Opinión Miercoles, 1 de Julio de 2015

Homenaje a Leandro Alem

Por Unión Cívica Radical – Comité de la Provincia de Buenos Aires

Miercoles, 1 de Julio de 2015

La vida nunca fue fácil para Alem. Hijo de un almacenero federal rosista, fusilado, colgado en una horca y exhibido al pueblo tras la derrota de Rosas, Leandro conoció la humillación y pobreza absoluta junto a su familia. Pero no impidió ello que, gracias al gran esfuerzo de su madre, Leandro Alem, luego rebautizado Leandro N. Alem, pudiera realizar los estudios secundarios e ir a la Universidad.

Nacido el 11 de marzo de 1842, desde muy joven se comprometió con causas que represaban los interese de los más humildes, invisibilizados por la sociedad de entonces. Busco encontrarse en lo que consideraba los movimientos políticos que consideraba más justos y así con 17 años participó en los ejércitos urquicistas en Cepeda y Pavón y más tarde se uniría al ejército nacional para ser parte de la Guerra del Paraguay donde fue herido en Curupaytí. En ese lugar se destacó por dirigir y alentar, por propia decisión, a las tropas conformadas por grupos de hombres de condición humilde. Será nombrado luego secretario de la delegación argentina en Asunción del Paraguay y más tarde en la de Río de Janeiro (como agregado cultural) por un corto tiempo.

Su paso por el ejército fue su primera manera de acercarse a su pasión en la vida que fue la actividad política, como instrumento de cambio de una sociedad tan conservadora. De esa manera junto a su sobrino, Hipólito Yrigoyen, diez años menor que él se incorporaron a  las filas del autonomismo alsinista, la fuerza más representativa de los intereses populares de entonces.

A los 27 años, finalmente recibido de abogado, logró ser incluido en las listas de diputados nacionales del autonomismo. Fracasó en dos oportunidades, pero alcanzó a ingresar a la legislatura provincial en 1872. En sus discursos no cejaba en llamar a la defensa del sufragio universal y aumentaba su desconfianza sobre que ese sistema pudiera cambiarse desde adentro.

La figura de Alem no dejaba de crecer en la consideración de todos los sectores sociales porteños, por su oratoria y el ímpetu con que defendía las causas que creía justas. Dado ese carácter se enemista con Alsina cuando este acuerda con Mirtre bajar su candidatura a presidente, y forma el Partido Republicano con Aristóbulo del Valle, con el que es electo diputado nacional.

Marcando una característica de las fuerzas políticas que formó, a diferencia del resto de los partidos políticos de la época, el Partido Republicano estaba organizado mediante órganos de decisión y asambleas populares que dictaminaban los principios, acuerdos y programas del partido.

Desde el Congreso  Alem se opuso fuertemente a la federalización de Buenos Aires y al fraude imperante en la época, aunque lo veía como una cuestión intrínseca al régimen. Por el primer motivo mantuvo un famoso debate parlamentario con José Hernández.

Luego de que se concretara la federalización y de que Roca comenzara licuar lo poco que quedaba del Partido Autonomista, Alem desilusionado, porque comprende la imposibilidad de cambiar el sistema político imperante decide renunciar a su banca el 11 de diciembre de 1880 y abandonar la política.

Pero su ausencia sólo dura unos años, alentado por el entusiasmo con que un importante grupo de jóvenes se autocombocan para levantar las banderas que fueron suyas por tantos años, decide volver a la actividad que lo definía como persona. En una de esas asambleas decidieron convocar a un gran mitin para provocar el despertamiento de la vida cívica nacional. Esa reunión  sucedería el 1 de septiembre de 1889 en el Jardín Florida de la Ciudad de Buenos Aires donde se constituirá la Unión Cívica de la Juventud. A este encuentro acudieron más de 3000 personas, entre ellas las principales personalidades de la oposición, como  el propio Alem que hace uso de la palabra, en lo que fue el discurso más festejado.

El joven partido tuvo una estrecha relación con personajes como Alem y del Valle  en vistas a buscar un frente de unidad para combatir al gobierno y al sistema roquista. Al poco tiempo sancionó un programa político que recordaba al del viejo Partido Republicano fundado por ellos en 1877 y se organizó en clubes cívicos parroquiales.

El 13 de abril de 1890 en un masivo acto en el Frontón Buenos Aires los opositores adultos y la juventud se unificaron en un nuevo partido llamado Unión Cívica del cual Alem fue nombrado presidente.

Su discurso ese día fue otra vez el más elocuente y el que más entusiasmo generó, comenzó diciendo:

Una vibración profunda conmueve todas mis fibras patrióticas al contemplar la resurrección del espíritu cívico en la heroica ciudad de Buenos Aires.
Sí, señores; una felicitación al pueblo de las nobles tradiciones, que ha cumplido en hora tan infausta sus sagrados deberes. No es solamente el ejercicio de un derecho, no es solamente el cumplimiento de un deber cívico; es algo más, es la imperiosa exigencia de nuestra dignidad ultrajada, de nuestra personalidad abatida; es algo más todavía, señores: es el grito de ultratumba, es; la voz alzada de nuestros beneméritos mayores que nos piden cuenta del sagrado testamento cuyo cumplimiento nos encomendaron.

La vida política de un pueblo marca la condición en que se encuentra; marca su nivel moral, marca el temple y la energía de su carácter. El pueblo donde no hay vida política, es un pueblo corrompido y en decadencia, o es víctima de una brutal opresión. La vida política forma esas grandes agrupaciones, que llámeseles como ésta, populares, o llámeseles partidos políticos, son las que desenvuelven la personalidad del ciudadano, le dan conciencia de su derecho y el sentimiento de la solidaridad en los destinos comunes”

Y culminó:”Tenemos que afrontar la lucha con fe, con decisión. Era una vergüenza, un oprobio lo que pasaba entre nosotros; todas nuestras glorias estaban eclipsadas; nuestras nobles tradiciones, olvidadas; nuestro culto, bastardeado; nuestro templo empezaba a desplomarse, y ya parecía que íbamos resignados a inclinar la cerviz al yugo infame y ruinoso; apenas si algunos nos sonrojábamos de tanto oprobio. Hoy ya todo cambia; éste es un augurio de que vamos a reconquistar nuestras libertades, y vamos a ser dignos hijos de los que fundaron las Provincias Unidas del Río de la Plata.”

Estaba convencido más que nunca que el régimen “falaz y descreído” no tenía remedio, por lo que no creía en la legitimidad de los comicios que se desarrollaban entonces y por ello mismo no consideraba que la Unión Cívica debiera tener fines electorales. Por ello mismo, encabezó en julio de 1890 la Revolución del Parque, junto con el ahora aliado Bartolomé Mitre.

La revolución contó con un gran apoyo popular e inclusive de grupos militares que si no hubiese sido por traiciones de sectores  mitristas como el General Campos, pudiera haber triunfado y cambiado la historia política y social de Argentina.

El sábado 26 de julio a las 4 de la mañana Alem, al mando de un regimiento cívico armado, tomó el estratégico Parque de Artillería de la Ciudad de Buenos Aires, actual Plaza Lavalle ubicado a 900 metros de la casa de gobierno, frente a las obras recién iniciadas del Teatro Colón.

Por su parte las tropas leales comenzaron a agruparse desde muy temprano también, debido a que varios funcionarios del gobierno se enteraron a primera hora de la sublevación. La Casa Rosada quedó básicamente indefensa, custodiada por algunos policías.

Una vez concentradas las tropas revolucionarias en el Parque de Artillería, el general Manuel J. Campos cambió el plan establecido la noche anterior, y en lugar de atacar las posiciones del gobierno y tomar la Casa Rosada, dio la orden de permanecer en el interior del Parque. Esto iba a significar el fracaso militar de la revolución

Se luchó hasta el 29 de julio cuando fue firmado el cese de fuego. Sin embargo los cantones se negaron a desarmarse y continuaron luchando, algunos de ellos incluso hasta el día siguiente. Esa tarde se produjo la última muerte de la revolución: la del teniente Manuel Urizar, agregado al Parque de Artillería.

Si bien la revolución no logró su cometido original, que era deponer al Partido Autonomista Nacional, proclamar a Alem como presidente provisional y llamar a elecciones, si fue un gran triunfo político para la Unión Cívica, ya que el presidente Miguel Juárez Celman se vio obligado a renunciar y en su lugar asumió el vicepresidente Carlos Pellegrini.

Además dio el puntapié inicial del declive del poder político del PAN, un proceso que de aquí en adelanta irá creciendo cada vez más. Finalmente, la Revolución del Parque consolidó políticamente a la Unión Cívica, que aumentó su influencia y representación popular.

Poco después Mitre iba a acordar con Roca una fórmula presidencial para las elecciones de 1892 que el mismo encabezaría. Al enterarse del acuerdo, Alem se opone y le dice a Mitre una frase que quedará en la historia: ..”Yo no acepto el acuerdo, soy radical en contra del acuerdo, soy radical intransigente”.

Este pacto realizado por Mitre lleva a la división de la Unión Cívica el 26 de junio de 1981, momento en que Alem funda la Unión Cívica Radical.

Aun con la desconfianza que el sistema político imperante le generaba la UCR participa de las elecciones de 1892, donde se produce uno del  los fraudes más escandalosos conocidos hasta ese momento.

Luego de comprobar la inutilidad de acudir a elecciones bajo las reglas del régimen, la UCR toma la decisión de organizar un nuevo levantamiento armado. Alem comenzará a hacer hincapié en la intransigencia radical hasta constituirla en un principio de su acción política.

Así en el año 1893, se producen dos levantamientos, aunque ya con diferencias con Hipólito Yrigoyen sobre la metodología y objeto de esos levantamientos, el sigue adelante.

El 24 de septiembre llegó a Rosario escondido en un buque de carga. La población lo recibió como un héroe y fue proclamado Presidente de la Nación en una gran asamblea popular.

De esta forma, Alem era el  Presidente Revolucionario de Santa Fe, Tucumán y Corrientes, provincias donde había triunfado la revolución.

Inmediatamente se forma un gran ejército popular formado por 6.000 hombres, aunque escaso de armas. En el puerto de Rosario, el buque ARA Los Andes, al mando del teniente de fragata Gerardo Valotta, se plegó a la revolución. Lo mismo hizo la torpedera Murature en el Tigre, que fue destruida por las tropas leales al gobierno.

El 25 de septiembre, cae el gobierno revolucionario de Tucumán luego de que fuese derrotado por un poderoso ejército al mando de Carlos Pellegrini. El 26 cae, luego de dos días de cruentas luchas, el gobierno revolucionario de la ciudad de Santa Fe, que prácticamente controlaba toda la provincia.

Una vez vencida la revolución en todo el país, Roca se pone al mando de las tropas oficiales que se concentran sobre la ciudad de Rosario para acabar con Alem. El buque Los Andes intercepta la escuadrilla oficial ubicada en el río Paraná, hundiendo el acorazado Independencia y la cañonera Espora.

La situación de Alem se volvió desesperante, ya que estaba rodeado y Roca amenazaba con bombardear la ciudad si los revolucionarios no se rendían. Haciendo honor a su intransigencia, inicialmente decide resistir a toda costa, pero las mujeres y las comisiones de vecinos le piden que salve a la ciudad, tras lo cual decide no combatir y permitir que las tropas del gobierno recuperen Rosario.

El 1 de octubre es capturado y encerrado con cientos de revolucionarios. Antes de entregar la ciudad les dijo a los revolucionarios:” Acá nadie se ha rendido, ni  nada se ha perdido, cada uno a su casa guardando bien la armas”. Permanecería preso por seis meses.

Con la UCR convertida en un partido de fuerte oposición al régimen, en defensa de los principios cívicos, Alem accedió nuevamente a la cámara de Diputados y con él un importante grupo de legisladores radicales. Sin embargo los fracasos revolucionarios, los conflictos internos y  las diferencias cada vez más grandes con su sobrino Hipólito, llevaron a un cansado, enfermo y deprimido Alem a tomar una trágica decisión.

En la fría y lluviosa mañana del 1 de julio de 1896 se reunió en su casa con amigos a los que había convocado de carácter urgente para hablar de temas políticos. En un momento dado interrumpió el dialogo para ingresar a buscar algo a su dormitorio, para salir al poco rato vestido con su sombrero y su tradicional poncho de vicuña en el cuello.

Prometió volver en pocos minutos, y se subió a su carruaje rumbo hacia el club El Progreso. Durante el trayecto, el defensor de los desposeídos, se disparó un tiro en la sien que el cochero confundió con la detonación de cohetes que se quemaban celebrando la fiesta de San Juan y San Pedro.

En su cuerpo se encontró una nota que decía “Perdónenme el mal rato, pero he querido que mi cadáver caiga en manos amigas y no en manos extrañas, en la calle o en cualquiera otra parte”

Por otra parte, en su dormitorio se encontró un sobre bajo el rótulo “Para publicar”, era su testamento político:

He terminado mi carrera, he concluido mi misión. Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. ¡Sí, que se rompa, pero que no se doble!

He luchado de una manera indecible en los últimos tiempos; pero mis fuerzas, tal vez gastadas ya, han sido incapaces para detener la montaña… ¡y la montaña me aplastó!

He dado todo lo que podía dar; todo lo que humanamente se puede exigir de un hombre, y al fin mis fuerzas se han agotado… y para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. Entrego decorosa y dignamente todo lo que me queda: mi última sangre, el resto de mi vida. Los sentimientos que me han impulsado, las ideas que han alumbrado mi alma, los móviles, las causas y los propósitos de mi acción y de mi lucha en general, en mi vida, son, creo, perfectamente conocidos. Si me engaño a este respecto, será una desgracia que yo ya no podré ni sentir ni remediar…

Ahí están mi labor y mi acción desde largos años, desde muy joven, desde muy niño, luchando siempre de abajo. No es el orgullo el que me dicta estas palabras, ni es debilidad en estos momentos lo que me hace tomar esta resolución. Es un convencimiento profundo que se ha apoderado de mi alma en el sentido que lo enuncio en los primeros párrafos, después de haberlo pensado, meditado y reflexionado en un solemne recogimiento.

Entrego, pues, mi labor y mi memoria al juicio del pueblo, por cuya noble causa he luchado constantemente.

En estos momentos el partido popular se prepara para entrar nuevamente en acción en bien de la patria. Esta es mi idea, éste es mi sentimiento, ésta es mi convicción arraigada, sin ofender a nadie. Yo mismo he dado el primer impulso, y, sin embargo, no puedo continuar. Mis dolencias son gravísimas, necesariamente mortales. ¡Adelante los que quedan! ¡Ah, cuánto bien ha podido hacer este partido, si no hubiesen promediado ciertas causas y ciertos factores!

¡No importa! Todavía puede hacer mucho. Pertenece principalmente a las nuevas generaciones. Ellas le dieron origen y ellas sabrán consumar la obra: ¡deben consumarla!

 

 

 

Leandro no lo vio, pero su testamento se siguió al pie de la letra y la Unión Cívica Radical de la mano de Yrigoyen, en pocos años se convertiría en el movimiento político que representaría los sueños y las esperanzas de las grandes mayoría nacionales.

El impulso dado  desde la revolución del 90, continuaría creciendo y desde los primeros años del siglo XX su partido sería la gran fuerza política nacional. A fuerza de revoluciones y abstención en las elecciones finalmente se lograría  arrancar al régimen la ley Sáenz Peña y con ella el radicalismo llega al gobierno en 1916 para comenzar a vivir una nueva etapa en la historia del país.

 

Por Unión Cívica Radical - Comité de la Provincia de Buenos Aires

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