Opinión por María Eugenia Maurello Domingo, 29 de Setiembre de 2013

“Wakolda” se hace grande

Un análisis de la película argentina precandidata al Oscar, dirigida y escrita por Lucía Puenzo.

Domingo, 29 de Setiembre de 2013

De tal palo tal astilla tendría que tornarse un refrán positivo para contar que es lo que pasa cuando uno mira a Luis Puenzo y a su hija Lucía. Es que ella bien podría seguir los pasos de su padre, el primer argentino que ganó un Oscar con “La Historia Oficial (1985). Puenzo (hija) podría hacerlo no tanto como una réplica en una simple mímesis con el pasado, sino más bien como un merecido galardón de un presente que la ubica –sin dudas- entre las directoras más destacadas de su generación

“Wakolda” es una historia densa, perturbadora, enorme. Un film que gana en la inmensidad de la Patagonia y no redunda en recursos. Todo lo contrario.

Puenzo presenta a Josef Mengele (Alex Brendemuhlel) el médico nazi que experimentaba con personas detenidas en los campos de concentración, primero, y que migró a la Argentina donde encontró asilo e hizo sitio en Bariloche.

A partir de ese anclaje real la directora cuenta la historia en la década del sesenta e introduce a Mengele en el seno de una familia argentina que lo padece desde el principio del relato. Es que establece un fuerte vínculo con la mamá  (Natalia Oreiro)  una mujer criada en un colegio alemán que atiende y hasta podría decirse se fascina con el saber que expone Mengele, aunque  el lazo más estrecho será el de este hombre con Lilith (Florencia Bado) la nena de la familia que sufre un problema de crecimiento físico.

El médico se obsesiona con la pequeña y la obnubila, y en esa relación Puenzo devela la monstruosidad de ese personaje, la omisión de algunos, la obsecuencia de otros  y el contexto socio político que da paso a esta historia de uno de esos agentes nazis que aunque –hoy- parezca increíble recibieron alojo en los años cuarenta con la venía del primer gobierno de Perón, y durante décadas caminaron tranquilamente por nuestro país.

Si bien “Wakolda” aborda un tema como el nazismo, ultra contado en el cine mundial, esta vez revisitado en el plano local, me atrevo a decir que fuera del formato documental es un tópico casi inexplorado en el cine argentino. Si analizado en la investigación periodística “Odessa al sur” de Jorge Camarasa, como así también en el trabajo “Las memorias del general” de Tomás Eloy Martínez.

Es doble el hallazgo de Puenzo. Es que no sólo aborda el caso Mengele sino que además le da solidez a la historia con la elección del elenco. A la acertada convocatoria de Oreiro, en uno de los roles centrales, hay que sumar a Elena Roger que en este film demuestra su integridad artística en la interpretación de una espía del Mossad, que no le da tregua a Mengele. Vale destacar además el inmenso trabajo de la niña actriz Bado.

Además, Puenzo da cuenta que no alcanza con nacer en la familia indicada o que el linaje artístico no lo hace todo. Sino que por el contrario invita a pensar que pueden ser muchas más las veces en las que la tenacidad acompaña al talento. Tal es su caso. Sólo basta con recapitular como llegó a este presenté: estudió la carrera de Licenciatura en Letras (UBA) y  al mismo tiempo dirección de cine en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC) para después despuntar en la literatura con “La maldición de Jacinta Pichimahuida” y “La furia de la Langosta” entre otras novelas y en el cine con “El niño pez” y con “XXY”, también pre candidata a los premios de la Academia.

Lo auspicioso de esta pre selección es que hace posible que el film aumente el volumen de espectadores y que eso, a su vez, permita que la película esté más tiempo en cartel, a dos semanas del debut, tal cual lo reconoció la propia directora.

Que así sea, que "Wakolda" se haga aún más grande.-

 

María Eugenia Maurello es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA), periodista y productora de TV y radio.-

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