Cultura Literatura Viernes, 1 de Julio de 2016

Miles de libros recorren las casas de todo el país, impulsados por un juego de Facebook

El grupo se llama "Milhojas" y propone un juego similar a las cadenas de favores, donde cada participante envía un libro y recibe varios a cambio. En tiempos digitales, el papel mantiene cautivos a miles de argentinos que intercambian libros y experiencias. Claudia Rosciani, fundadora del grupo de Facebook, contó a DiarioInédito el alcance inimaginado que tuvo su iniciativa.

El grupo

Viernes, 1 de Julio de 2016

Hay quienes acusan a las nuevas tecnologías de aislar a sus usuarios, mientras que otros tantos celebran las relaciones humanas que emergen por fuera del mundo analógico. Lo cierto es que ahí están, irrumpiendo, transformando el modo de relacionarnos, expresarnos y pensarnos.

Entre los miles de grupos que cada día se crean en la red social más usada en el mundo, el 13 de octubre de 2015 apareció "Milhojas", un grupo que no tiene nada que ver con la gastronomía y mucho con la literatura y el intercambio.

Hasta ese entonces, Claudia Karina Rosciani participaba de "El árbol de los libros", otro grupo de la misma red social destinado al intercambio de textos entre niños. Pero ese martes del año pasado, decidió armar una propuesta similar de juego para adultos, recordando experiencias de intercambio de postales y estampillas de los años ´80.

Rosciani, escritora y psicoanalista, invitó a participar de la iniciativa a sus contactos de Facebook y así plantó las raíces de un árbol que ya cuenta con cerca de 2500 ramas e incontables brotes.

"Nunca imaginé, en el inicio, que el crecimiento de Milhojas sería tan explosivo. Antes de finalizar el año ya contábamos con miles de miembros jugando desde todos los rincones del país", contó a DiarioInédito la fundadora del grupo.

"Milhojas" se propone compartir lecturas y alimentar con títulos inesperados las bibliotecas de cada integrante. El participante que ingresa al juego debe completar un formulario, aguardar a ser brote y entonces enviar un libro por correo. Tiempo después, recibirá en su casa cuatro libros, por un efecto de multiplicación similar al bancario pero mucho menos riesgoso.

"De todas formas, lo que comienza a suceder es que el motivo inicial se va ampliando, y a esa propuesta se suman el intercambio de opiniones literarias en el grupo, recomendación y crítica de autores y libros, y la trascendencia de lo virtual: encuentros en centros culturales o en el cine", explicó Rosciani.

Ejemplo de esta fusión entre lo terrenal y lo virtual es que días atrás, en la ciudad de Santa Fe, los milhojeros se reunieron en una sala exclusiva para compartir el estreno de la película "Yo antes de ti", basada en la exitosa novela de Jojo Moyes.

De esta manera, la impulsora del grupo que tiene por arriba de 55 mil miembros, entiende que "la lectura, que suele ser una experiencia más bien solitaria, pasa a tomar dimensión de enlace, de encuentro con otros y los efectos que eso produce en cada uno son maravillosos".

Si bien las redes sociales fueron tierra fértil para el crecimiento del juego, existe un grupo de personas detrás de escena que dedican varias horas de sus días a cuidar el despliegue del follaje. Ellos se encargan de "sustentar el grupo, resolver situaciones y cuidar lo que va sucediendo en esta expansión virtual que muchas veces desconoce cuestiones que hacen básicamente a lo humano, como el reconocimiento del otro, la manera de tratarnos, la paciencia necesaria para sostener la participación o el compromiso mientras se espera la llegada de los libros", señala la escritora santafesina.

Ellos son los verdaderos protagonistas. La llegada de los libros, elegidos y enviados a través del correo -que ya reconoce a los participantes del "juego de Facebook" (así lo llaman)-, cierra el circuito y concreta una espera sostenida en algunos casos durante meses.

"El libro de papel muestra nuevamente su condición de objeto valioso", sostiene Rosciani, y devela así el verdadero eje que sostiene el grupo cada vez más amplio de lectores, nacido al calor de la web 2.0.

Rosario Orguilia.

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