Opinión Por Pedro Calvo Lunes, 14 de Noviembre de 2016

Tiempos de la tormenta “Trump”

El autor compara al ganador de las elecciones en EEUU con "un río que rompe todas las represas", y propone empezar a analizar y discutir los tiempos por venir desde nuestro lugar en la aldea mundial, como argentinos y latinoamericanos, antes que la historia nos golpee.

Pedro Calvo ve el triunfo de Trump como el comienzo de una nueva era

Lunes, 14 de Noviembre de 2016

Toda historia tiene un inicio, aunque a veces es confuso y sujeto a distintas interpretaciones cuándo y dónde es el comienzo. Ronald Reagan y Margaret Tatcher transitaron las mismas coordenadas a fines de los años ‘70 y comienzos de la década ‘80. Ambos compartieron una visión del mundo. Similares valores e ideales guiaron sus sueños y  principales actos de gobierno. Sus ondas expansivas, la plena vigencia de los principios neoliberales, se hicieron sentir durante décadas en todo el mundo.

Hoy el triunfo de Donald Trump, junto con el Brexit y Theresa May en Gran Bretaña, son hitos del comienzo de una nueva era. Hechos históricos que fueron negados o no supieron, no quisieron o no pudieron ver los núcleos dirigentes de cada una de las principales naciones. Incorrectas lecturas de la profunda crisis política, económica y social que atrapa, anestesia y corroe los cimientos democráticos. Complicidad con un statu quo que día a día agobiaba a amplios sectores sociales. Falta de lucidez y coraje para desentrañar, denunciar y enfrentar las causas de la pobreza y estancamiento social. Incapacidad para comprender el pasado, asumir el presente y proyectar un futuro esperanzador.

Bernie Sanders, en un histórico discurso en el Senado que duró 8 horas el 10 de diciembre de 2010, denunció que en dos años 15 personas incrementaron su fortuna en 170 millardos de dólares, mientras alcanzaba la pobreza a casi el 45 % de la población en EEUU.

Desde nuestro lugar en la aldea mundial, como argentinos y latinoamericanos, hay que empezar a analizar y discutir los tiempos por venir antes que la historia nos golpee. Desde el martes a la noche muchas amigas y amigos, casi todos de origen y formación en el peronismo, me plantearon: "la diferencia entre Trump y Hillary es sobre el día y la hora que van a bombardear medio oriente". Mi primera respuesta era que debíamos pensar como género humano, preocuparnos por la causa de la humanidad. Claro que cualquier candidato presidenciable de EEUU tiene como misión defender sus intereses. Ser líder del imperio significa hacer prevalecer su voz y su poder en el ámbito internacional. Sostener que Nixon, Reagan y Busch son iguales a Carter, Clinton u Obama es una mirada superficial y destructiva. Cuanta equivocación en quienes vinieron sosteniendo que las ideologías murieron, que todo se reduce a un problema de gestión.

No es igual que quien conduce la primera potencia política, económica y militar del mundo fomente el diálogo y la cooperación en la comunidad internacional o que sea un presidente que busque la confrontación e incentive la carrera armamentista. Las armas se producen para ser vendidas y posteriormente usadas. Ya significó el triunfo de Trump un aumento en la bolsa de las acciones vinculadas a la industria armamentista. Hacen oír los tambores de guerra.

No es igual que desde la Casa Blanca se busque mejorar los mercados y potenciar el comercio internacional o se proclame una "guerra comercial" en defensa de su producción amenazando a otras naciones y economías. Esto último significa retrotraer un siglo las agujas de la historia.

No es igual que desde el cargo con mayor poder en el mundo se trabaje por el respeto al prójimo, la no discriminación y el multiculturalismo, impulsando los derechos de las minorías o tener un discurso y una conducta, tanto privada como pública, basados en la xenofobia, el racismo y la intolerancia, defendiendo el uso de la tortura y proclamando impedir el ingreso al territorio de minorías religiosas. Resultado de esta prédica son las antinomias y la violencia, prevaleciendo el uso de la fuerza como comportamiento social.

No es igual ejerciendo la más alta magistratura de un país ser abanderada y luchar por los derechos de la mujeres o ser un acosador sexual que ahonda las diferencias de género y promueve la mujer objeto. Retumba en nuestros oídos el grito de ni una menos.

No es igual para nosotros latinoamericanos tener una relación con quien desde el gobierno de EEUU busca el diálogo y proyecta acuerdos, aun haciendo sentir con dureza su poder, o tener una relación que se inicia prometiendo perseguir millones de latinos en su territorio con una política migratoria restrictiva. Sólo hay un camino y dos opciones: construís puentes o levantás muros.  

Quienes creemos y trabajamos por construir una sociedad abierta, moderna e igualitaria tenemos un compromiso que no se agota en una elección. Aunque debemos reconocer que, desde el martes 8 de noviembre, fortalecer el compromiso va a requerir denunciar y enfrentar a los que vienen a arrasar con todo. Dieciséis años atrás esos maravillosos Simpsons nos anunciaron que Trump sería presidente. Parecía un chiste, una humorada o un absurdo. Hollywood proyecta su cultura a lo largo del mundo y continuará produciendo y llegando a millones de personas bajo el gobierno de Trump. Personalmente prefiero disfruta a Wody Allen, De Niro o Meryl Steep y no ver actuar a Jhon Wayne, un pésimo actor Reagan o Rambo.  

Asistiremos a una reconfiguración del orden mundial. Importantes analistas políticos y comunicadores sociales ven un Trump consustanciado con los principios “marxistas”. O sea, siguiendo a Groucho Marx asumiendo el travestismo político. Lo imaginan moderando su discurso y acción política. Ven al sistema de pesos y contrapesos, clave en el sistema institucional de EEUU, de equilibrios de poder como los definió el filósofo político Charles-Louis de Secondat –barón de Montesquieu-. Prefieren negar o empequeñecer el mandato y legitimidad que le dieron las urnas al presidente electo. Mandato que procesará y ejercerá conjuntamente con los sectores más reaccionarios del partido Republicano. Crece la influencia del ultra conservador vicepresidente Mike Pence, de los miembros del tea party y los halcones vinculados al establishment económico y al complejo industrial- militar.

Otras voces hablan de un plan “b”, un juicio político, y hay quienes apuestan al surgimiento en el gobierno de Trump de un nuevo Armand-Jean du Plessis –cardenal de Richelieu- que mueva las palancas del poder en un marco de racionalidad y previsibilidad. Mientras, miles de jóvenes salen a las calles a manifestar su rechazo al presidente electo y se potencian los casos de violencia a minorías raciales, religiosas y étnicas. Actúa Trump como un río que rompe todas las represas. Es una época de cambios, son los tiempos de la tormenta Trump.
 
Por Pedro Calvo
Ex Diputado Nacional

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