Espectáculos Música Jueves, 24 de Noviembre de 2011

A 20 años de la partida del inolvidable Freddie Mercury

El 24 de noviembre de 1991 las redacciones de los medios de prensa se paralizaron, al recibir un comunicado que decía: “El cantante y líder del grupo de rock Queen, Freddie Mercury, falleció hace instantes, víctima de sida”. Repasemos su historia.

Jueves, 24 de Noviembre de 2011

En su vasta trayectoria, Freddie Mercury –cuyo verdadero nombre era Farrokh Bulsara- se destacó no sólo como cantante, sino también como compositor, pianista, y showman. A nadie escapa que tenía una voz única, por lo que no sólo se dedicó al rock: incursionó en la ópera, y llegó a grabar un disco con la soprano española Montserrat Caballé.

Mercury, nacido en la isla africana de Zanzíbar el 5 de septiembre de 1946, estudió como pupilo en un colegio inglés instalado en la ciudad india de Panchagani. Fue allí donde comenzó su temprana afición por la música, gracias a un profesor que todos los sábados llevaba a algunos de sus alumnos a su casa para tomar el té y escuchar discos de ópera y clásica.

A los 20 años se instaló en Londres y comenzó a estudiar en la Escuela de Arte Ealing, donde trabó amistad con el bajista Tim Stafell, el guitarrista Brian May y el baterista Roger Taylor. Los cuatro amigos formaron la banda Smile, que Mercury abandonó tempranamente. Al poco tiempo fue Stafell quien dejó el grupo, y Freddie fue convocado por sus antiguos compañeros para volver a tocar con ellos. En 1971 se les unió el bajista John Deacon, y Queen estaba completo.

La banda no tardó en desarrollar un estilo particular, único, por lo que muchos críticos no se ponían de acuerdo sobre el estilo musical al que se dedicaban. Lo cierto es que el éxito fue casi inmediato.

Si se habla de las condiciones de Mercury como compositor, basta con mencionar su obra maestra, “Bohemian Rhapsody”, que entró en la historia por ser el primer tema de más de cinco minutos de duración en ser difundido por las radios. La canción formó parte del disco “A night at the Opera”, título tomado de una película de los hermanos Marx. A ese álbum pertenece también otro himno de Freddie, “Love of my life”, para el cual May debió aprender a tocar el arpa.

En el siguiente disco, “A day at the races” –otra alusión a los hermanos Marx-, el cantante se le animó al góspel, y compuso “Somebody to love”, que no tiene nada que envidiarles a los coros religiosos, con la diferencia de que éstos utilizan entre 15 y 20 cantantes, mientras que en esa canción sólo aparecen las voces de Mercury, May y Taylor, en numerosas sobregrabaciones.

Tampoco puede dejar de mencionarse el tema “We are the champions”, que apareció en el disco “News of the world”. Esa canción pronto sería adoptada como una especie de himno por la comunidad gay a nivel mundial.

Otro estilo abordado por Mercury fue el rockabilly, con su clásica “Crazy this thing called love”, compuesta para el álbum “The game”. Después de un par de fracaso comerciales, Queen volvió al ruedo con el disco “The Works”, cuyos mayores éxitos, curiosamente, no fueron canciones compuestas por el cantante. Algo parecido ocurrió con el siguiente álbum “”A kind of magic”, que incluyó temas utilizados para la banda de sonido de la película “Highlander”.

 Para esa época Mercury recibió una noticia que temía: era portador del virus HIV. A partir de ese momento, publicaron dos discos más. Primero salió a la luz “The miracle”, en 1989, y dos años después fue editado “Innuendo”. En éste último, es llamativa una canción, “The show must go on”, en la que Mercury canta algunas palabras simbólicas como “pronto doblaré la esquina”, “puedo volar, mis amigos” y “mi maquillaje puede estar cayendo, pero mi sonrisa permanece”. La última frase parece graficar lo que, tras su muerte, contarían sus compañeros. Mercury estaba muy debilitado a causa de la enfermedad, pero los días en los que se sentía un poco mejor, los llamaba para citarlos en el estudio y componer y dejar grabado todo el material que pudiera.

En la primera versión de “Innuendo” no apareció una canción, “These are the days of our lives”, por pedido del propio Mercury. El artista quiso que ese tema se difundiera después de su fallecimiento, y que la parte que le correspondiera a él sobre el dinero recaudado fuera donada a una fundación de investigación del sida. El último videoclip que llegó a grabar fue el de esta canción, y fue filmado en blanco y negro, para atenuar de alguna manera los estragos que esa terrible enfermedad le había provocado.

El 24 de noviembre de 1991 Freddie Mercury partió pero, afortunadamente, dejó un legado musical invalorable que trasciende a las distintas generaciones.

 

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