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Opinión | Martes, 29 de Enero de 2013· por Gabriel Ziblat

Sin épica y en el peor de los mundos

"Justicia, justicia perseguirás", rezan los textos tradicionales del judaísmo y resuenan más fuertes por estas horas en las que el gobierno nacional anunció un acuerdo con la República Islámica de Irán.

Todo lo que está relacionado al presidente iraní, Mahmud Ahjmadinejad, me cae mal. Será porque soy judío (aunque hay otros que parecen ser más contemplativos), será por mi forma de pensar, o será simplemente por una cuestión de química. Pero alguien que niega sistemáticamente el holocausto, pide la eliminación de Israel y el sionismo, y ampara a grupos terroristas como Hamas o Hezbolla merece mi más firme rechazo. Ahora bien, ¿cómo analizar el entendimiento firmado entre su gobierno y el nuestro despojándome de estos sentimientos? Ahí va un intento.

“Justicia, justicia perseguirás”, rezan los textos tradicionales del judaísmo. Y ese es el principal interés de todos los que levantamos la bandera de la causa AMIA. Justicia y Memoria. Si el acuerdo con Irán permite avanzar en ese sentido, bienvenido sea. La crítica de que la Argentina pierde soberanía al permitir que los interrogatorios se hagan en Teherán debería quedar de lado si la Justicia prospera. Dignificaría al país que ese nefasto capítulo se pueda cerrar con Justicia. Además, si el acuerdo era que se los juzgue en un tercer país, también se podría haber dicho que se perdería soberanía.

Sin embargo, nada indica que el entendimiento con Irán permita llegar a ese final “feliz”. El gobierno iraní viene negando que la Justicia argentina pueda interrogar y juzgar a los principales acusados de ser los autores intelectuales (y financieros) del atentado. La Interpol, conformada por 190 países, aprobó los pedidos de captura luego de analizar las presentaciones que hizo la Argentina. Es decir, la investigación tiene un respaldo internacional de peso. La creación de una Comisión de la Verdad no sólo pone un manto de duda sobre lo realizado por la Justicia argentina sino también sobre el aval que dio este organismo.

Por otro lado, esa Comisión, conformada por supuestos prestigiosos juristas internacionales, va a poder dar recomendaciones, pero no va a tener carácter determinante. Es decir, el gobierno iraní podrá volver a desconocer su resolución, como viene haciendo hasta ahora en todo lo relacionado al caso.

Por último, parecería ser difícil que cuando se sienten en los interrogatorios los acusados acepten sus responsabilidad en los hechos (¿estarán obligados a decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?). Y entonces surge una pregunta crucial: ¿De qué sirve interrogarlos si no hay garantías de después poder juzgarlos?

¿Qué provecho puede sacar la Argentina de esta negociación entonces? A simple vista, ninguna. A lo sumo seguir manteniendo un superávit comercial con Irán, pero parece una cuestión menor si se la compara a la necesidad de obtener justicia. “Jamás permitiremos que la tragedia AMIA sea utilizada como pieza de ajedrez en el tablero de intereses geopolíticos ajenos”, tuiteó Cristina Kirchner. La interpretación es que no se permitirá que lo usen otros, pero que sí la Argentina puede utilizar la tragedia como pieza de ajedrez. Es lo que hace el gobierno al alejarse de lo que pretende Estados Unidos y parte de la Unión Europea, y acercarse a las posiciones más contemplativas con Irán que tienen potencias como China y Rusia (en sintonía con la postura que en América Latina tienen Venezuela y Bolivia).

¿Qué provecho puede sacar Irán de esta negociación entonces? A simple vista, todo ganancias. Se muestra abierto a resolver un problema, a pesar de que hasta ahora no hizo nada al respecto. En tiempos donde parte del mundo occidental lo presiona para que frene sus intentos de proliferación nuclear se muestra negociando con un importante país latinoamericano, que como si fuera poco forma parte del G20. En el medio, gana tiempo para intentar reposicionarse “en el tablero de intereses geopolíticos”. Y, como si fuera poco, la historia podría terminar con que la Comisión de Verdad no concluya lo mismo que la Justicia argentina, por lo cual toda la investigación podría ser puesta en duda.

En conclusión, la épica con la que Cristina intentó presentar el acuerdo podría terminar en el peor de los mundos. No sólo sin justicia, sino que con retrocesos. Y todo esto quitando del análisis que se está negociando con Ahjmadinejad. “Pero este año termina su mandato y no puede volver a ser reelecto”, me podría criticar alguien. Es cierto. Como también lo es que dos de los acusados por el atentado son candidatos a sucederlo.-

 

por Gabriel Ziblat. Licenciado en Ciencia Política por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Actualmente se desempeña como periodista del Diario Perfil y es autor del blog Lapoliticanomuerde.com.ar


Claves de esta noticia: AMIA | Israel | Irán | RREE | Justicia |

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