Opinión Por Fabián Bosoer Jueves, 3 de Abril de 2014

Cinco años sin Raúl Alfonsín: sus huellas y las grietas

El politólogo y periodista recuerda la figura del ex presidente y analiza la aplicación de sus palabras a la actualidad de nuestro país.

Seguramente estaría observando con enorme preocupación el divorcio entre la tradición liberal republicana y la tradición nacional-popular, las dos vertientes de lo que -entendía- eran las corrientes políticas que propulsaron la democracia a lo largo de nuestra historia, en un proceso de luchas que sólo a partir de 1983 había podido lograr la dificultosa confluencia entre democracia y república en la Argentina.

En esa tensión entre la lucha por las libertades y la lucha por las igualdades sobre la que talló su discurso el kirchnerismo veinte años después, ubicaba Alfonsín el gran equívoco o impostura que llevaría a toparnos, a la corta o a la larga, con nuevas frustraciones. Allí donde muchos veían que esa confrontación representaba un avance cualitativo de la democracia, él advertiría sobre un camino de extravío que podía conducirnos a los mismos atolladeros y antagonismos del pasado, aunque tuvieran nuevos ropajes y fraseos.

Trascendiendo esa grieta, de todos modos, su figura se fue reconociendo como la del padre de esta democracia que supimos construir, con sus grandes conquistas, sus frustraciones y asignaturas pendientes. Tuvo la ventura de poder ver ese reconocimiento en vida, ya convaleciente con admirable integridad de la enfermedad que lo aquejaba. En aquella memorable ceremonia en el Salón de los Bustos de la Casa de Gobierno, el 1° del octubre de 2008, Alfonsín dijo: “Siempre creí y así lo dije en tantas oportunidades que es la misión de los dirigentes y de los líderes plantear ideas y proyectos evitando la autoreferencialidad y el personalismo; orientar y abrir caminos, generar consensos, convocar al emprendimiento colectivo, sumar inteligencias y voluntades, asumir con responsabilidad la carga de las decisiones. ‘Sigan a ideas, no sigan a hombres’, fue y es siempre mi mensaje a los jóvenes.

Los hombres pasan, las ideas quedan y se transforman en antorchas que mantienen viva la política democrática”. Y recordó además, el tiempo que se perdió “discutiendo para atrás”, como resultado de la constante confrontación e incapacidad de alcanzar grandes acuerdos.

Néstor y Cristina lo escuchaban con respeto. Aquel acto de homenaje al ex presidente fue la más alta expresión de convivencia democrática que se permitieron durante esta década. No imaginaban, tal vez, lo mucho que esas palabras de Alfonsín tenían que ver con el presente y el futuro, y con su propio lugar en la historia.

 

Por Fabián Bosoer

FUENTE: Clarín

 

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