Opinión Emilio Cornaglia Martes, 19 de Julio de 2016

¿Educación Publica o Privada? ¿Un debate que regresa?

Hace algunas semanas, una nota del diario Clarín titulada "Privadas vs. Publicas: las universidades pagas casi duplican la tasa de graduación de sus alumnos" (1) dio lugar a un interesante debate acerca de la conveniencia o no de continuar con un sistema universitario publico y gratuito -como el nuestro-, o virar hacia un modelo privado de educación superior. Esta discusión no es novedosa, tampoco es inocente ni trivial. El debate en torno al carácter publico o privado de la Educación, junto a su concepción como un Derecho o privilegio, lleva décadas en el mundo entero y en Argentina en particular.
 
Dicha publicación intenta presentar los argumentos de manera que la conclusión de los lectores sea contundente: si la "tasa de graduación" en las Universidades Publicas es tan baja, entonces ¿para que "gastar" en ellas?. El porta estandarte de este planteo es el CEA (2), conducido por Alieto Guadagni, quien afirma en la nota citada: "en el período 2009-2013 se graduó solo uno de cada cuatro alumnos que habían ingresado en el período 2003-2007: la tasa de eficacia de las universidades públicas es de apenas el 25,5%. En las privadas, en cambio, el porcentaje de graduación es casi el doble: 42,9%". Como todo dato estadístico, es susceptible de múltiples interpretaciones. Las de Guadagni, por supuesto, siguen coherentemente su linea ideológica, planteando a la Educación como un bien de mercado. Marcelo Rabosi secunda el planteo privatista, trayendo a colación argumentos de diversa índole como la "conflictividad" de la Universidad Publica, la influencia del factor económico o las marcadas diferencias organizacionales entre el modelo publico y privado de Universidad.
 
La Educación es un Derecho
 
En el otro extremo de la discusión, con claridad meridiana y total contundencia, Monica Marquina sostiene que la educación universitaria debe concebirse “como un derecho, y no como un privilegio y un cálculo de costo-beneficio”. Teniendo en cuenta que la Educación es un Derecho Humano que fue consagrado por la Declaración Universal de Derechos Humanos -entre otros instrumentos internacionales- e incorporado con jerarquía constitucional en la Reforma del ‘94, no debemos quitar peso al argumento por la brevedad del planteo. Al respecto, la Conferencia Regional de Educación Superior de 2008, realizada en Cartagena de Indias, estableció que “La Educación Superior es un bien público social, un derecho humano y universal y un deber del Estado”. Marquina también introduce cuestiones interesantes respecto a la tasa de graduación, al plantear que “la universidad puede colaborar en hacer más fluida la brecha que hay entre la secundaria y el nivel superior, y trabajar con ayuda del Estado en acciones como tutorías, enseñanza por medio de resolución de problemas o nuevas tecnologías”. 
 
Un viejo debate que resurge
 
Decimos que esta nota no plantea nada nuevo, ya que la discusión sobre el carácter publico o privado de la Educación Superior en la Argentina tiene varios capítulos. En la Reforma Universitaria de 1918 los jóvenes exigían -ademas de autonomía, libertad de cátedra, cogobierno y extensión, entre otros principios- condiciones que permitan un amplio acceso de la población a la Universidad, en especial para los trabajadores o sectores con menor poder adquisitivo. Luego, los recurrentes golpes de Estado atacarían fuertemente la Universidad Pública, con medidas que fueron desde intervenciones totales -que implicaban la anulacion de sus formas de Gobierno-, hasta la persecucion, detencion, tortura y/o desaparicion sistematizada de sus miembros, principalmente estudiantes, docentes e investigadores. 
 
La recuperacion democratica de 1983 no solo restablecio la plena vigencia de la autonomia politica, cientifica y academica para nuestras Universidades, sino que tambien definió el ingreso libre, irrestricto y gratuito a sus aulas. La caída del muro de Berlín y la frase de Tatcher "there is no alternative" dieron pie al auge del neoliberalismo, que llegó a Argentina de la mano del Gobierno peronista de Carlos Menem. El achicamiento del Estado se llevó adelante en diversas áreas, privatizando los servicios públicos (gas, luz, teléfonos, correo, etc) y ajustando el presupuesto del Estado para Salud y Educación. 
 
Fue entonces, con la vigencia cultural de conceptos "importados" de Estados Unidos y consejos del Banco Mundial, que empezó a operarse el desmantelamiento del sistema educativo argentino a través de dos instrumentos: la Ley Federal de Educación y la Ley de Educación Superior. La primera, implementada "exitosamente", permitió al Estado Nacional desprenderse de la responsabilidad de sostener la Educación obligatoria, transfiriendo este rol en manos de las Provincias, quienes debieron hacerse cargo de sostener íntegramente las escuelas primarias y los colegios secundarios. La segunda, encontró una fuerte resistencia en la comunidad universitaria, primero a través del rechazo por parte del movimiento estudiantil -encarnado en la FUA y las distintas Federaciones regionales y Centros de Estudiantes-, y luego en la sociedad en general. A pesar de ello, la LES fue sancionada conteniendo normas que implicaron un avasallamiento a los principios de la Reforma Universitaria y una amenaza al cumplimiento de la obligación por parte del Estado de garantizar nuestro derecho a Educación Pública y Gratuita. 
 
Veinte años después, la misma matriz 
 
Tras dos décadas de haberse implementado el modelo educativo neoliberal (3), y a pesar de las pretendidas reformas estructurales aprobadas en el Congreso para ambas leyes, una de ellas -allá por el 2006- con la llamada "Ley Filmus" y la otra, más reciente, que podríamos llamar la "reforma Puigross", la matriz esencial de aquel proyecto se mantiene vigente. La escuela y la universidad públicas en la Argentina están atravesadas por una profunda crisis, y el avance vertiginoso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, junto a otras problemáticas, hacen evidente la distancia abismal que separa a "docentes del siglo XIX" frente a "alumnos del siglo XXI". 
 
Estadísticas recientes revelan niveles de deserción y abandono alarmantes en todo el sistema, y la profunda pauperización de la docencia -postergada salarialmente, sin formación de excelencia y sin estímulos ni un entorno favorable- hace que sea difícil hacer realidad muchas aspiraciones de deseo puestas por Ley. La Universidad recibe alumnos provenientes de un secundario en problemas, mientras vive su propia crisis por el vertiginoso cambio cultural en el que estamos inmersos y otros múltiples factores en combinación. Sin embargo, ello no puede significar la justificación de teorías que ignoran los múltiples aportes que la Universidad Pública hace a la humanidad entera, so pretexto de "hacer más eficiente" la distribución y asignación de recursos al sistema educativo. 
 
Entonces: ¿para qué gastamos en Universidad Pública? 
 
El argumento central que sostienen Guadagni & Cía no sólo osa poner en cuestionamiento nuestro Derecho la Educacion, sino que además deja bastantes factores fuera de la ecuación, que son esenciales en el paradigma reformista de Universidad. La pretendida "tasa de graduación", al sólo tener en cuenta los años de ingreso y egreso de las cohortes y la cantidad de graduados en cada periodo ideal de carrera, es un argumento bastante falaz, o por lo menos incompleto. 
 
Las funciones esenciales de la Universidad Pública son la Enseñanza, la Extensión y la Investigación, por lo que a la experiencia de cursar estudios superiores en una Facultad -en toda su extensión, compleja y riquísima-, debemos agregar que la Universidad dedica su tiempo a involucrarse proactivamente con la realidad de su tiempo, a través de actividades de Extension, programas culturales y espacios artísticos, medios periodísticos y editoriales, y todo tipo de iniciativas que implican un valioso aporte a la sociedad de la cual forma parte. 
 
El otro componente, es importantísimo ya que la investigación nos permite, como una política estratégica a largo plazo, desarrollar avances cientifico-tecnológicos que nos ponen a la vanguardia continental y, en algunos casos, mundial. En efecto, tres científicos argentinos fueron premiados con el Nobel por sus contribuciones a la humanidad: en 1947 Bernardo Houssay con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina. Luego, Federico Leloir en 1970 con el de Quimica. El tercero fue César Milstein, quien obtuvo el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1984, fruto de su trabajo en el desarrollo de anticuerpos monoclonales (4). 
 
No es casual que los tres hayan sido formados en la Universidad Pública y me permito mencionar algunas anécdotas que pueden mostrar esa "esencia": Bernardo Houssay, maestro inigualable e investigador ejemplar, fundó el Instituto de Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y lo dirigió hasta 1943, año en el que fue dejado cesante por sus declaraciones en contra del nazismo. Pese a la persecución de la que fue objeto y al obstinamiento del peronismo en su contra, continuó sus investigaciones en el Instituto de Biología y Medicina Experimental, en el que generaciones enteras de jóvenes conquistaron importantes avances científicos. 
 
Luis Leloir fue uno de sus discípulos, y fue justamente él quien puso en valor la importancia de la política educativa para un Gobierno: “la Argentina tuvo una brevísima edad de oro en las artes, la ciencia y la cultura, fue de 1963 a 1966” (5) aludiendo a la Presidencia de Arturo Illia, quien destino un 23% del Presupuesto para la Educacion, entre otras medidas de gran trascendencia. Otro de los discípulos de Houssay fue César Milstein, quien dijo: "Cuando aún era un estudiante y me encontraba por realizar mi tesis, varios me mencionaron que viera a Leloir para hacer la tesis. Él vivía en un laboratorio de la calle Costa Rica, un sucucho. Dentro de la casa que tenía un zaguán, había un tipo con guardapolvo gris, flaco, típico gallego. Este es el gallego del Instituto pensé, y le dije: "Che ¿dónde está Leloir?" Me miró y me dijo ‘Soy yo‘. Se me cayeron los pantalones" (4). Con esa humildad, Milstein realizó importantes descubrimientos sobre los anticuerpos monoclonales, que le valieron el Nobel en el año 1984. Siguiendo sus convicciones, no patentó su descubrimiento, pues pensaba que era propiedad intelectual de la humanidad. 
 
Educacion, Ciencia y Tecnología en Argentina: un presente con mucho futuro
 
Pero no sólo vivimos de glorias pasadas y nostalgia sesentista. Nuestro planteo en favor de la educación pública recoge también grandes testimonios de la actualidad, que aportan argumentos de peso para complejizar el debate sobre el carácter de nuestra Universidad: desde Gabriela González, quien pudo comprobar una teoría sobre ondas gravitacionales que había sido teorizada hace 100 años por el mismísimo Einstein, hasta Gabriel Rabinovich, reconocido mundialmente por sus aportes para el diseño de nuevas estrategias terapéuticas y sus investigaciones contra el Cancer, encontramos elementos concretos que refuerzan  la necesidad de no sucumbir ante planteos simplistas que solo aplican la lógica costo-beneficio y omiten considerar la importancia de otro tipo de aporte: humanista y universal, como nuestro Derecho a la Educación.
 
Por Emilio Cornaglia
 
Secretario General de Franja Morada
 
Referencias:
 
 
 
(3) - 20 años de la LES - http://m.youtube.com/watch?v=O01-iJgwjYA
 
 
 

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