Opinión por Carlos Pisera Jueves, 24 de Octubre de 2013

Elecciones y síndrome de Estocolmo

Aunque los candidatos priorizan sus propios intereses, y lo dicen, a muchos porteños parece no importarle.

Jueves, 24 de Octubre de 2013

Las características que presenta la elección de senadores nacionales en la ciudad de Buenos Aires nos obligan a algunas reflexiones que, aunque bastante primarias, parecen resultar necesarias dado el contexto confuso que producen algunos de los mensajes de campaña. Y decimos que son primarias, o elementales, porque se relacionan con qué se elige, cómo se elige y, también, qué implicancias políticas e institucionales tiene una u otra opción que tomen los porteños.

Como sabemos, la Argentina se organiza como una república federal. De entre los órganos que se diseñaron para gobernar la nación, es en el Poder Legislativo en el que las provincias resguardaron su representación ante el gobierno federal. El Senado de la Nación es el órgano en el que se representan y defienden los intereses de cada uno de los estados locales de la república federal.

Es decir que los tres senadores que debemos elegir deberían ser los que defiendan los intereses del estado local que todos los porteños conformamos –el de la Ciudad-.

Pero tenemos la fortuna de que, para la elección de senadores, dos de los tres candidatos que encabezan las listas, y que según las encuestas podrían sumar cerca de un 60% de los votos entre ambos. Gabriela Michetti por el PRO y Daniel Filmus por el FPV, son personas de las que podemos evaluar cuánto han realizado por la defensa de los intereses del estado de la Ciudad ante la nación y las provincias.

Filmus, ya viene siendo senador durante los últimos seis años; y Michetti, durante el mismo período fue nada menos que la Vicejefa de gobierno de la Ciudad los primeros dos años y digna representante del gobierno local, el de Mauricio Macri, como diputada nacional los otros cuatro. Todo debería marchar sobre ruedas.

Sin embargo…

 

Los porteños y el Síndrome de Estocolmo.

El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica que una persona retenida contra su voluntad tiene con su victimario, desarrollando una relación de complicidad y hasta fuerte vínculo afectivo con él.

Su denominación tiene origen en el asalto a un banco en la ciudad de Estocolmo, Suecia, en 1973, en el que en el momento de la liberación, un periodista fotografió cómo una rehén y uno de los secuestradores, antes de ser detenido, se besaban y se comprometían en matrimonio.

Según los expertos en psiquiatría, “el llamado síndrome de Estocolmo sólo se presenta cuando la víctima o bien asume la culpabilidad de la agresión, o incluso imita física o moralmente al agresor, adoptando ciertos símbolos de poder que lo caracterizan".

Siendo, como dijimos, que ese 60% de porteños que dice que votará a la Lic. Michetti y el Lic. Filmus,  tiene la fortuna de basar su decisión en el accionar ya conocido de sus candidatos durante los últimos seis años en el desempeño de cargos en los que debió ser fundamental la defensa de los intereses del estado de la Ciudad, resulta interesante desentrañar si todo marchará sobre ruedas, o si estamos ante un nuevo síndrome, local, de raíces comunes con el de Estocolmo.

 

Primero el movimiento…

La reflexión más profunda del Lic. Filmus respecto de uno de los debates televisivos de campaña fue el siguiente: “(…) en la Ciudad hay un movimiento nacional y popular encabezado por Cristina por un lado, y distintas perspectivas de derecha por el otro (Télam)". Coherencia pura, porque en esa definición, tan maniquea como la de sus compañeros de bancada: manifiesta con claridad no ya su apego a un régimen violador serial del federalismo, no ya su adscripción a prácticas decididamente unitarias, sino su desprejuiciada ¿convicción? de que el Unicato de Cristina –y antes de Nestor- es la llave que abre la puerta a la felicidad del pueblo.

Sobre ese eje ha definido la totalidad de sus votaciones en la Cámara.

Así podemos recordar su voto en contra de la coparticipación del impuesto al cheque, su voto a favor de quitarle los depósitos judiciales al Banco de la Ciudad, su falta de apoyo a cualquier iniciativa de modificación de la Ley Cafiero que limita la autonomía de la Ciudad, su apoyo a las modificaciones a la Carta Orgánica del Banco Central para que ceda su patrimonio para financiar los gastos del Unicato. Ni siquiera ha levantado la voz por el atropello a la tradición educativa de la ciudad de Buenos Aires a que nos está sometiendo el Consejo Federal de Educación, equiparando para abajo.

En los proyectos que presentó no es posible encontrar uno sólo que trate alguna materia vinculada con la autonomía que el justicialismo le niega sistemáticamente a la Ciudad de Buenos Aires.

Ni hablar de alguna acción que censure a una provincia amiga que esté violando ostensiblemente los derechos constitucionales, como el caso de Formosa con la comunidad QOM.

Ese es el senador que hace seis años defiende y aplaude el unicato en lugar de los intereses de la Ciudad.

 

Ciudadanos…Perdón…, ¡vecinos!

También con el macrismo se da un caso en el que nadie podrá decir que fue confundido o que le han mentido. Desde el principio, Macri ha manifestado que su verdadero proyecto es ser presidente de la nación, y ha descubierto que, entonces, para transitar aguas calmas es un buen recurso reducir los alcances del gobierno de la Ciudad a una mera intendencia, lo que además le reporta beneficios que recoge con ambas manos: una la mantiene cerrada para que no entren los temas que exigen definiciones políticas, y la otra la tiene bien abierta para el “círculo rojo”.

Qué mejor que mostrarle al establishment (eso es el círculo rojo) cómo es capaz incrementar el gasto para 2014 a un 500% más que el de 2007, cuando asumió. ¿En qué se aplica el gasto si se gobierna para el círculo rojo? Obviamente en obra pública.

Todos nosotros somos sólo vecinos. Es decir que ahora el orden jerárquico del “equipo” es: Mauricio –el único ciudadano y por eso candidato presidencial en 2015-, Gabriela y el resto de los sonrientes, los globos amarillos y, después, según dice su propio afiche de campaña, todos nosotros, que somos sólo “vecinos”.

 

¿Alguien conoce a Marta Varela?

Como buena alumna de Macri, a Michetti sólo le interesa la elección del 27/10 para que quede claro que debe ser ella la candidata a Jefa de Gobierno de la Ciudad del Pro en el 2015.

“En el entorno de la diputada (Michetti) creen que si el domingo que viene se confirman los números de los encuestadores, que le otorgan cerca del 40 por ciento de los votos, va a ser “muy díficil” que Mauricio Macri no la elija como sucesora en la pelea interna que mantiene con Horacio Rodríguez Larreta.” (Clarin 20/10). Ella misma se ha encargado durante los últimos tres meses a instalar en los medios de comunicación que su sueño político es “suceder a Mauricio”.

Parece que para muchos porteños cada estocada recibida a manera de traición al voto pedido, y otorgado, profundiza aún más este Síndrome de Estocolmo vernáculo. Porque Michetti es muy coherente; ya en 2009, a pesar de haber sido electa Vicejefa de Gobierno hasta 2011, renunció a mitad de mandato para ser candidata a diputada. Ahora, nos dice que renunciará a mediados de 2015 para ser candidata a Jefa de Gobierno a pesar pedir al mismo tiempo el voto para ser senadora hasta diciembre de 2019.

Pero además, renunciada Michetti transcurrido un cuarto de su mandato deberá asumir la suplente y actual legisladora Marta Varela. ¿Quién es?

Sería útil saber qué piensa esta señora sobre algún tema, uno al menos, de los que tendrá que tratar como senadora nacional.

Sería bueno también que ese 60% de porteños que repartirán su voto entre Filmus y Michetti se tomaran al menos un momento para pensar en qué importancia tiene para la Ciudad la representación en el Senado y, recién entonces, decidir a qué lista votar de entre las tres con posibilidades.-

 

Carlos Pisera estudió ingeniería en la Universidad Tecnológica Nacional y fue subsecretario de Coordinación de Recursos en la Secretaría de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, durante los años 2002 y 2003.-

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