Opinión · Martes, 10 de Diciembre de 2013

Aniversario del gobierno de la transición democrática, desde la reflexión

Ricardo Alfonsín propone celebrar la democracia convocando a un "gran debate nacional" para resolver los grandes temas pendientes: el hambre, el atraso y la desigualdad en el acceso a derechos como la vivienda y la salud, la mala calidad educativa, los impuestos regresivos, la falta de confianza en las instituciones y sus gobernantes, el avance del delito organizado.

Elijo evocar el 30° aniversario del inicio del gobierno de la transición democrática no desde la nostalgia sino desde la reflexión y con la mirada puesta en el país que tenemos y en el que queremos para nuestros hijos. La fecha nos convoca a preguntarnos: ¿es este el país que en 1983 imaginábamos qué tendríamos 30 años después?.

Mi respuesta, y creo que la de muchos es no. Si bien se han producido, y son innegables, múltiples avances en los derechos civiles (desde la Ley de Divorcio o la de Patria Potestad compartida hasta el matrimonio igualitario), lo cierto es que no hemos podido utilizar los mecanismos que brinda la democracia para procurar el desarrollo del país. Es más: la última década hemos desaprovechado una de las más grandes oportunidades para hacerlo. Pensando en el futuro, celebremos la democracia convocando a un gran debate nacional para resolver los grandes temas pendientes: el hambre, el atraso y la desigualdad en el acceso a derechos como la vivienda y la salud, la mala calidad educativa, los impuestos regresivos, la falta de confianza en las instituciones y sus gobernantes, el avance del delito organizado.

La Democracia nos ofrece el método para saldar estas deudas. Como primer paso debemos reparar nuestras instituciones republicanas y mejorar nuestra cultura política, atravesadas cada vez más por la falta de diálogo, por la pretensión de imponer verdades y relatos únicos, por la incapacidad de reconocer en el otro alguien que también quiere lo mejor para el país, aún en el disenso, por la degradación del debate político que se concentra más en las consignas y en las figuras que en las ideas y las propuestas, y por el escaso funcionamiento democrático de los partidos, invadidos por personalismos y faccionalismos.

Si somos capaces de hacerlo, nuestros hijos podrán repetir aquel mandato orientador de acuerdo al cual, “con la democracia se come, se cura y se educa”

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