Opinión · Martes, 18 de Marzo de 2014

Gremialismo en la década K

Una de las banderas de progresismo que hace flamear el kirchnerismo es la recomposición del salario mediante la apertura de paritarias luego de años de congelamiento de las negociaciones a partir de los 90’. Sin lugar a dudas es un logro a destacar, debido a que sólo con el acuerdo de partes se vive en una democracia plena.

Los sindicatos en Argentina tienen una relacion especial con el poder.

Es importante indagar minuciosamente si la reapertura de paritarias ¿Es un movimiento progresista o un simple maquillaje proselitista a los que este gobierno nos tiene acostumbrados?

Sin lugar a dudas es un simple maquillaje que se corre a medida que se cae el relato, relato que permitió implementar una política de consumo durante los años de “Comodities” a tasas chinas y que trajo como consecuencia un proceso inflacionario.

Las paritarias son una instancia en la que trabajadores y empresarios deben consensuar los salarios de los respectivos gremios, y cuyo objetivo principal de los representantes de los trabajadores es disminuir la desigualdad social y que el poder económico no se concentre en unos pocos. Es decir que la riqueza se distribuya en favor de los trabajadores.

Esto mismo no sucede ni sucedió en la Argentina en la década K, lo que sucede es simplemente negociaciones de paritarias acordes más o menos a la inflación anual. Que sirve para mantener el poder de compra de los salarios, y si bien no es un objetivo menor no es el objetivo real de las mismas.

Se podría decir entonces que los dirigentes gremiales fracasan en las negociaciones, pero es importante señalar que los gobiernos deben mediar para que los acuerdos puedan llevarse a cabo con normalidad. Si bien esto sucedió en esta última década, también sucedió que el gobierno intervino constantemente sugiriendo y luego imponiendo techos a los reclamos sindicales, en otras palabras actuando por la parte empresaria.

Durante la primera presidencia de Perón la diferencia entre el 10% más rico y el 10% más pobre era de 12 veces, en el gobierno de Raúl Alfonsín fue de 13 veces (algo loable considerando el país en ruina que heredó del gobierno de facto y el complejo panorama internacional) y durante la presidencia de Néstor Kirchner la diferencia fue de 50 veces (fuente INDEC).

Evidentemente se demuestra cuáles fueron los gobiernos interesados realmente en disminuir la desigualdad social. El bienestar de la clase trabajadora no pasa simplemente por las negociaciones paritarias, hay otros factores como el acceso al crédito hipotecario a bajas tasas, los créditos prendarios y los sistemas de cobertura de salud.

En Octubre de 2013 para comprar un departamento de 2 ambientes se necesitaban 69 sueldos promedios de $10.000, en el mismo período del año 2011 eran necesarios 46 sueldos, según datos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Con los vehículos sucede algo similar, según el Ministerio de Trabajo en 2011 el sueldo promedio era de $5640, el mismo en 2013 fue de $6638, esto implica un 18% de aumento.

Un indicador muchas veces olvidado son los servicios de salud, la clase trabajadora cuenta con el servicio de su obra social sindical. Esta misma muchas veces, y dependiendo del gremio, es muy deficiente por debajo incluso del servicio público. Los centros de atención, salvo en algunas excepciones, tienen edificios que datan de la década del 70’ u 80’ con un mantenimiento básico que se denota en el detrimento de los mismos.

Un sistema corrupto (en complicidad con el sector empresario de los centros de diagnóstico y tratamiento, y la vista gorda del gobierno) del “Ana-Ana” que nos costó la vida de uno de los cirujanos cardiovasculares más importantes del mundo: Dr. René Favaloro.

Turnos a 3 o 4 meses para un especialista y para cirugías programadas. Todas estas cuestiones que tienen como consecuencia el deterioro del sistema de salud de los trabajadores y por ende de su calidad de vida hacen también a la desigualdad.

Por otro lado datos del propio Ministerio de Trabajo, muestran que el trabajo informal en 2012 fue de 32%, haciendo que el acceso a la seguridad social (deficiente pero aun así seguridad social) sea nulo para ese porcentaje de los trabajadores.

Entonces, ¿fue suficiente la reapertura de paritarias en la década K? claro que no. La desigualdad social continúa, y lo que es peor aún, este año se presenta con un plan de ajuste para frenar la inflación. Un plan ortodoxo, devaluando la moneda y subiendo las tasas de interés, lo que imposibilita aún más obtener créditos hipotecarios y/o prendarios.

Además para que no queden dudas de que el ajuste el gobierno se lo quiere hacer pagar a los trabajadores interviene en las negociaciones paritarias imponiendo techos a los porcentajes reclamados por los gremios y pidiendo mesura.

La reapertura de las paritarias es una bandera que el kirchnerismo ya no podrá hacer flamear porque en esta cuestión, también se le cayó el relato.

Por Leonel Luongo

Congresal Gremio de la Sanidad de la Ciudad de Buenos Aires. Docente Ad Honorem III Cátedra de Histología, Embriología, Genética y Biología Celular. Facultad de Medicina UBA. Estudiante de medicina UBA.

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