Editoriales · Lunes, 6 de Abril de 2015

Intratables: Cuando la riña supera al debate

Por Sergio Díaz.

El programa de televisión INTRATABLES es una muestra casi de manual de lo que está sucediendo con la política argentina donde, desde hace tiempo, el slogan está reemplazando al discurso. Hoy pasa lo mismo en la forma de abordarla desde los medios de comunicación: los debates están siendo reemplazados por la riña.

El aporte del debate es que permite la confrontación de opiniones lo cual, en muchos casos, ayuda al conocimiento y a las transformaciones de la vida y de la sociedad.

En la riña parece importar algo como lo que muestra Francisco de Goya en su cuadro “Riña en la Venta Nueva”: puñetazos entre siete campesinos; un hombre agarrando dinero que cae al piso producto del zafarrancho; un policía que, pistola en mano, acude a poner orden; colores vivos y pinceladas rápidas. No importa debatir, no importa ese acto de comunicación completo y complejo con argumentos sólidos. Cada vez importa menos exponer y conocer las posturas y bases de las distintas partes. Poco menos parece importarle a los gallos que participan de la riña salir enriquecidos de una experiencia de esta naturaleza.

Lo que cada vez se ve menos en este tipo de programas es una contienda de puntos de vista argumentados sobre un tema polémico. Hay poco intercambio de ideas lo cual hace innecesarios estos respaldos y garantías empíricas de algo parecido a argumentaciones. 

Evidentemente este tipo de formato tiene la capacidad de despojar de valor toda trayectoria y, de esta forma, iguala a periodistas con opinólogos (paradójicamente los panelistas que tienen más para decir son los que más callados permanecen), políticos más o menos preparados, técnicos con más o menos conocimientos, biblias y calefones. Nobleza obliga, el cambalache - que hoy llega a medir 4 puntos de rating o sea unos 250 mil televidentes- no tiene la culpa, sino quien le da de comer. La responsabilidad cae nuevamente en las agencias de publicidad que, con anteojeras, pautan mirando una planilla de audiencia y no el contenido de lo que están haciendo subsistir. Y en los políticos ansiosos de que se les conozcan las caras ya que dan por descontado que las ideas no reditúan.

Lo que queda claro es el no aporte que estos formatos le hacen a la cultura política general. Ninguna conclusión se puede sacar al finalizar cada una de las emisiones. Ningún concepto se puede lograr como aprendido o clarificado luego de haber sido espectador de este formato.

La falta de escucha, razonamiento, pensamiento crítico o estructuración de ideas hace que se pierda esa magia envidiable de quienes logran que con el choque de argumentos aparezca, como por arte de magia y casi naturalmente, la síntesis.

De más está comentar -pues no es noticia para aquellos consumidores de programas con información o debate político- que muchas emisiones están readaptando sus contenidos y, poco a poco, van llevando sus formatos hacia el campo más fértil: el de la riña.

 

Por Sergio Díaz.

    Te puede interesar


    ¿Qué opinás sobre esto?