Opinión Miercoles, 7 de Octubre de 2015

La economía que nos espera

Por Miguel Ponce

Miercoles, 7 de Octubre de 2015

Solucionar en Argentina situaciones económicas críticas es muy difícil.

Es un país donde la contraposición de ideas que sustentan sus ciudadanos no tiene la virtud de converger hacia un equilibrio estable.

El siglo XX ha sido prueba de grandes fracasos y pasajeros éxitos. Lo cierto es que  los períodos de auge no son aprovechados y los de crítica escasez no son aceptados.

El país, salvo contadas excepciones, nunca se puso de acuerdo en cómo producir y como distribuir lo producido. Esto contamina toda la política económica, principalmente la de largo plazo.

Si no se tienen ideas claras y proyectos, seguiremos siendo un país en "punto muerto" y no habrá futuro.

Concentraremos el análisis en la política fiscal como eje del futuro ordenamiento de la Argentina.

El déficit fiscal será del orden del 10% al final del 2015 y la concentración de recursos en el gobierno central superará el 75%. Esto demuestra la incapacidad del gobierno para manejar el Estado, y las prácticas políticas que utilizó, reñidas con el equilibrio y la prudencia.

Esta política fiscal, sumada al tratamiento de la deuda externa, ha llevado al país a  tener una de las tres inflaciones más altas del mundo.

Las determinaciones en materia de política externa, tanto de la Cancillería como de Economía, y borrar por completo el concepto de inversión, tanto como la descontrolada creación de empleo público (el único que ha crecido), completaron un cuadro harto difícil. Algunos parecen creer que nombrar empleados públicos es hacer la "revolución cultural".  

Hace cuatro años que el país esté estancado y el relato mentiroso está en el centro de la escena.

El desorden que han provocado y sostenido, alterando las estadísticas, tiene la consecuencia inmediata y grave de la vergonzosa desigualdad social y económica que han provocado en la distribución del ingreso nacional. El sistema tributario, altamente regresivo,  monopolizado por el gobierno central, sumado al retraso cambiario evidente, hizo estragos en las economías regionales y produjo una transferencia de ingresos brutal. Argentina se convirtió en una fábrica de pobres a destajo.

Lo grave es que manejaron los fondos públicos en contra del interés general.
La falta de inversión pública y privada,  y la dilapidación de los recursos recorre todo el Estado y le costará al país sudor y lágrimas para que pueda recuperarse: la liquidación de  la infraestructura básica, la pobreza, la pelea con el resto del mundo, etc., llevará años de trabajo recuperar.

La descapitalización del país obliga a todos los sectores a converger en que no hay soluciones mágicas,
 
La CGT, los empresarios, los "silenciosos" y sobre todo los políticos deben tener conciencia que hay que ordenar y equilibrar la economía. Para ello hay que reasignar gastos, penalizar y premiar conductas, y, sobre todo, planificar el futuro. Las soluciones no caen del cielo.

Ordenar significa tomar un conjunto de medidas que abarquen a todo el Estado para que las políticas públicas, dentro de un Plan de Acción  de gobierno, cumplan objetivos deseados y acordados.

El déficit presupuestario debe ser liquidado resguardando a los ciudadanos más débiles: los niños y los ancianos.

Es necesario revisar a fondo los gastos públicos, los impuestos y el financiamiento del Estado.

El gasto, hay que encaminarlo hacia los objetivos deseados, asumiendo sus costos reales para prestar servicios de calidad. 

El sistema impositivo debe ser replanteado totalmente logrando uno que sea más progresivo, y anulando o reduciendo impuestos para facilitar la producción y el consumo, buscando desterrar la especulación. 

El endeudamiento hay que  ponerlo en caja en el orden  interno y externo. 

El Estado deberá financiarse sólo con  los impuestos, y buscar financiamiento internacional a largo plazo, sólo para grandes obras de infraestructura necesarias, que permitan reducir costos e incorporen competitividad a la producción nacional.

Se deberá cortar el financiamiento del Banco Central, los bancos y las cajas especiales del Estado.

La consigna es crear confianza, y para ello es sagrado el cumplimiento de los compromisos. 

HAY QUE  VOLVER AL MUNDO Y SALIR DEL LIMBO EN EL QUE NOS HA METIDO ESTE GOBIERNO.

Debemos hacer que la política monetaria tenga su efecto y haya crédito para emprendimientos y viviendas. Trabajar una nueva política social que elimine prácticas clientelares.

Atacar la inflación a fondo, equilibrando el sistema económico. Los sacrificios deben repartirse según su posición en la sociedad: la CGT tiene que acompañar el ordenamiento, como así también los demás sectores sociales. 

La inversión de Estado tiene que hacerse presente y poner en caja a los vividores seriales de su operatoria. Así el tipo de cambio dejará de arrastrar a la economía y logrará su nivel de equilibrio cuando todo se vaya encaminando. En el mientras tanto, ser duros y rigurosos con las chicanas y mañas de los aprovechadores de siempre. 

Decía un pensador francés que la política no hacía a los hombres felices, pero era la herramienta para aproximarse a la felicidad.

 

Por Miguel I. Ponce

DIRECTOR del CENTRO DE ESTUDIOS PARA EL COMERCIO EXTERIOR DEL SIGLO XXI

Ex Subsecretario de Industria y Comercio

Economista de la Fundación Ricardo Rojas

Referente radical en Comercio Exterior

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