Opinión por Rodrigo E Andrade Viernes, 18 de Enero de 2013

Arturo Illia y su revolución en democracia

Fue médico ferroviario y cordobés por adopción, se dedicó a la política y la salud con la misma pasión desde muy joven. La UCR lo hizo presidente de la Nación en 1963.

Era un hombre de aspecto imponente y voz clara. Quienes lo acompañaron sostienen que era de decisiones enérgicas, tozudo y a la vez dialoguista.

Fue todo lo que ansió ser en la vida política de una Argentina convulsionada por los quiebres institucionales. Senador provincial del sabattinismo, vicegobernador en 1940. Diputado nacional en el ´48. Fue electo gobernador en las elecciones anuladas de 1962 y el 12 de octubre de 1963 accedió a la máxima responsabilidad que hombre público alguno pueda aspirar en su carrera política, la presidencia de la Nación. También conoció la derrota a fines de los ´50, en las campañas a senador nacional y a gobernador.

Illia fue electo por uno de cada cuatro votantes en una elección donde el peronismo ordenó votar en blanco. La UCR obtuvo el 25,2% de los sufragios y el peronismo en franca caída alcanzó el 21,2%, por debajo del 24,7% de las elecciones del ´57 y del 25,2% del ´60. El peronismo representó en 1963, uno de cada cinco votantes.

De ese modo, la UCR volvió al poder luego de 33 años. Según el politólogo francés Alain Rouquié, Illia recibió un apoyo que iba “desde los conservadores hasta los comunistas, pasando por los neoperonistas”.

Su gobierno no sólo fue austero, también fue una verdadera revolución democrática en la administración de los recursos públicos.

La campaña electoral se basó en dos pilares: el rechazo a las imposiciones del Fondo Monetario Internacional y la denuncia de los contratos petroleros del gobierno de Frondizi y la UCRI.

Una vez en el ejercicio del cargo, sus dos prioridades en la gestión fueron la salud y la educación.

Estableció una política nacional de medicamentos innovadora que impuso precios fijos y límites a las ganancias de los laboratorios. Llevó agua potable a 2 millones de habitantes de las zonas rurales y puso en funcionamiento 300 centro materno-infantiles.

La Argentina registró durante sus tres años de gobierno, una cifra sin precedentes de inversión en educación y cultura de alrededor del 25% del presupuesto nacional. El gobierno de la UCR multiplicó la suma invertida en construcciones escolares por nueve e instaló 1500 comedores para sus alumnos.

El Nobel de Química argentino, Luis Leloir, consultado años más tarde aseguró: “La Argentina tuvo una brevísima edad de oro en las artes, la ciencia y la cultura, fue de 1963 a 1966”.

Su decisión resolvió rechazar el envío de tropas a República Dominicana para apoyar la intervención norteamericana hacia 1965. Illia sostuvo en la relaciones exteriores, los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos, inherentes al yrigoyenismo.

En su mensaje inaugural dijo “No habrá para nosotros países grandes que debamos seguir, ni países chicos a los que debamos dirigir”.

Su gobierno fue el constructor de una fecha histórica en la diplomacia argentina, el 16 de diciembre de 1965, la Asamblea General de la ONU aprobó por 94 votos a favor y ninguno en contra, la obligación de que el Reino Unido iniciara tratativas con nuestro país por el conflicto de Malvinas.

Redujo la deuda externa en una tercera parte y también la tasa de desempleo que se ubicó en el 4,4% en 1965. Argentina, mientras tanto aumentó su PBI 1965 en un 7,8%.

Los números de la macroeconomía, también llegaron a derramarse en la construcción de una sociedad más igualitaria: la participación de los trabajadores en el ingreso bruto, del 36,5% en 1963, Illia elevó al 41,4% la participación de sueldos y jornales.

Su relación con las corporaciones y el poder constituído no fue buena. La Iglesia Católica, las Fuerzas Armadas, los sindicatos de la CGT burocrática y los medios de comunicación (en su mayoría) lo combatieron.

El día posterior a ser derrocado por un golpe con “olor a petróleo” como aseguraron muchos, el presidente de la decencia republicana, volvió a ingresar a la Casa de Gobierno. Lo hizo para efectuar ante el escribano general de gobierno su declaración de bienes personales. Ese fue don Arturo Illia.

En tiempos en los que las declaraciones de bienes de los funcionarios públicos son puestas en discusión, Illia traza un abismo. Había ingresado con trescientos mil pesos en su cuenta bancaria y se iba con su cuenta en cero. Tenía un auto al iniciar su mandato y debió irse en taxi. Mientras que los gastos reservados de sus tres años de gestión fueron devueltos en su totalidad al fisco.

Un 18 de enero caluroso del año en que retornó la democracia definitivamente a la Argentina, Illia se despedió por la puerta grande de la historia. Fue velado en el Congreso de la Nación y a pesar del receso veraniego, una multitud acompañó sus restos día y noche.

En octubre del ´82 había declarado en un reportaje de la Revista Humor: "Lo que hace falta es aplicar la Constitución, nada más. No hay que pensar en magias ni en milagros. El único milagro posible en nuestro país, después de tanto tiempo, es que se cumpla la ley".-

 

por Rodrigo Estévez Andrade. Director.-

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