Opinión · Lunes, 30 de Diciembre de 2013

Memoria, indultos y Democracia

Parecía una broma del día de los inocentes. Pero no. Cinco años después de la histórica sentencia que mandaba a la cárcel a los máximos responsables del terrorismo de Estado, el gobierno de Carlos Menem los beneficiaba con el indulto.

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

No era la primera vez que este gobierno hacia lo mismo, ni que este partido tomaba una actitud tan laxa con los responsables de lo ocurrido durante la dictadura militar. Ya en 1983 el Partido Justicialista, en la figura de su candidato a presidente Ítalo Luder, declaraba que era imposible juzgar a los militares a partir de la Ley de Autoamnistia. El radicalismo se paró en la vereda de enfrente y, contra todos los pronósticos, logró revertir la ley y enjuiciar y sentenciar a los militares. En 1989, apenas dos meses después de asumir, Carlos Menem indultó a los líderes guerrilleros que habían sido enjuiciados y condenados por el gobierno anterior por hechos ocurridos durante la dictadura. De esta forma, el presidente concedió el indulto a Fernando Vaca Narvaja y Rodolfo Perdía por la causa iniciada por lesiones, daños y atentado con Guillermo Walter Kleim entre otras. En ese mismo decreto se decidió el indulto de Rodolfo Galimberti y Miguel Bonasso.  Según el decreto N°1003 de Octubre de 1989  el argumento general del gobierno era que el Poder Ejecutivo pretendía crear las condiciones y escenario para “la reconciliación, el mutuo perdón  y la unión nacional”. Algo ambicioso para un país que hacia menos de 10 años había pasado por una de las peores dictaduras de la historia.

Estos decretos también indultaron a todos los militares juzgados y procesados por “la lucha contra la subversión”, a excepción de Videla, Massera, Suarez Mason y Viola. El nuevo presidente, hizo el anuncio desde su pueblo natal en la Rioja, El Chamical, y al momento del anuncio lo secundaron en la foto su hermano Eduardo y su esposa Zulema Yoma. Entre los indultados, estaba Graciela Daleo de Montoneros, que estuvo secuestrada en la ESMA desde 1977, la misma rechazó el indulto por la causa del secuestro del directivo la firma Mercedes Benz, Heinrich Metz.  

Como una ironía del destino, los indultos de 1989, fueron publicados en el boletín oficial el día 10 de Octubre de ese año. En ese boletín oficial estaban igualados Galtieri, con Vaca Narvaja o Daleo y Aldo Rico. Todos imputados y procesados por delitos diferentes, todos indultados en el mismo momento. Quizás Daleo, marcó la diferencia. No aceptar el indulto, es no reconocer la culpa sobre lo imputado. Los militares aceptaban el indulto y reconocían con él, la legitimidad del proceso judicial, su culpabilidad en los cargos, y sobre todo, su responsabilidad en los casos juzgados.

Catorce meses después de aquello, el gobierno avanzó en la misma línea para lograr “la reconciliación y el mutuo perdón”. La tapa de Clarín del 29 de  Diciembre de 1990, es contundente. Un título de media tapa rezaba “Menem firmó los indultos” y la foto de Suarez Mason, uno de los indultados. El tema venía siendo tapa del diario, junto con el alzamiento carapintada del 3 de Diciembre. De esta forma, el gobierno dispuso un indulto para el resto de los condenados que no habían sido incluidos en 1989. En este caso, por parte de Montoneros logró su indulto Mario Firmenich y Norma Kennedy. Pero en una serie de siete decretos consecutivos se indultó también a los militares y civiles juzgados, entre ellos: Videla, Massera, Agosti, Viola, Suarez Mason y Martínez de Hoz. El argumento era similar, se utilizaba como base el decreto 1003/89 que indultó a los Montoneros, pero se aclaraba que había “llegado el momento de completar esas acciones” con el mismo propósito de la reconciliación, el perdón y demás. Los decretos 2741, 2742, 2743, 2744, 2744, 2745 y 2746 de 1990, copiaban los mismos argumentos de los de 1989 y avanzaba en la idea de consolidar la democracia, tarea a la que ponía en el mismo rango y con la misma jerarquía que la “pacificación y la reconciliación nacional”.

La reacción no tardó en aparecer, y cerca de diez mil personas convocadas por los movimientos de derechos humanos se concentraron el domingo 30 de diciembre en Plaza de Mayo. Sectores de la prensa de la época tampoco acompañaron la medida y el partido radical cuestionófuertemente la misma, ya que significaba un retroceso. Mientras,Clarín publicaba en tapa, una foto de Firmenich y el título “Todos los indultados están en libertad”. Dentro del menemismo la decisión de 1990, no fue bien recibida, sobre todo por el sector autodenominado “los celestes”, entre quienes figuran curiosamente Eduardo Menem, Carlos Corach y Eduardo Bauzá. Pese a esto, los decretos fueron firmados por el propio Menem y el Ministro de Justicia y Educación, Eduardo Salonia.

Sobre el origen de los indultos se han hecho varias conjeturas. Una versión indica que en 1988 cuando Menem tenía por delante la interna peronista contra Antonio Cafiero, un grupo denominado Peronismo Revolucionario compuesto por ex Montoneros acercó al gobernador riojano la idea de los indultos, no sólo para los propios compañeros, sino también para los militares. El precandidato compró la idea y de a poco fue cumpliendo su promesa. Así como Alfonsín cumplió su promesa de juzgar a los responsables, todos por igual, de los actos terroristas ocurridos entre 1976 y 1983; Menem cumplió su compromiso de indultar a sus nuevos socios y a su ex captores.

En 2010, la Corte Suprema de Justicia, declaró inconstitucional los indultos menemistas a los ex jefes militares, a partir de un fallo en esta misma línea de la Cámara Federal. La Corte basó su fallo en las obligaciones del Estado, el cual debe velar por la protección de los derechos humanos, pero también la de investigar y castigar los “delitos aberrantes”. Para la Corte, ante esto no había posibilidad de excepciones y el accionar del Estado en el Juicio a las Juntas había coincidido con estas obligaciones. En 2010, la Corte concluyó un periodo que había iniciado años antes a partir de que fueron derogadas las leyes de obediencia debida y juicio final, y la Corte falló para derogar indultos de otros generales que abrieron la puerta al fallo que a su vez, derogó los indultos de los máximos responsables del terrorismo de Estado. Uno de los fallos que sirvió de base para derogar los mismos, establecía que "los delitos que implican una violación de los más elementales principios de convivencia humana civilizada, quedan inmunizados de decisiones discrecionales de cualquiera de los poderes del Estado que diluyan los efectivos remedios de los que debe disponer el Estado para obtener el castigo", según consignaba en Septiembre de 2010 el diario Tiempo Argentino, respecto al fallo Mazzeo. Aunque tarde, la justicia llegó.

Los indultos significaron un intento vano de pacificar un país y una sociedad, que lo que buscaba era la pacificación, pero a través de la Justicia y el castigo imparcial y constitucional de acuerdo a la leyes. Más de 20 años después de una medida polémica y que buscaba a partir del perdón, lograr la “reconciliación nacional”, resta todavía lograr que todos los responsables de acciones criminales y terroristas sean juzgados. Ni con olvido, ni con perdón, se puede lograr una verdadera reconciliación, sino que a través del Juicio y Castigo de todos los responsables. 

Menem fue el primer presidente del regreso a la democracia que utilizó esta herramienta constitucional. Los indultos funcionaron perdonaron y condonaron penas sin distinción a guerrilleros, militares y represores. No hubo distinción entre quienes utilizaron el Estado para perseguir y matar a ciudadanos, asaltando el poder y avasallando la Constitución, o quienes intentaron atentar contra la recompuesta democracia en los alzamientos de 1987 y 1988. Todos perdonados por unción presidencial. Con la excusa de consolidar la democracia y haciendo uso de las herramientas constitucionales, se indultó a los mismos que habían desconocido nuestra carta fundamental, pero sobre todo quienes habían terminado con la democracia. Se aseguró así, lo beneficios de la libertad y de la democracia para aquellos que habían impuesto el miedo y el terror como forma de gobernar.

 

Por Maximiliano Campos Ríos (@Maxicamposrios)

 

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