Cultura Ambiente Domingo, 6 de Marzo de 2016

"No cortar las conexiones naturales" es el desafío de un artista que retrata la biodiversidad

"Yungas", la nueva obra de Gonzalo Álvarez, es una celebración a la franja selvática que une varios países latinoamericanos a través de los Andes. Y es, al mismo tiempo, un llamado a la defensa de este sitio con una variedad de especies animales y vegetales incomparable, amenazado por intereses económicos.

Es de los paisajes más asombrosos que ofrece la naturaleza y se extiende sobre la Cordillera de los Andes desde Venezuela hasta el norte argentino, en una estrecha franja de densa vegetación selvática. Solían llamarle "yunka" los incas lugareños y a su llegada los españoles adoptaron "yunga", pero para nombrar a los habitantes del norte del Perú y el idioma que ellos hablaban. "Valle cálido" es el significado embrionario de esta palabra de origen quechua.

Milenarias y misteriosas, las yungas albergan una biodiversidad única, sólo comparables con la infinidad de especies vegetales y animales que encontramos en la Selva Misionera. Por esta razón, son reconocidas internacionalmente por la UNESCO como una de las reservas mundiales de biosfera.

En su más reciente obra, el artista Gonzalo Álvarez, autor del Proyecto BIO, retrata la inmensidad de la selva que en Argentina solemos conocer como Selva Tucumano Oranense o Bosques Nublados. Al igual que en la pintura, en la yunga brota vida desde todas partes, animada por un clima de continua humedad, generado por su cercanía a las nubes y la conservación del agua en la densa vegetación.

Además de una expresión de admiración hacia el equilibrio natural que reina en las yungas, la pintura de Álvarez también es un llamado de alerta, o más bien de humildad, que invita a revalorizar estos "pulmones" naturales, hoy en día amenazados por el desenfrenado desmonte para la extracción de madera y la instalación de campos de cultivo.

"El desafío es no cortar las conexiones naturales que forma esa estrecha franja que une a la selva de una forma longitudinal a lo largo de varios países latinoamericanos, que sirve como corredor para el camino de especies animales y por otro lado, para absorber el agua de las lluvias e irlas dosificando a los cursos de agua”, expresa el artista en relación a su obra titulada "Yungas".

Hace algunos años ya, Greenpeace advirtió que, de continuar los desmontes a un ritmo acelerado, "en 5 años" era posible que el ambiente se extinga por completo en el norte argentino. Y también enumeraba las distintas especies amenzadas por la intervención humana, entres ellas el roble, el palo blanco y amarillo, el lapacho, el cedro, el tapir, el yaguareté y el pájaro zorzal.

La conservación del ambiente es un tema que de a poco comienza a posicionarse en la agenda del país, quizás gracias al aporte de la encíclica del papa argentino Laudato Si o tal vez porque empezamos a entender lo apremiante del asunto. Hace tiempo, Álvarez asume este desafío de "llevar un mensaje" con sus obras y utilizar el arte como "medio de inclusión y de valoración, que convoca a romper la barrera del no compromiso, a volver al origen, a la unidad, al equilibrio, a la utopía", expresa el artista.

Y cuenta que cuando te animas a descubrir las yungas entras a un lugar de "tierra negra y arcillosa que de repente se oscurece y se hace de noche, por las hojas perennes de los árboles". Estar en esta selva transmite "frescura" y "da coraje", algo similar a lo que adquieren las plantas cuando brotan unas sobre otras "para ganar derechos". 

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