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Opinión | Martes, 28 de Marzo de 2017· Por Pedro Calvo

La violencia de los 70

NO PODEMOS ANALIZAR LOS ’70 SIN MIRAR LOS ’60 Y ‘80

Ha surgido en las últimas semanas un debate sobre los hechos de violencia de los años ’70. Creemos, no puede quedar encerrado el debate entre quienes hicieron o reivindicaron el uso de la violencia como metodología política en esos años.

Nos enseñó el maestro Norberto Bobbio “somos también lo que elegimos recordar”.  La década del ’70 dejó su huella, en la Argentina y el mundo, de enfrentamientos y luchas fratricidas. Importantes sectores sociales no pueden eludir su responsabilidad histórica ante la barbarie del siglo XX. Quienes ante una débil tradición democrática y racionalista le opusieron un discurso y una práctica del mal absoluto. Tiempos de protagonistas que pretendieron reducir la política a la lógica de la confrontación y la guerra. No podemos analizar los ’70 sin mirar los ’60 y ’80. Fenómeno mundial fue la rebelión juvenil de los años ’60 en Occidente. Tiempos vividos como una apasionada protesta. Mientras, en Argentina un nuevo golpe militar en 1966 bloqueaba todos los canales de participación popular. Como respuesta sectores juveniles de origen peronista y marxista buscan acelerar la historia. Como dos fotos de la tragedia que se avecinaba, por un lado los dirigentes sindicales acompañaban al dictador Onganía en la jura como presidente de la Nación. La moneda de cambio fue el manejo de las obras sociales por los sindicatos. Por el otro en Latinoamérica el foquismo guerrillero, impulsado por el Che Guevara, llevaba a la aventura y al infantilismo demencial a miles de jóvenes. Error y horror político basado en el idealismo y en supuestas buenas intenciones. Condujeron a la muerte a toda una generación.Ambos sectores descreían de la Democracia. Eran alentados desde distintos y contrapuestos sectores políticos y sociales. Sectores de la iglesia pertenecientes al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo alentando la solidaridad social de los jóvenes terminaronn incentivando su compromiso con la lucha armada. Simultáneamente sectores de la jerarquía eclesiástica vinculados con las fuerzas armadas, como monseñor Bonamín y Tortolo, pedían “un baño de sangre”. Perón desde el exilio alentaba las formaciones especiales juveniles.

Recuperada la democracia en 1973, el abrazo Perón-Balbín marcaba un sendero que dejaba atrás 30 años de antinomias entre los argentinos. Por primera vez en décadas se buscaban los consensos y los acuerdos para definir y poner en marcha un proyecto nacional.  Pero, nuevamente los demonios generados en la década del ’60 hicieron su irrupción. Explotó en Ezeiza en el momento del histórico regreso de Perón a la Argentina. Volvió la violencia a decir presente. Nunca se supo ni quienes, ni cuántos murieron. Los sectores juveniles desafiaron el liderazgo de Perón. Arrojan el cadáver de Rucci a pocas horas de las elecciones que consagraron la fórmula Perón-Perón. Inmediatamente los sectores de derecha del justicialismo se organizan para dar una respuesta militar. Surge la Triple A organizada por el secretario privado de Perón y principal asesor de Isabel Perón: José López Rega. Distintos autores como Marcelo Larraquy, Miguel Bonasso, Hugo Gambini destacan en sus libros la responsabilidad del general Perón en la búsqueda de una respuesta. No pudo o no quiso olvidar sus raíces militares. Hipólito Solari Yrigoyen, senador radical, fue la primera víctima de la Triple A. Cometió el pecado de pedir, en un debate en el Congreso de la Nacion, la democracia sindical. Potencia la muerte de Perón el uso de la violencia. El infierno se apodera del día a día de los argentinos.  Cita Enrique Crenzel en su libro “Historia del Nunca Más” que entre 1973-1976 se produjeron 8.509 hechos armados; 1.543 asesinatos por motivos políticos; 900 personas desaparecidas y 5.148 revestían como presos políticos. Estaban dadas las condiciones para la etapa más negra de la historia argentina.

Secuestros, cárceles y campos de concentración, torturas, desapariciones y muertes dejaron su huella en miles de argentinos. El terrorismo de estado mostró su rostro de barbarie y horror, en una cultura del silencio y el no te metas. Mientras, la denuncia y la resistencia a las políticas de la dictadura encontraban su canal en nuevos movimientos de derechos humanos, dirigentes sindicales y estudiantiles. Tenían los dirigentes políticos, junto con el rechazo a la dictadura, que pensar y diseñar la transición democrática. Nace la Multipartidaria, donde los gestos y los mensajes de los dirigentes políticos comienzan a ser escuchados por la sociedad. Desde el exilio, en un gesto olvidado, Cámpora condena los movimientos subversivos y el uso de la violencia para la toma del poder. Así lo reflejan en su libro “La Argentina exiliada” Daniel Parcero, Marcelo Helfgot y Diego Dulce. Posteriormente en mayo de 1983, revista Todo es Historia, Castiñeira de Dios afirma que el ex presidente Cámpora le confesó: “….los Montoneros me utilizaron”.

Después de la aventura y derrota en Malvinas los militares se ven obligados a la retirada del poder. Tratan de condicionar la futura Democracia y dictan una ley de autoamnistía. Dos visiones de cómo encarar la construcción democrática quedan definidas en la campaña electoral. Italo Luder y el partido Justicialista plantean la validez de la norma dictada por los militares, basándose en la irretroactividad de la ley penal. Alfonsín sostuvo la nulidad de la ley. Sus argumentos eran morales y constitucionales. Alfonsín presidente lo hizo: derogó la ley de autoamnistía. Firmó además los siguientes decretos Nº 157 y 158 del 13/12/983 para poner una bisagra a la historia. Impulsando el juzgamiento no sólo de los jerarcas de la dictadura, sino también de los líderes de las organizaciones guerrilleras. López  Rega es extraditado de los Estados Unidos, procesado por asociación ilícita, secuestro y homicidio. Muere en la cárcel mientras cumplía prisión preventiva a la espera de la sentencia en junio de 1989. Constituye la CONADEP, a la cual el peronismo se negó a integrar.  Alfonsín busca consolidar la transición democrática, dejando atrás 50 años de avasallamiento de la Constitución Nacional.

Dos presupuestos son sustento fundacional de la transición democrática:

1)      Condena de la violencia como metodología política

2)      Reafirmación de un Pacto Democrático que expresa su mayor vigencia ante el intento del golpe carapintada en Semana Santa y en el artículo 36 de la reformada Constitución Nacional. Condenando los actos de fuerza contra el orden institucional y el sistema democrático; y a quien incurriere en grave delito doloso contra el estado que conlleve al enriquecimiento.

 

Quienes hoy reivindican el accionar del uso de la violencia en los ’70, defendiendo las organizaciones  guerrilleras, como aquellos que niegan un plan sistemático utilizado por la dictadura en la represión no son sólo voces del pasado. Transitan un camino que lleva, inexorablemente, a cuestionar y romper los dos presupuestos esenciales en la construcción democrática. Argentina exige en estos tiempos más República y más Democracia.

 

Por Pedro Calvo

Ex Diputado Nacional


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La violencia de los 70