Opinión Miercoles, 16 de Julio de 2014

Aprendices de hechiceros: el Gobierno no gana con el discurso "antibuitre"

Por Diego Dillenberger

Quién no recuerda el film Fantasía, de Disney, en el que Mickey se colocaba el sombrero del brujo y hechizaba a una escoba para que hiciera por él el trabajo de buscar baldes de agua que le había encomendado el mago. Inolvidable joya de los dibujos animados de la década del 50 basada en el Aprendiz de hechicero de Goethe.

Para el travieso ratón, todo terminó mal: tapado por el agua por cientos de escobitas que cobraban vida al compás de la maravillosa música de Paul Dukas. Mickey casi terminaba ahogado, de no ser que el viejo hechicero llegó justo a tiempo para salvarlo y reprenderlo muy enojado.

No hay mejor parábola que la de Mickey en Fantasía para describir la gran tentación de los gobiernos populistas con el nacionalismo en la opinión pública.

¿Qué tienen que ver Fantasía, Mickey y el Aprendiz de hechicero con Argentina? Que estamos ante una nueva apuesta del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner de hechizar a la opinión pública con una causa malvinera. Esta vez contra los fondos buitre que derrotaron al país en la justicia neoyorquina.

Desde afiches callejeros proclamando patria o buitres, pasando por los discursos más encendidos de la Presidenta y el ministro de Economía, las declaraciones solidarias de organismos internacionales que no tienen el más mínimo peso en los mercados financieros pero dan bien en los entretiempos de propaganda de Fútbol para Todos, hasta barrabravas oficialistas desplegando banderas contra los buitres en las canchas mundialistas de Brasil: toda una estrategia malvinizadora que no tendrá un destino muy diferente que los intentos anteriores:

El primer ejemplo fue el de Botnia, desde 2005: la opinión pública realmente se enganchó con la propuesta anti-uruguaya por la papelera que, supuestamente, generaría un desastre ambiental. Pero el gobierno sigue debiendo la prueba de la contaminación.

En 2007, el gobierno de Néstor Kirchner intentó responder al affaire de la valija con dólares de Antonini Wilson con ataques verbales y manifestaciones espontáneas contra la embajada de Estados Unidos.

En abril de 2012, para el vigésimo aniversario de la guerra de Malvinas, la Presidenta volvió a intentar una nueva malvinización que solo le sirvió al premier inglés David Cameron para mejorar sus índices de imagen. Los argentinos estaban demasiado ocupados con las inundaciones de esos días, y el recuerdo de la auténtica malvinización de Galtieri era demasiado amargo como para volver a engancharse.

Apenas días después, el gobierno tuvo un poco más de suerte con la reestatización violenta de YPF: la opinión pública aprobaba mayoritariamente el regreso de la petrolera al estado. Pero el efecto se esfumó, porque la gente mostraba en las encuesta rechazo tajante a las brutales formas de confiscación.

Desde este mismo año, un nuevo intento de malvinizar con Botnia por el anunciado aumento de la producción de la papelera finlandesa (hoy rebautizada UPM) no tuvo el más mínimo efecto. Recordemos: todavía el gobierno debe la prueba anterior de presunta contaminación, y los resultados de las inspecciones argentinas se guardan bajo siete llaves (¿por qué será?).

El que diga que tiene datos de encuestas que manejaría el gobierno y que darían que en el caso de los buitres la malvinización ahora sí daría ganancias, se equivoca. La gente no está escuchando. La gente está con la cabeza en el fútbol, decían casi a coro los encuestadores y coinciden: La gente no quiere más discursos, quiere soluciones. Además, hay que computar que el saldo de credibilidad de cada estrategia malvinizadora es menor.

Pero analicemos los escenarios en el capítulo Derrota judicial con los hold outs para ver si el gobierno puede llegar a obtener algún mínimo beneficio de imagen con esta nueva apuesta malvinizadora:

El juicio perdido solo deja la opción de pagar o ir al default. Si Argentina eligiera el default como reacción de rebeldía para azuzar a la opinión pública, las tremendas consecuencias económicas se volverían rápidamente contra el propio gobierno y se vería afectada seriamente la gobernabilidad en el último tramo de mandato de Cristina. Basta recordar cómo se le dio vuelta la opinión pública al general Galtieri luego de la humillante derrota en Malvinas.

Y si Argentina, como realmente lo está buscando, termina pagando, toda la malvinización de hoy olerá a derrota mañana. Aunque se aplaquen los mercados y el gobierno obtenga oxígeno financiero para terminar el mandato sin graves sobresaltos, la malvinización buitre es en esta opción también un negocio a pura pérdida.
Como se ve, una estrategia de malvinización para luego terminar pagando va a pérdida, mientras que malvinizar y rebelarse ante la justicia neoyorquina, también va a pérdida.

El problema que tienen los asesores comunicacionales de la Presidenta es que no hay hechicero que aparezca para arrebatarle el sombrero a Cristina y poner las cosas en orden. Eso solo le pasaba a Mickey en Fantasía.

 

Por Diego Dillenberger

FUENTE: El Cronista

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