Cultura Martes, 1 de Mayo de 2018

Por qué el 1º de mayo se conmemora el Día del Trabajador

Por Alejandra Venditti

Sabías que un 1 de mayo …

De cada año se celebra el día del trabajador en conmemoración de una lucha obrera que tuvo lugar en la ciudad de Chicago, Estados Unidos. Un grupo de trabajadores se manifestaban de manera pacífica reivindicando una jornada laboral de ocho horas cuando fue atacada por la policía provocando centenares de presos e incluso muertos. A esta protesta se la conoce también como el Incidente o masacre de Haymarket. En medio de la manifestación una persona ajena al reclamo lanzó una bomba dirigida a la policía para que la demanda finalizara en forma violenta. Años más tarde y luego de un juicio en el que ocho obreros fueron condenados –cinco a muerte y tres con reclusión perpetua – se los conoció como los mártires de Haymarket. Este suceso dio origen al día del Trabajador para la gran mayoría de los países.

¿Cómo se originó el reclamo? Chicago era la segunda ciudad en importancia en Estados Unidos durante el siglo XIX. A consecuencia de la revolución industrial grandes olas migratorias del campo se comenzaron a instalar en la ciudad promoviendo los asentamientos marginales con miles de trabajadores desocupados.
Ya existía una ley que prohibía jornadas laborales de dieciocho horas, la misma había sido promulgada durante la presidencia de Andrew Johnson y varios estados habían adherieron a ella pero en la práctica nunca se cumplió. La lucha ahora significaba efectivizar las ocho horas para permitir ocho de sueño y otras ocho en la casa con la familia. Fue así que la organización obrera conocida como Federación Americana del Trabajo reunida en su cuarto congreso celebrado en 1884, resolvió que la jornada pasaría a ser de ocho horas a partir del 1 de mayo de 1886. Frente a la grave crisis laboral reinante la clase obrera consideró que esta reducción sería una salida válida contra la desocupación. Mientras tanto Chicago seguía presentando las peores condiciones de trabajo motivo por el cual se convocó a una huelga para el 1 de mayo de 1886 que continuó al día siguiente. La adhesión fue casi total, a excepción de la fábrica McCormikc. Fue frente a sus puertas se llevó a cabo un violento enfrentamiento entre trabajadores huelguistas y los llamados esquiroles (trabajadores que recibían una remuneración para romper con la huelga). La policía para dispersar el encuentro comenzó a disparar causando la muerte de seis personas y decenas de heridos.  Antes de retirarse los huelguistas propusieron un nuevo encuentro al día siguiente en la plaza de Haymarket. En este nuevo día ya pasadas las 21:30 horas la policía pretendió dispersar a los manifestantes y fue cuando se detonó un artefacto explosivo que produjo la muerte de un policía. A consecuencia de este hecho se declaró el estado de sitio, se allanaron diferentes lugares, se secuestraron armas, municiones y apresaron a representantes sindicales y obreros. Se llevó a cabo un juicio con muchas irregularidades y apelaciones hasta llegar a la Corte Suprema. Años después el proceso fue considerado una farsa, aunque ya era tarde. Los supuestos responsables fueron condenados por hechos de los cuales no pudo demostrarse la autoría intelectual o material. Los hallaron culpables de la muerte del policía Degan y se los condenó a prisión a Samuel Fielden (pastor metodista inglés, condenado a la pena capital pero presentó un pedido de clemencia que le fue otorgado), Oscar Neebe (estadounidense de 36 años) y Michael Schwab (alemán de 33 años, presentó también pedido de clemencia que también fuera otorgado) y la muerte de George Engel (tipógrafo alemán de 50 años), Adolf Fischer (periodista alemán de 30 años), Albert Parsons (periodista estadounidense de 39 que si bien no estuvo presente en el lugar de los hechos, se entregó para estar con sus compañeros siendo juzgado con la misma pena), August Vincent Theodore Spies (periodista alemán de 31 años acusado de haber arrojado la bomba), Louis Lingg (carpintero alemán de 22 años que se suicidó antes de la sentencia). La condena se cumplió el 11 de noviembre de 1887.

Extracto de Relato sobre la ejecución por José Martí, corresponsal en Chicago del periódico La Nación, Buenos Aires, 1 de enero de 1888
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…Cree el obrero tener derecho a cierta seguridad para lo porvenir, a cierta holgura y limpieza para su casa, a alimentar sin ansiedad los hijos que engendra, a una parte más equitativa en los productos del trabajo de que es factor indispensable, alguna hora de sol en que ayudar a su mujer a sembrar un rosal en el patio de la casa, a algún rincón para vivir que no sea un tugurio fétido donde, como en las ciudades de Nueva York, no se puede entrar sin bascas. Y cada vez que en alguna forma esto pedían en Chicago los obreros, combinábanse los capitalistas, castigábanlos negándoles el trabajo que para ellos es la carne, el fuego y la luz; echábanles encima la policía, ganas siempre de cebar sus porras en cabezas de gente mal vestida; mataba la policía a veces a algún osado que le resistía con piedras, o a algún niño; reducíanlos al fin por hambre a volver a su trabajo, con el alma torva, con la miseria enconada, con el decoro ofendido, rumiando venganza…El juez los sentencia… Tienen frio y hambre, viven en casas hediondas. ¡América es, pues, lo mismo que Europa! No comprenden que ellos son mera rueda del engrane social, y hay que cambiar, para que ellas cambien, todo el engranaje... Salen de sus celdas al pasadizo angosto: ¿Bien?-“¡Bien!“; Se dan la mano, sonríen, crecen. “¡vamos!” El médico les había dado estimulantes: a Spies y a Fischer les trajeron vestidos nuevos; Engel no quiere quitarse sus pantuflas de estambre. Les leen la sentencia a cada uno en su celda; les sujetan las manos por la espalda con esposas plateadas: les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero: les echan por sobre la cabeza, como la túnica de los catecúmenos cristianos, una mortaja blanca: ¡abajo la concurrencia sentada en hileras de sillas delante del cadalso como en un teatro! Ya vienen por el pasadizo de las celdas, a cuyo remate se levanta la horca; delante va el alcaide, lívido... Spies va a paso grave, desgarradores los ojos azules, hacia atrás el cabello bien peinado, blanco como su misma mortaja, magnífica la frente: Fischer le sigue, robusto y poderoso, enseñándose por el cuello la sangre pujante, realzados por el sudario los fornidos miembros. Engel anda detrás a la manera de quien va a una casa amiga, sacudiéndose el sayón incómodo con los talones. Parsons, como si tuviese miedo a no morir, fiero, determinado, cierra la procesión a paso vivo. Acaba el corredor, y ponen el pie en la trampa: las cuerdas colgantes, las cabezas erizadas, las cuatro mortajas… Y resuena la voz de Spies, mientras están cubriendo las cabezas de sus compañeros, con un acento que a los que lo oyen la entra en las carnes: “‘La voz que vais a sofocar será más poderosa en lo futuro, que cuantas palabras pudiera yo decir ahora.” Fischer dice…“¡Este es el momento más feliz de mi vida!” y “¡Hurra por la anarquía!” dice Engel…

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A fines del mes de Mayo de 1886 la patronal de este país decide reconocer como derecho consagrado a los obreros las ocho horas de trabajo diarias por las que tanto habían luchado.
En la actualidad muchos países rememoran esta fecha y la consideran iniciadora del movimiento obrero, en tanto que aquellos países de colonización británica como Estados Unidos o Canadá lo celebran el primer lunes del mes de septiembre.

Gracias a estos luchadores que, aunque murieron de manera injusta, sirvieron a una causa luego reconocida en el mundo y a quienes les rendimos nuestro homenaje.

Alejandra Venditti

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