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Opinión | Martes, 7 de Marzo de 2017· Por Alvaro de Lamadrid

El asedio desestabilizador del kirchnerismo

Luego de años de ajuricidad, autoritarismo, violencia política y galopante corrupción organizada, el país vive una transición hacia su consolidación republicana. Este tiempo resulta crucial y relevante para el sistema democrático. Las elecciones legislativas de este año van a dirimir buena parte de ese dilema y esa díada en la que se encuentra el país.
 
He sostenido reiteradamente que el problema más acuciante que vive el Gobierno es político. Esa es la razón por la cual no han llegado al país las inversiones que se esperaban y desean concretarse por parte de diferentes grupos económicos, empresas y particulares. Se duda de la gobernabilidad y de la continuidad temporal del cambio iniciado en el país.
 
Por ello, las elecciones concentran todos los grandes interrogantes que hacen al futuro de todos los aspectos específicos del sistema político del país: cultura política, fortaleza del sistema institucional, distribución territorial del poder, la relación de fuerzas, la fortaleza del sistema de partidos, incidencia del accionar de los grupos de presión y de política internacional.
 
El Gobierno debe generar estabilidad política para llevar adelante sus políticas y su plan de crecimiento y desarrollo. Así podrá abandonar la política de remiendo para abocarse a la política de diseño.
 
La ex presidente Cristina Kirchner, el Partido Justicialista, más Diego Bossio y Sergio Massa tienen clara esta situación y pulen su trabajo subterráneo basado en la tentación desestabilizadora. Esta asociación se mantiene y sobrevive en el tiempo. Todos se sirven del mismo interés estrictamente utilitarista.
 
Todos ven al Gobierno, en el fondo, más allá de las colaboraciones impostadas de momento, como un enemigo al que hay que acabar. Todos son funcionales a la venganza. Todos confluyen cegados en la estrategia final, más allá de cómo se mueven en las apariencias.
 
Todos promueven el plan de asedio desestabilizador, al cual se han sumado la CGT y los gremios afines como Baradel (confeso militante kirchnerista).
 
Intentan dar un tiro de advertencia al Gobierno con negligente actitud de hostilidad. Así pues, el paro docente se superpone, no casualmente, con la marcha de la CGT, a la que se han sumado públicamente la ex presidente Cristina Kirchner, La Cámpora y los grupos piqueteros, muy activos siempre y receptivos a la estrategia desestabilizadora.
 
Un gran combo deliberado, con fines de asedio perturbador. Comunes propósitos de búsqueda de caos, desorden y clima de inseguridad para debilitar y erosionar al Gobierno. Se pretende generar un clima electoral propicio para instalar la idea de desgobierno y descontrol, causando a su vez miedo y zozobra en la opinión pública.
 
La ex Presidente y el Partido Justicialista quieren que el pueblo abandone las ilusiones que lo habían conducido a creer en un nuevo país, que mediante la búsqueda y la implementación de sólidas reformas, aún no logradas, sean mojones hacia al futuro.
 
Persiguen el hecho de que el Gobierno centre sus energías en la defensa de su gobernabilidad y renuncie a investigar la corrupción pasada y a llevar adelante reformas medulares, como, por ejemplo, la reforma política, judicial y sindical.
 
Para ello, con jueces y fiscales militantes plantados en la retirada en la Justicia, llevan adelante la estrategia empardadora de la corrupción, con denuncias al Gobierno, en lo que adelante sería la estrategia de "la contramarcha judicial". Todas ideas de Carlos Zannini del manual de la vieja Santa Cruz.
 
Nuestro país debe abandonar los procesos cíclicos de angustias agónicas que las mejores intenciones ciudadanas y políticas no han podido no frenar, sino siquiera discontinuar.
 
La historia reciente nos llena de muestras de nuestra luctuosa realidad asaz reiterativa. Eso se juega en la Argentina. Elevando todos los ciudadanos nuestro nivel ético, dándoles pelea a quienes promueven la virtud del desinterés llegaremos al humanismo.
 
¿Somos capaces de forjar un país que honra y recompensa la virtud, que no desprecia con indolencia la pobreza, que no promueve las facciones y prefiere el bien común al bien particular y se somete a la ley sin excepciones?
 
Un sistema que no tiene, en sí mismo, los medios para tratar sus problemas está condenado o bien a la regresión permanente o a su muerte, nos dice Edgar Morin, uno de los intelectuales franceses más importantes de la actualidad.
 
La Argentina que viene necesita justicia y oportunidades. Afianzaremos el camino en esa dirección o volveremos al pasado que nos deglute y impide nuestro futuro colectivo. Ese es el desafío de los argentinos.
 
Por Alvaro de Lamadrid
Dirigente UCR - CABA

 

 
 

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