Opinión Por Rodolfo Rodil Jueves, 28 de Noviembre de 2013

En los 30 años de democracia, resalta la figura de Alfonsín

Hubiera querido celebrar con Raúl Alfonsín los treinta años de democracia. No fue posible, la finitud de la vida lo impidió. En su defecto he escrito lo que me hubiese gustado decirle el pasado 30 de octubre o el próximo 10 de diciembre.

Estimado don Raúl: han pasado treinta años desde que Usted asumió como Presidente y los argentinos estaremos de celebración. Celebramos que quienes hoy tienen más de treinta años hayan vivido siempre en democracia. Celebramos que podamos disentir sin temor a ser desaparecidos. Celebramos poder elegir y ser elegidos. Celebramos vivir en libertad.

Fueron muchos los que contribuyeron a fortalecer la democracia, pero creo que nadie hizo un aporte más importante que Usted.

En diciembre del ‘83, cuando no era fácil, Usted decidió juzgar a los dictadores. Sentó en el banquillo de los acusados a los responsables de miles de muertes, desapariciones y torturas. Dos años después, quienes habían sido los dueños de nuestras vidas durante la dictadura, eran condenados por la justicia ordinaria. No hubo autoamnistía ni fueros especiales.

Ese gesto de coraje cívico sentó las bases para “cien años de democracia”.

Usted siempre fue un hombre corajudo, desde el poder y desde el llano. Cómo olvidarme que Usted en épocas de dictadura se opuso, casi en soledad, a la guerra de Malvinas y luchó, junto a un puñado de dirigentes y abogados, en defensa de los Derechos Humanos.

Después, ya en democracia, se acuerda Presidente, cuando subió al púlpito para defender la honestidad de su gobierno del ataque de monseñor Medina, o cuando les dijo a quienes lo chiflaban en la Sociedad Rural, allá por el ‘88, que “no dejar hablar al orador era una actitud fascista” y que lo silbaban a Usted mientras habían aplaudido a los dictadores, o cuando en las escalinatas de la Casa Blanca le dijo a Reagan que no estaba de acuerdo con el intervencionismo norteamericano en Centroamérica y demandó por una democracia social. Usted no callaba ni ofendía; debatía.

Cambiando de tema, quería decirle que algunos despistados, aún hoy, se burlan de uno de sus planteos más audaces: “Con la democracia se come, con la democracia se educa, con la democracia se cura”. No comprenden que si la democracia no garantiza el ejercicio de los derechos más elementales puede ser presa fácil de cualquier tipo de mesianismo autoritario.

Se asoma el 10 de diciembre y nos disponemos a celebrar la democracia y los DDHH. Ese día don Raúl, muchos argentinos, aún los que como yo en el ‘83 no lo votamos, lo vamos a extrañar. Nos acordaremos que Usted demostró que se puede gobernar y ser decente.

También evocaremos su valentía, su vocación republicana, su combate contra el autoritarismo, su firmeza frente a los poderosos, su porfía por la paz, su compromiso con los más débiles, su tolerancia, su vocación de diálogo y su hombría de bien. En síntesis, el 30° cumpleaños de la democracia, será también el día de don Raúl Alfonsín, un gran presidente, el gran demócrata.

 

Por Rodolfo Rodil  - Ex vicepresidente de la cámara de diputados

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