciones de contenido progresista, extensión nacional, capacidad de gestión probada en varios de sus dirigentes, equipos técnicos, garantías de honestidad personal, independencia frente a los poderes corporativos.

Allí los problemas están a la vista. Cuesta terminar la construcción de un espacio homogéneo y bien articulado que asegure permanencia y continuidad. Cuesta soportar la presión que ejercen –con buena o mala intención– quienes proponen alianzas sólo pensadas en función de un supuesto e incomprobable resultado electoral, sin tomar en cuenta la necesidad de convertir el triunfo electoral en un gobierno coherente y exitoso. Cuesta superar las tendencias hacia el individualismo que deformaron el sistema político argentino a partir de los años ‘90.

Cuesta administrar la abundancia de candidatos frente a competidores que apoyan a uno solo. Pero por encima de los costos, está la necesidad de contar con propuestas bien diferenciadas e identificables que sirvan para instalar un cambio conceptual, cultural y moral, no sólo un intervalo entre dos etapas del mismo signo. La democracia significa alternancia.

En Argentina de hoy, mucha gente piensa que el único que puede gobernar es el peronismo y aún más: que el peronismo está en condiciones de impedir que los demás gobiernen. La instalación definitiva de una fuerza dominante y excluyente no hará más que confirmar ese mito y profundizar la decadencia. Si los argentinos queremos vivir en unión, igualdad y libertad, nadie debe tener todo el poder.

 

Por Juan Manuel Casella, secretario del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical (UCR). Ex ministro de Trabajo y ex diputado nacional

FUENTE: Clarín

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